25 de Feb de 2020

Alberto Velásquez Morales

Columnistas

Recuerdo de un mártir aguilucho

El 9 de enero de 1964, un evento de historia trágica

El 9 de enero de 1964, un evento de historia trágica, pero que hoy día constituye uno de los acontecimientos que identifica el espíritu de lucha del pueblo panameño. Como periodista fui protagonista de las principales escenas en lo que es hoy la Avenida de los Mártires. Como parte de la cobertura me había trasladado al Cuarto de Urgencias del Hospital Santo Tomás, desde allí reportaba la llegada de los muertos y heridos.

La masacre se informaba. Cumplía una labor profesional que sacudía mis sentimientos. Uno de los momentos más estremecedores fue cuando vi llegar, con una mortal herida que le atravesaba el vientre de uno a otro costado, y con las vísceras afuera, a mi amigo de infancia, Víctor Manuel Iglesias, ‘Totito', aún todavía vivo. Pude despedirme de él antes de que muriera. Pero los acontecimientos se precipitaban y los reportes de prensa los continuaba como Jefe de Redacción del Diario El Día. El periódico respondía a los intereses del Partido Republicano, conservador, dirigido por los Del Valle, Marcel Penso, Neneito Pino y otros políticos, quienes responsabilizaban la línea del periódico a Fabián Velarde. Para los dueños del medio, los acontecimientos no estaban claros. En la cobertura tuvimos contradicciones. Políticos sujetos a los mandatos y caprichos del gobierno norteamericano, comenzaron a desvirtuar las informaciones, aduciendo que todo era producto de las tendencias comunistas del momento.

Así como lo había hecho Totito, único institutor hasta ese momento muerto, los panameños estábamos solidariamente unidos en esta lucha desigual. En horas de la madrugada el vocero del Partido Republicano desmanteló nuestra primera plana e impuso un titular acusando a los comunistas de ser causantes de los acontecimientos. Pero los hechos eran contundentes. Se trataba de una protesta estudiantil por el incumplimiento de un pacto. Tuvieron que hacer los cambios y publicar una primera plana más realista.

Totito fue todo un personaje desde niño. En Calle F del barrio de Santa Ana pasaba semanas ausente. No sabíamos adonde se iba. Tenía una especial personalidad, casi era adulto desde muy pequeño. Se aparecía de pronto e inmediatamente intentaba asumir un liderazgo natural, pero que yo se lo disputaba. En calle F me codeaba con los hermanos Boris, Eduardo (muerto en Cerro Tute) y Fredy Blanco, y también Rica, Toto, mi hermano Millo y los hermanos Alemán como Alex, Millo, Beto y otros más. Totito llegaba a veces con un sencillo en los bolsillos del cual todos disfrutábamos. También lideraba nuestras correrías por las calle 14, 15 y 16, el Parque de Santa Ana, Salsipuedes y otros lugares escenarios de travesuras, que hoy día, solo quedan en el recuerdo como juego de niños.

En una ocasión, sin recordar por qué, nos enfrentamos a puño limpio. Nos dimos duro. Totito tenía una cabeza grande y dura. Esto me produjo hinchazón en los nudillos. Se me hincharon. Mi mamá, Emilia, tuvo que llevarme a San Cayetano, en un callejón que unía las calles 16 con calle 17, en la parte de atrás del Oratorio Festivo. Un señor, que era ciego, no era la primera vez que me sobaba las manos para aliviar los golpes y magulladuras.

Con el tiempo, Totito y yo nos convertimos en grandes amigos. Prácticamente no lo veía y sabía muy poco de él. Pero a pesar de la distancia y el tiempo nos sentíamos como buenos y entrañables amigos. Cuando se dieron los acontecimientos el 9 de enero, al final de la tarde, Guillermo Rodolfo Valdés, director, en vista de que se daban noticias de varios heridos por las balas del ejército norteamericano me sugirió cobertura desde el Cuarto de Urgencias del Santo Tomás.

Desde el puesto de la policía vi llegar y reportaba al periódico. El cuerpo se me sacudió, a pesar de estar curtido por mi carrera de periodista, cuando vi llegar a Totito, con una seria herida en el vientre, con los órganos casi desbordándose a la vista. Se revolcaba por el dolor y a duras penas logré decirle ‘Aguanta Totito, tú eres valiente'. Balbuceó. No pudo contestarme. Minutos después moría. Sus restos reposan en el Jardín de Paz.

De fuertes convicciones nacionalistas que siempre demostró, había abandonado el busito que manejaba para unirse a los miles de panameños que esa noche defendían la patria, ofreciendo su pecho desnudo, con arrojo y valentía.

Esa noche Fabián Velarde tuvo que romper la primera plana del diario El Día. El nuevo titular reconocía el sentimiento patriótico y el coraje de los hoy mártires como mi amigo Víctor Manuel Iglesias.

PERIODISTA Y ASESOR DE IMAGEN