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08 de Apr de 2020

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Memorias para leerlas

‘Escuché que redacta sus memorias nuestro pasado gobernante. El libro que todos estábamos esperando...'

Memorias para leerlas
Memorias para leerlas

Llegada cierta etapa de la vida, hay recuerdos que deben ser compartidos, el registro de los días junto a amigos, confidentes o adversarios. Recordar, que es contar la propia historia. Escribir las ‘memorias', esas que he leído en lo que llevo de vida. Lo cierto es que hay vidas vividas que me interesaron leer; otras leídas, que no despertaron mayor inquietud. De las primeras memorias obligadas que leí fueron los de ‘San Agustín'; otras, elegidas por mí, como la de Mandela, aquel luchador por la opresión de su pueblo; las de Tito, un testimonio ejemplar por su patria; la de Rómulo Betancourt, figura liberal de talla continental; la de colombianos ilustres como Lleras Camargo y Lleras Restrepo, figuras todas legendarias de su tiempo. Entre las que no mostré curiosidad siquiera en hojearlas, figuran la de los dictadores militares neofascistas latinoamericanos, me refiero a Pinochet, Videla y Trujillo, por mencionar solo algunos.

Nada ansia más un gobernante que sus vidas sean para leerlas. Aunque haya cometido atropellos e incurrido en codicia. Hoy, al seleccionar leer algunas memorias, poco me importa la infancia, adolescencia y las condecoraciones del elegido; me interesa, más bien, conocer su desprecio por el respeto ajeno; importa el relato que nos habla del poder y las formas que se ha ejercido en el país que gobernaron. Que nos cuenten con desenfado los secretos más íntimos de su vida, de los placeres mundanos, de las traiciones ocultas, del dinero, de su excesiva presunción de su vertiginosa gloria.

He leído la vida íntima de Fidel y Raúl Castro, interesantes por cierto, pese a los odios enfermizos que estos hermanos generan. La vida pública del revolucionario Pepe Mujica, uruguayo auténtico y humilde; la de fascinantes personajes enigmáticos como Putin; otros polémicos, como Chávez, aquel caudillo del interior de verbo suelto.

He leído memorias magistrales, la de Balaguer por ejemplo; la trayectoria de líderes legendarios, como Alejandro Magno, cuando cuenta los sueños, las conquistas, sin olvidar las derrotas. Recuerdo haber leído algunas memorables, las de Kissinger; otras crueles, la de ‘Papa Doc'. De todas mantengo un ejemplar, que atesoro con egoísmo extremo.

Escuché que redacta sus memorias nuestro pasado gobernante. El libro que todos estábamos esperando. Buena idea el proyecto de estas memorias. Aplaudo audaz iniciativa. Ojalá que prologue este ensayo algún curtido escritor del país y no sus adláteres, que las convertirían en antología de la cursilería. Sugiero la escriba con honradez histórica y de ser veraz este rumor, que ponga en evidencia su rostro verdadero, así nos permita determinar su aporte a la historia panameña.

No queremos memorias depuradas, deseamos una imagen que lo fije como lo que fue; de lo contrario la historia nacional habrá de juzgarlo con dureza, carente de pensamiento político y objetivos trascendentales.

Medito con detenimiento la inclusión de un ejemplar de estas memorias en el anaquel donde registro la galería de caudillos ya gastados por el tiempo y el silencio. La vida de un autoexiliado solitario difícilmente constituye sustancia de la historia; ojalá, conserve a su lado quien lo acompañe desde su emigración; en su soledad, acompañado, de sus recuerdos, las amarguras del destierro. La desgracia tiene, a pesar de todo, amigos leales e invariables; colaboradores eficaces, secretarios privados incondicionales.

Es posible que los textos que leamos sean producto de la prosa de la realidad dorada que vivieron. Quienes deleitaremos leerlas, queremos la historia tal cual fue, a sangre y cuero; con sus virtudes, defectos y miserias. Recordemos que decir la verdad objetiva de los hechos no arruina la historia, como algunos creen.

Es con ese espíritu con que deben recrearse las ‘memorias' de los hombres representativos de los pueblos, que fueron testigos y protagonistas de su época, de las controversias políticas de su tiempo.

No puedo aventurarme y predecir si pasará la prueba suprema del infortunio, que es la definitiva piedra de toque para evaluar la calidad humana de los verdaderos conductores de Naciones.

Tiene el expresidente mucho que contar; nosotros los lectores mucho que juzgar. Mientras, esperemos con paciencia que sean unas buenas ‘memorias', no solo para su interés y para la corte de aduladores, sino también para el común de nosotros los mortales. Entonces, solo entonces, sabremos cómo la historia lo encasillará, si dentro de la mitificación rápida de sus héroes o la inevitable condenación de sus monstruos.

ABOGADO