La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Paulino Romero C.

Columnistas

¡La educación en la hora presente!

En diversas ocasiones, hoy como en el pasado, hemos planteado responsablemente la necesidad de un ‘Consejo Nacional de Educación'

En diversas ocasiones, hoy como en el pasado, hemos planteado responsablemente la necesidad de un ‘Consejo Nacional de Educación', como entidad superior asesora del Estado en materia de educación. En administraciones anteriores se dieron los primeros pasos en ese sentido, y hasta se llegó a crear, nombrar a los miembros del Consejo e instalarlo oficialmente. Más todavía: se presentó un documento contentivo del informe oficial sobre las funciones y recomendaciones que se formulaban al Meduca, para la debida atención y consideración por parte del Gobierno nacional. Lamentablemente, allí terminó todo. Se ha continuado con la práctica de la ‘improvisación' en el Ministerio de Educación.

¡Hoy nos ocupa el importante tema otra vez! El mundo vive un proceso intenso de globalización e interdependencia. Panamá ha intentado integrarse activamente a ese mundo global, no solo en el orden económico, sino también en el intercambio de ideas y valores. Por supuesto, que eso genera un cambio profundo en la cultura, influye en nuestra identidad y en la memoria colectiva. Los procesos de modernización que nuestro país ha experimentado en las últimas décadas, si bien transfieren funciones sociales entre privados, estimulan al mismo tiempo el sentimiento de individualidad en perjuicio de los lazos comunitarios, sin los cuales la cooperación social es muy difícil.

El delicado balance entre la esfera privada y la esfera pública de la vida —una de cuyas manifestaciones es el rol que cabe en la vida común al Estado y a sus instituciones— ha arriesgado el desequilibrio. En fin, las expectativas de justicia que están en la base de la convivencia, y que se expresan en la demanda de oportunidades iguales para todos, con prescindencia de la cuna en que cada uno vino al mundo, se hacen hoy día cada vez más intensas, como consecuencia del crecimiento económico, no siempre bien distribuido, que nuestro país ha alcanzado.

Para encarar esos cambios, es imprescindible el sistema educativo. Mediante él se transmiten los valores y las creencias que nos constituyen como comunidad y que nos permiten relacionarnos con el mundo desde una identidad firme. Mediante la educación también, se aprende a reconocer en los otros a personas con que se tienen deberes de solidaridad y cooperación y, de esa manera, se morigera o atenúa un proceso de individuación que a veces lesiona la cohesión social. Mediante la educación, se distribuyen las oportunidades y se evita que la vida futura de los niños y los jóvenes dependa del origen socioeconómico.

Todos estos objetivos no pueden ser alcanzados irreflexivamente, mediante un sistema educacional que, si bien sabe de sus resultados, no vigila suficientemente sus procesos; que carece de información completa y accesible sobre dimensiones importantes de su funcionamiento; cuyo financiamiento es insuficiente, y cuyo diseño se formuló sin que la ciudadanía expresara siquiera las expectativas que abrigaba al respecto.

El Consejo Nacional de Educación (o Consejo Superior de Educación, como suele llamarse en otros países), debe tener en cuenta que la educación posee múltiples funciones para la vida colectiva. La educación tiene importantes funciones económicas; posee también funciones de índole política; y, en fin, de índole moral. Un buen diseño del sistema educativo debe tenerlas todas en consideración.

Desde luego, ha de tenerse presente que el ser humano, en la totalidad de sus dimensiones, es sujeto y, al mismo tiempo, el destinatario de la tarea educacional. Esta tiene por objeto, ante todo, que la persona sea persona, vale decir, que en el marco de la convivencia, alcance el más pleno y equilibrado desarrollo de sus dimensiones afectivas, intelectuales, sociales y espirituales. Así, el educando podrá ejercer su libertad de manera reflexiva, con una conciencia moral capaz de dialogar con los valores de la cultura a la que pertenece.

Finalmente, mediante la educación, también se crea y fortalece eso que hoy suele llamarse capital humano. Una población bien educada, dotada de las destrezas necesarias para adquirir nuevos conocimientos, es fundamental para el crecimiento económico de los países, que es base, por su parte, del bienestar social.

Ojalá en un futuro cercano Meduca retome la necesidad de establecer el Consejo Nacional de Educación.

MAESTRO DE CIUDADANOS.