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21 de Jan de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La Patria en perspectiva

Los efectos de la corrupción tienen un sinnúmero de aristas.

La Patria en perspectiva
La Patria en perspectiva

Los efectos de la corrupción tienen un sinnúmero de aristas. Cuando vean a los muchachos desfilar esta semana, por horas y horas, de los colegios oficiales o en las bandas independientes, sepan que no hemos hecho lo justo por asegurar la mejor preparación profesional que el país necesita para continuar su desarrollo. Una educación digna para un muchacho de inicios del nuevo milenio. En las áreas estratégicas y técnicas que el país requiere. En lo humanístico. Eso no lo digo yo, lo señalan a cada rato los que tratan estos temas: expertos y empresarios que requieren del recurso humano preparado.

Indigna los que gritan que hay persecución. Me atrevo a resumir el presente momento de investigaciones de manera sencilla: la ciudadanía quiere saber, y que quede claro, qué fue lo que ocurrió con los dineros del Estado (los dineros de todos) en el último quinquenio. Entiendan eso. El dinero que debería proveer a estos muchachos de mejores centros educativos. Y para entender eso, se deben continuar todas las investigaciones, señalar a los acusados y que paguen sus penas. Y sus cómplices, los que andan gritando persecución, también tienen responsabilidad.

La definición de ‘cómplice ' en el diccionario de la RAE dice: ‘Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas ' y ‘persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos '. En el sistema legal vigente, nadie es culpable hasta que se le compruebe lo contrario; pero, evidencias de corrupción y otros delitos, se han venido descubriendo poco a poco, cada día más detestable y vergonzoso que el anterior.

Si nos preguntamos cómo es que llegamos a este punto, por el momento, no pudiera señalar el instante preciso. La impunidad (RAE: ‘Falta de castigo ') es la madre de todas las faltas. Este país nuestro parece ser el digno ejemplo de las debilidades con que enmarcan a los países subdesarrollados.

En un evento auspiciado por la Institución Brookings y el Centro para el Desarrollo Global en junio de 2007, Ngozi Okonjo-Iweala, ex ministra de Finanzas y Relaciones Internacionales de Nigeria, expuso el tema: Corrupción: mitos y realidades en el contexto de un país en desarrollo ( Corruption: Myths and Realities in a Developing Country Context ).

Ngozi presentó argumentos de significativo valor contextual sobre los problemas de corrupción en las naciones en vías de desarrollo que muy bien nos servirían de referencia en el nuestro. En muchas instancias dijo: ‘El debate sobre la corrupción se centra en la corrupción económica en casos como los de la captación de renta, fraude en los procesos de contrataciones y despilfarro en los presupuestos gubernamentales... '. Laex ministra también sostuvo que: ‘La corrupción política, particularmente relacionada a las finanzas de los partidos y a las finanzas de las campañas políticas, gradualmente se viene constituyendo en un reto de proporciones mayores en los países en vías de desarrollo. (...) Los partidos políticos y el proceso político en las democracias emergentes, invariablemente tienden a caer en corrupción '. Me preocupa, dice Ngozi, ‘que la corrupción política en sus formas más perniciosas se esté apropiando del continente africano, mientras se buscan los mecanismos para emular de los países occidentales, los procesos de control de los financiamientos a las campañas políticas, pero sin la fortaleza en las instituciones fiscalizadoras para su salvaguarda '.

Todos los sistemas políticos experimentan momentos de corrupción y períodos que han significado para ellos algún grado de retos para su supervivencia. Pero a estas alturas, a 112 años de separación de Colombia; a casi 26 años de la Invasión de 1989 y a casi 16 años de la salida del último soldado estadounidense de tierras panameñas, nos debiera dar vergüenza habernos dejado llevar por este camino que nadie, a ciencia cierta, puede predecir cómo va a culminar.

No solo deben pagar sus penas los que corrompen y los corruptos; los cómplices inmediatos deben hacer una reflexión sobre su participación, inacción o silencio. Reflexionar sobre lo que significa un millón de balboas robados versus hospitales en el país que no pueden atender a los necesitados. Esa comparación tan evidente debe llevarlos a la conclusión de que también tienen culpa y deben justamente pagar su deuda con la sociedad.

Feliz Mes de la Patria, espero que podamos celebrar con mejores perspectivas el próximo año.

COMUNICADOR SOCIAL.