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17 de Oct de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Ley seca y devoción forzada

En cualquier parte del país, está prohibido vender y consumir bebidas alcohólicas en Viernes Santo

En pleno Siglo XXI, en Panamá aún tenemos resabios de prácticas gubernamentales y legislativas que son más propias del medioevo que de una sociedad moderna. Una de dichas prácticas es la de decretar ley seca todos los años en Viernes Santo, como si fuese rol del Estado velar por la devoción de los creyentes de la religión cristiana o de cualquier otra.

En cualquier parte del país, está prohibido vender y consumir bebidas alcohólicas en Viernes Santo. La prohibición la emite el alcalde de la comuna respectiva, mediante un decreto alcaldicio, días previos a la Semana Santa. No solo se ordena el cierre de bares, cantinas y discotecas, sino que en bodegas y otros establecimientos donde se venden estas bebidas en botellas cerradas, también se prohíbe su venta. Es típico que en los supermercados sellan el pasillo donde mantienen este tipo de productos, con cinta amarilla de la que vemos en las películas para sellar el área inmediata donde se acaba de cometer un crimen e impedir así la contaminación de dicha escena criminal. Y si va usted a un restaurante y quiere degustar un rico filete de pescado, acompañándolo de una copa de vino, tampoco se lo permiten, pues el alcalde de turno aparentemente ha considerado que no es bueno para vuestra alma que usted beba siquiera una gota de alcohol en esa fecha.

¿Cuál es el fundamento racional para esta prohibición? ¿Es función del Estado acaso legislar sobre la devoción religiosa de cada ciudadano? ¿Puede el Estado, válidamente, forzar al individuo a observar un rito religioso determinado? Es evidente que en un Estado laico no es legítimo obligar al ciudadano a observar ritos religiosos, por más que la mayoría de la población profese la religión en cuestión. El que la mayoría de la población panameña sea católica, no justifica que por ello se obligue a los no católicos ni a los propios católicos, a regirse por exhortaciones piadosas a la penitencia religiosa.

¿Será entonces que el fundamento es otro? Un argumento que se esgrime es que si se permite que operen las cantinas en Viernes Santo, los borrachos interferirán con la conmemoración religiosa del pueblo, lo que puede alterar la paz social y que es precisamente para evitar esto que se prohíbe el expendio y consumo de licor ese día. Pero este argumento es equivalente a prohibir el consumo de alcohol todos los días, sobre la base de que algunos borrachos pueden provocar riñas o incurrir en más serios actos de violencia, o que algunas personas se pondrán al volante estando intoxicados por alcohol y causarán con ello accidentes y daños a terceros. Es obvio de este ejemplo que prohibir la libertad de las personas, sobre la premisa de que algunos abusarán de su libertad, es nefasto e injustificable. Lo que se hace en esos casos es sancionar a quien abusó de su libertad afectando derechos de terceros, y no decretar una prohibición general llamada supuestamente a prevenir de modo absoluto la ocurrencia de abusos, pues dicha prohibición general preventiva, es en sí misma un abuso.

La prohibición de expendio y consumo de alcohol en Viernes Santo, es una práctica que debe erradicarse. Y esto no tiene nada que ver con que si la población es mayoritariamente católica o no, ni si usted y yo somos católicos o ateos. Es un asunto que va a la médula de una república laica. Y es una de esas normas que, todos sabemos, nadie respeta ni acata. Es evidente que en Panamá el Viernes Santo es un día que miles de panameños se beben sus cervezas o copas de vino en casa con sus familiares y amigos, compradas antes del mediodía del Jueves Santo. Mantener una prohibición absurda como la del expendio y consumo de alcohol en Viernes Santo, lo que logra es que la gente pierda el respeto por la ley en general.

ABOGADO