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18 de Apr de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

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La aplicación de la respiración artificial ya no es patrimonio de los especialistas

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En medio de la zozobra creada por la tormenta Otto, una señora costarricense de 70 años se vio obligada a auxiliar a una víctima de una crisis cardíaca aplicándole las maniobras de resucitación cardiopulmonar (RCP). El hecho no es un tema aislado y está presente en cada momento de nuestras vidas. El riesgo existe y debemos estar bien preparados para actuar y salvar vidas. La gente común ve todos los días en la televisión cómo es posible rescatar de la muerte a los ahogados, electrocutados, intoxicados y víctimas de ataques cardíacos. La aplicación de la respiración artificial ya no es patrimonio de los especialistas. El ciudadano común está en la capacidad de aplicarlo en el momento de la desesperación. Entonces, ¿por qué no enseñarlo masivamente?

En otros países, como Nueva Zelanda, Australia, Japón, Dinamarca, Suiza y Alemania, la RCP forma parte de los programas de estudio escolares, y para la mayoría de la población es natural saber qué hacer en esos casos. La RCP se aprende y practica con maniquíes —nunca sobre personas sanas—, la gente tiene clara la necesidad de aprender a salvar al otro, sobre todo si se trata de niños. Este es un conocimiento que debe ser socializado, difundido, enfatizado, reenseñado y promovido. Se adquiere en escasos minutos, tiene una utilidad indiscutible, para aplicarlo no hace falta equipamiento especial y los riesgos son mínimos.

Se debe comenzar desde los primeros años, para que los niños tengan nociones de cómo actuar frente a una emergencia. Se les entrena primero a llamar por teléfono al número de emergencia (elegir solo uno) y que sepan dar indicaciones precisas sobre la situación que están viviendo. Está demostrado que pueden dar información con precisión, a veces con menos emotividad que los adultos. En este cuadro, el que recibe la llamada debe estar especialmente entrenado para entender cómo obtener de la mejor forma la información proveniente de un niño pequeño.

Hace algunos años, en la ciudad de Lincoln, en el estado de Nebraska en los Estados Unidos, un niño de tres años llamó por teléfono al 911 desde el celular de un vehículo. Dijo que estaba encerrado en el auto y que su madre no estaba, que lo fueran a buscar. Luego de varias preguntas pudieron ubicar el sitio donde se encontraban, que resultó ser un área de estacionamiento en el aeropuerto. Les habían robado y la madre estaba encerrada en el baúl. Nevaba y ambos pudieron haber muerto por congelamiento, si el niño no hubiese tenido entrenamiento para llamar al teléfono de emergencias.

Saber hacer la RCP es tan relevante como estudiar las reglas del tránsito. Conlleva implícitamente la mirada hacia el otro, la solidaridad, el no abandono de quien necesita que lo auxiliemos. Hoy esta actitud es espontánea, pero con frecuencia la mayoría de las personas carece de los conocimientos básicos de primeros auxilios. Por tanto, ocupémonos para que estos se incluyan en los planes de estudio a todo nivel.

El niño aprende RCP en la escuela como un condicionante para ejercer la solidaridad con el prójimo. Luego le resulta natural prestarse a ayudar a alguien que requiera de sus conocimientos. Es saber qué hacer y cómo hacerlo, y lo distingue claramente de los demás que tienen miedo a dañar o a empeorar la condición de la víctima. Saber cómo actuar en estos casos es la diferencia entre la vida y la muerte. La aplicación de las maniobras de RCP no debe ser más una noticia de primera página por lo extraordinario o inusual. Es terrible que las madres no sepan cómo actuar para rescatar a sus hijos ahogados por inmersión. Correr al hospital sin hacer nada en el camino es inconcebible, primitivo y no debe ocurrir nunca más.

A la RCP hoy se le suma la posibilidad de aplicar tratamientos que antes estaban solo en manos del médico especialista. Existen equipos capaces de aplicar descargas eléctricas que reviven a los pacientes con muerte súbita. En muchos sitios en el mundo hay desfibriladores automáticos (aviones comerciales, centros comerciales, estadios, colegios) para permitirle al personal común no médico aplicarlo junto con las maniobras de RCP. El porcentaje de rescate exitoso es asombroso. Por ejemplo, en los casinos de Las Vegas, de 30 víctimas de muerte súbita se ha logrado rescatar a 28. Cifras nunca vistas hasta ahora. Producto del entrenamiento, el avance tecnológico y una clara visión de dónde destinar los recursos y el esfuerzo.

*EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.