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21 de Jan de 2020

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Orlando Acosta Patiño

Columnistas

Siria me duele

No puedo pasar por alto el drama humano que está generando la guerra civil en Siria.

Siria me duele
Siria me duele

No puedo pasar por alto el drama humano que está generando la guerra civil en Siria. El tema de los conflictos por esas tierras es viejo y ya he dedicado algunas letras a la destrucción del patrimonio cultural sirio —que además— tiene ribetes universales. Hoy no hablaré de ello ni tampoco de la resistencia de Zenobia, reina del imperio de Palmira entre los años del 267 y 272 d. C., cuando fue llevada —enjaulada— a Roma, luego de haber sido invadidos sus territorios por sus enemigos. Zenobia, olvidada, y la ciudad de Palmira y sus monumentos, han sido destruidos milenios más tarde. La sangre sigue siendo derramada en la Siria de hoy.

Siria me duele. Siria es hoy muerte, destrucción y desolación. Lo que vemos en redes sociales y medios de comunicación es de una brutalidad conmovedora. La fotografía de un niño muerto en las playas de un famoso balneario de Turquía, me saca lágrimas y me sumerge en una tristeza profunda y a la reflexión de estas letras. La cara del conflicto deja entrever un proceso de destrucción y desarticulación social en uno de los lugares de más vieja data en la historia de la civilización.

Lo oficina de refugiados de Naciones Unidas ACNUR informa que ‘más allá de las fronteras inmediatas de la Unión Europea, en los países vecinos de Siria, el número de refugiados continúa creciendo tras las nuevas inscripciones en Turquía y ha llegado a las 4 089 023 personas. Muchas de ellas, agotados hace tiempo sus ahorros, viven ahora en una pobreza extrema'. Esta condición de pobreza ha llevado a la población a sacar a los niños de las escuelas para practicar la mendicidad, por ejemplo. ACNUR ha reforzado las acciones para ampliar la capacidad de albergues al oeste de la ciudad de Atenas y en territorios serbios (Macedonia), para poder acomodar la creciente llegada de refugiados sirios que huyen de la violencia, el hambre y la miseria.

La guerra, la intolerancia y falta de solidaridad es otra vergüenza más como expresión de las contradicciones de la civilización que persiste como inherente a la condición humana. Nos movemos entre el horror y lo sublime; entre la creación hermosa y la fatalidad de la destrucción. Eso somos y en eso estamos.

Notas de prensa hablan de más de 250 000 personas muertas en el conflicto civil en Siria y existe otro número a los 2500 ahogados en el mar Mediterráneo. Los puertos de Trípoli muestran imágenes dantescas de cubiertas de buques donde la humanidad se derrama como detritos sobre la borda. Hungría cierra las estaciones de tren ante la avalancha migratoria del Magreb y sirios. El último episodio que obligó a Hungría a tal medida sucedió durante la Segunda Guerra Mundial. En las carreteras de Austria se encuentran los cadáveres putrefactos en furgones de quienes murieron escapando de la violencia. En contraste, Islandia ha ofrecido espacio para refugiados sirios en 11 000 hogares nórdicos. La mayoría de los países escandinavos se ha mostrado solidaria con el pueblo sirio. La mayoría de los países de Europa se muestra en conflicto sobre ofrecer ayuda solidaria a los sirios que huyen de la muerte.

La sociedad europea se estremece ante temas de migración, tolerancia y solidaridad. ¿Puedes tú ponerte en los zapatos de una madre siria que se lanza al mar en un bote con su hijo en brazos, pensando que el riesgo de vida lo justifica el escapar del horror de la guerra? Tendrás el valor de simplemente de tachar de ‘migrante' al valor de esa mujer. ¿Tendrías tú la bondad infinita de ofrecer una mano y compartir algo de lo que te llevas a la boca para aplacar el hambre de esta gente? Si eres de estos que muestran intolerancia y falta de solidaridad, debes saber que lo que ocurre en tu corazón puede ser peor que lo que pasa en Siria; piénsalo.

Para no ir tan lejos, ¿has pensado lo que está pasando en la frontera de Venezuela y Colombia?, ¿en el Darién? ¿Sabes tú cuál es la posición de la política exterior panameña ante el fenómeno político económico que tiene visos humanitarios —y efecto migratorios— entre las fronteras de países hermanos? ¿Dónde quedó el ideario Bolivariano? ¿Justifica intereses económicos particulares de grupos de poder condicionar la posibilidad de salir de una crisis política mediante una instancia como la OEA? El tema es complejo, pero la complejidad se simplifica en cimentar las decisiones en preceptos éticos y tener presente que todos somos parte de una sola unidad.

Hoy por sirios, mañana por colombianos o venezolanos. Panamá —ciudad— es una amalgama donde hay presencia de población de origen sirio con su diversidad religiosa, extendiendo su herencia cultural universal para mezclarse en este lugar de tambor y tamal. También la arepa y el pan bono llegaron para quedarse. Es obligante el trabajar por el bienestar colectivo, el cual debe privar sobre los intereses de particulares o de algunos pocos. Pensemos en compartir y no en acumular, pensemos en lograr consensos en tiempo de conflictos. Enfoquemos nuestra acción de servicio en ayudar, en vez de qué puedo recibir. Construyamos paz bajo la tolerancia, el respeto y la solidaridad. Piensa hoy en Siria y no permitas que esta historia se repita otra vez, nunca más.

ARQUITECTO