12 de Ago de 2022

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    Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

El macho de la faisana

En Capira casi todos le llaman paisana a esta ave de caza chocolate y que anda en parvadas

Desde ‘pela'o' me interesó e intrigó el canto y las algarabías que producen las faisanas (Ortalis cinereiceps (Gray). Tanto en las madrugadas como en los atardeceres de pueblos remotos cercanos a nuestras montañas y dependiendo de las frutitas y gramíneas que las paisanas comen, se escuchan sus cantos con mucha claridad. En Capira casi todos le llaman paisana a esta ave de caza chocolate y que anda en parvadas. Siempre quise ajusticiar a una con mi biombo de horqueta de madroño que decía en el mango: ‘Esmitanhueso'; pero en eso pasó la adolescencia y le doy gracias a DS que no pude matar una sola.

No fue hasta 1979 que descubrí en el libro del Dr. Eustorgio Méndez ‘Las aves de caza de Panamá', que en nuestro istmo existen cuatro clases de faisanas; en la Isla de Las Perlas abundan y las cruzan con los gallos de pelea; en el Darién y Chiriquí y en muchas zonas de vida de las provincias centrales y Panamá también son vistas y apreciadas.

No sabía la pesadilla tan terrible en que se convertía para cualquier gallinero un macho de paisana domesticado. El gallo de la cría pierde la autoridad en el patio, el ‘paisano' le pega a él, a las gallinas y a los pollos. Pese a que no pesa ni dos libras y media, domina a cualquier gallo hasta matarlo, si este no se refugia, porque el paisano pelea en el aire, volando a ras del suelo, picoteando con fiereza. A las gallinas les arranca las plumas del cuello, pero no las mata, a los machos sí.

En una de las comunidades de Piedras Gordas (La Pintada, Coclé), escuché algo que me gustó mucho. Resulta que un criador de gallos de pelea tenía un paisano domesticado que le producía ganancias y lo mantenía suelto. El paisano no se iba, pero sí hacía estragos en los patios ajenos. Por ejemplo: en un diámetro de un kilómetro no dejaba dormir a los gallos con sus gallinas. Como volaba, para él era fácil llegar a los palos de uvero de seis a siete de la noche y bajar a todas las gallinas a picotazos. Esta infame hazaña la repetía una y otra vez, dejando a las gallinas remontadas en los rastrojos cercanos. Hasta que uno de los vecinos consiguió prestado una AK-47 de los tiempos del general de rastrojo que sabemos, provocando que con la espantosa queja del arma sin registro ni permiso, al día siguiente todos los gallos del entorno ‘garraspearan' con propiedad ante cualquier sombra que volara sobre sus gallinas. De lo que quedó del paisano se hizo un guiso con bastante culantro, cebolla y achiote.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.