Panamá,25º

21 de Jan de 2020

Aquilino Ortega Luna

Columnistas

¿Políticos o piratas?, ¿cuál es la diferencia?

Los panameños tienen el Gobierno que se merecen y que escogieron un día cualquiera de mayo, del cual no quiero acordarme.

Los panameños tienen el Gobierno que se merecen y que escogieron un día cualquiera de mayo, del cual no quiero acordarme.

Reclamar hoy por lo que hicieron o dejaron de hacer Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Martín Torrijos o Ricardo Martinelli, es una acción extemporánea.

‘Los políticos, al igual que los piratas, pelean por conquistar el botín que son todos los cargos públicos y todos los beneficios que se pueden obtener, y una vez lo obtienen, lo reparten '. La política es un negocio.

Los políticos cuando quieren ascender al poder nos cambian ‘espejitos por oro ', y nosotros los electores caemos, cual infante detrás de un juguete, en una gigantesca juguetería.

Los políticos, por llegar al poder, son capaces de ‘venderle su alma al diablo '. Es por ello que manejan con tanta soltura y maestría la mentira y engañan a los votantes con rudimentarios trucos de magia.

Hoy muchos se quejan de la actuación del presidente Juan Carlos Varela. Pero, a mi juicio, Varela no ha hecho otra cosa que repetir su discurso de la campaña electoral.

‘Estamos trabajando en eso ', o simplemente, ‘en un poco más de 700 días, o en tres años, solucionaremos el problema del transporte, agua potable y educación... Plop '.

Empero, para muchos panameños, el Gobierno de turno no ha estado a la altura de las circunstancias y aparenta ser fuerte. Responsabiliza por sus desaciertos al Gobierno anterior.

Sin embargo, olvida que quien asume un puesto público debe tener, entre otras virtudes, capacidad para el cargo, lealtad a la Constitución —y al país— y sentido de justicia.

Por lo anterior, cuando la lealtad al partido político e intereses particulares se colocan en primer plano; aparecen en escena los improvisados, el nepotismo, la injusticia y la corrupción.

Los problemas de hoy, son los mismos de hace 20 años.

Problemas del consumo y tráfico de droga, inseguridad ciudadana, educación deficiente, pésimo servicio de transporte, obsoletos servicios de acueductos y alcantarillados, están a la orden del día.

El tiempo de criticar las actuaciones del Gobierno, ya pasó. Hay que exigir transparencia en el manejo de la cosa pública. Se hace necesario el establecimiento de bases que promuevan ‘conductas apropiadas ' para administrar los presupuestos y recursos estatales y generar credibilidad.

A los panameños les gustan los ‘políticos, competentes y honrados ' de trayectoria impoluta, aunque hoy, por desgracia, están en peligro de extinción.

Esto nos obliga a votar al final del camino por un ‘político competente pero deshonesto, o por un político de moral intachable pero incapaz para el puesto '.

Para el papa Francisco ‘la existencia de políticos corruptos, que quieren más y más es una ‘historia de hoy', porque cuando el poder pierde la noción del servicio, se convierte en opresor '.

Inclusive, la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) asegura que ‘nunca ha habido tanta corrupción en la historia de la humanidad como en nuestros días '.

No obstante, si bien no existe un sistema político perfecto que garantice la ausencia de actos de corrupción, debemos aplicar acciones que permitan una fiscalización permanente del manejo que le dan los políticos a los fondos del Estado.

La corrupción política es el eslabón más alto de una peligrosa cadena que afecta irreversiblemente la vida cotidiana los panameños.

Por lo anterior, el Gobierno debe intensificar su lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana, establecer una política permanente de generación de empleos y desarrollar un sistema educativo de calidad y acorde con los requisitos del primer mundo.

Porque, al final de todo, la política no es más que un negocio, para enriquecerse.

PERIODISTA