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23 de Jan de 2021

Juan M. España

Columnistas

Una contradicción inherente

Definitivamente no son —ni forman parte de— esos hombres y mujeres corruptos que mancillan a la ciudadanía con políticas injustas

Los encapuchados del muy difundido video que dicen defender al pueblo y sus intereses, los cuales están pisoteados por los Gobiernos de turno, no parecen caer en cuenta de la enorme contradicción que surge al momento de tener que justificar sus acciones.

Si su bandera es la defensa de los desposeídos y de los marginados, ¿por qué son ellos los primeros en salir afectados por su campaña política y terrorista? ¿No pertenecen el profesor Arturo Adames y los dos estudiantes quemados a la categoría de ‘pueblo'? Definitivamente no son —ni forman parte de— esos hombres y mujeres corruptos que mancillan a la ciudadanía con políticas injustas, los cuales estos vándalos amenazan con la muerte. Parece que no se han percatado de que quienes han salido más afectados por sus acciones son los que pretenden proteger.

Si su objetivo es realmente devolver el poder a las masas trabajadoras, campesinas, obreras y asalariadas, han empezado mal y a los que dicen defender solo les temerán o les reprocharán por sus actos vandálicos, algo que ya está en proceso, empujado por diarios y medios televisivos de corte amarillista.

¿Y es que acaso entienden qué es el poder? El que por cierto pretenden devolver al pueblo. Para empezar el poder no se toma, no es una posesión y por ende no es un elemento físico, se ejerce, como lo señaló el filósofo francés Michel Foucault. Al no ser físico, el poder no está localizado, se trata más bien de una relación entre dos elementos: el dominador y el dominado. Un vínculo que, si llegase a desaparecer, obliga a la misma entidad del poder a extinguirse, básicamente: dejaría de ser.

Si lo que les interesa es ayudar a la patria, deberían enfocarse en encontrar maneras o formas para eliminar toda relación de dominación, para reemplazarla por una relación de equidad y justicia. La violencia desproporcionada, el camino que han elegido, solo podría acabar —en el peor de los casos— en una revolución armada que tumbe a la actual clase dirigente, no obstante, al final lo que ocurrirá es que nuevos dirigentes aparecerán para reemplazar a los antiguos. La relación de dominado y dominador persistirá, con la única diferencia de que los dominadores que ejercen el poder tendrán nuevas caras.

Finalmente, si los individuos detrás de los reprochables actos cometidos el siete de julio son estudiantes del Instituto Nacional, hará falta algo más que cortar cabezas y buscar chivos expiatorios, aunque seguro muchos se contentarán con esto. Lo que ocurrió ese día, así como acontecimientos similares protagonizados por uniformados de otros colegios en el pasado, responden a un problema que los distintos Gobiernos vienen cargando desde hace años.

También debemos reconocer nuestra responsabilidad ciudadana en todo este embrollo, pues son nuestros impuestos los que sostienen a un grupo de personas que no ha reconocido o ni siquiera investigado ¿cuáles son las causas detrás de lo sucedido el siete de julio del 2015? ¿Por qué el Instituto Nacional, que alguna vez fue conocido con el sobrenombre de ‘Nido de Águilas', ha decaído hasta los niveles vistos en nuestros televisores y en las redes sociales? No es un efecto espontáneo ni un hecho solitario, hay razones detrás de todo esto y necesitan ser aclaradas.

FILÓSOFO, PERIODISTA Y MIEMBRO DE ADS.