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06 de Apr de 2020

Sydia Candanedo de Zúñiga

Columnistas

El Viernes Negro en mi memoria

El 10 de julio de 1987, la mayoría de los verdaderos dirigentes políticos opositores se convirtieron en militantes de base en las calles

El Viernes Negro en mi memoria
El Viernes Negro en mi memoria

En otra época hablar de Viernes Negro tenía una connotación muy distinta a la que se presenta hoy dentro de la sociedad panameña. La idea que proyectaba, no era la de esa frívola fecha de venta de baratillo que ahora, en su versión latina del Black Friday , produce tanto revuelo comercial. Muy por el contrario, hablar de Viernes Negro en Panamá era algo muy serio, era hacer referencia al 10 de julio de 1987, cuando el pueblo panameño salió a las calles a protestar contra la dictadura militar. Si se quiere, ese día fue la campanada moral que desenmascaró a la tiranía ante el mundo y que la llevaría a su caída final.

Un mes antes se había formado como organización espontánea, la Cruzada Civilista Nacional. Yo diría que con la Cruzada, el movimiento que de manera no coordinada venían realizando los opositores a la dictadura, se aglutinó en una fuerza monolítica y programática, donde se hizo caso a lo que expresara mi esposo Carlos Iván Zúñiga Guardia: ‘En la lucha por la democracia todas las fuerzas civilistas nos debemos unir, después, una vez lograda la democracia, en la lucha por el poder, cada oveja irá con su pareja '. Así lo entendieron las fuerzas opositoras y se unieron con el fin único de acabar con la dictadura militar.

El 10 de julio de 1987, la mayoría de los verdaderos dirigentes políticos opositores se convirtieron en militantes de base en las calles y muchos recibieron golpizas, ‘perdigonazos ' y toda clase de vejámenes de parte de los policías, denominados dóberman que literalmente, como perros antimotines, reprimían las manifestaciones populares.

La Cruzada no tuvo paternalismos, como algunos quieren hacer ver ahora. Cada quien puso su granito de arena, aunque a veces pienso que algunos, más que granitos de arena, pusimos varios bloques dentro del inmenso edificio que fue el civilismo. Mis hijos varones y mi esposo, fueron presos o secuestrados durante la dictadura y en los días de la Cruzada, aunque debo aclarar que otros panameños pusieron aún mucho más y algunos perdieron hasta la vida en ese empeño.

El Viernes Negro, junto con mi esposo, vestidos de blanco, fuimos correteados y casi alcanzados por los Dóberman, si no hubiera sido por la ayuda que nos dieron unos estudiantes de Derecho para cruzar una cerca de ciclón en las áreas de la vía Argentina. Ellos nos lanzaron entre varios y del otro lado de la cerca fuimos recibidos por otros brazos que nos tomaron y protegieron para huir ya casi al borde de ser alcanzados por los jenízaros que, afortunadamente, por sus muchos aparejos, no pudieron cruzar la cerca. Mi esposo recibió algunos perdigones en las piernas que por suerte no tuvieron mayores consecuencias.

Otros panameños, repito, sufrieron peores desmanes, desafueros e injustamente carcelazos, torturas y hasta la muerte. Sin embargo, esa fue una lucha colectiva. Nadie hizo lo que hizo con ningún afán de figuración. Fue la Cruzada del pueblo panameño, sin distingos de razas, credos ni clases sociales. La Cruzada Civilista y el Viernes Negro considero que son la coronación de muchos años de pacifismo en nuestro país. No tienen dueños. Fueron el resultado de un movimiento de todos contra la tiranía. Cada quien dio lo que pudo dar. Los civilistas arriesgamos todo lo que teníamos: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras casas y hasta nuestras propias vidas, para sacar del Gobierno a los que nos desgobernaban con impunidad.

Sin embargo, es triste ver que algunas personas, en publicaciones, han querido reivindicar ahora esa lucha colectiva como propia, sin ninguna justificación, porque no participaban ni en calles ni en plazas, tal vez por entregados o temerosos. El colmo es que por ahí vi en un libro autobiográfico de quien fuera un pusilánime frente a los militares, llegar a presentarse falsamente como un adalid del civilismo durante esos días del Viernes Negro, seudoredactor de comunicados que después firmarían destacados políticos opositores de la lucha civilista e incluso en forma irreverente se muestra en ese libro como creador del documento que preparara mi esposo en otro momento de la historia, como diputado y defensor de las clases humildes, en el Juicio al expresidente Robles. Algo totalmente falso. Es tal el irrespeto a la historia de este autor que, pienso, solo le faltó en su desvarío —por llamarlo de alguna manera— asegurar que él había sido protagonista hasta en la redacción de nuestra Acta de Independencia.

Con premisas falsas no se pueden interpretar las luchas de los pueblos, las luchas colectivas se desvirtúan cuando a posteriori surgen estos personajes con esos afanes insospechados de protagonismos, que a final de cuentas lo que hacen es atentar contra la identidad nacional.

El Viernes Negro fue un día aciago para el país, pero a la vez fue un hito en nuestra historia contra la dictadura militar, fecha de triste recordación, igual que el 9 de Enero de 1964 y que por su heroísmo nunca debemos dejar de rendirles tributo y veneración en los altares de la patria.

EXCATEDRÁTICA DE LA UP Y POETISA.