25 de Feb de 2020

Alexis Sánchez

Columnistas

Hospital ‘Nicolás Solano', un paso hacia la muerte

Tiene que esperar las seis horas reglamentarias

No preciso desde qué fecha escucho de las quejas de las personas que llegan a urgencias del Hospital Nicolás Solano de La Chorrera, pero desde la década de 1970 este es un tema constante de las indiferencias y falta humanitaria tanto de médicos como de personal de enfermería en la sección de urgencias.

El impacto más grande que he tenido de una muerte producida en urgencias de dicho hospital fue la muerte de mi amigo de la Plaza 28 de Noviembre, Bernardino Moreno, que con el tiempo se convirtió en boxeador profesional. Aún recuerdo el día que llegó a la mesa de un restaurante donde me encontraba y me dijo: ‘...wapping Bocas...' con su sonrisa de siempre en la que resaltaba su diente de oro, seguido de ‘...ahí tienes un boleto para que vayas a verme pelear...'. Sabía de mi afición al boxeo y de ser un asiduo asistente a las funciones de boxeo en el Gimnasio Nuevo Panamá. Igual sucedió en su última pelea, donde se enfrentó a un ex campeón mundial y me daría un boleto. Fueron diez asaltos de dame que te doy. Terminada la pelea, tuvo su saludo de siempre, y de allí me imagino su recorrido de ir a los camerinos y seguro a ingerir alimentos y uno que otro refresco. Yo por mi parte tomaría mi rumbo. Bernardino no libaba licor.

Al día siguiente, me enteraría de su final, a través de radio La Exitosa, en el Tome Nota del periodista Arístides Icaza.

Palabras más, palabras menos, Bernardino abordaría un vehículo con sus amistades y a la altura del puente de Vacamonte empezó a sentirse mal.

Se dirigieron al Hospital Nicolás Solano, donde se demoró su atención y el Tome Nota terminaba así:

‘Cuando Bernardino llegó donde San Pedro y le preguntó qué le había pasado, San Pedro mandó el mensaje a la tierra: ¡si Usted quiere morirse, vaya al Hospital Nicolás Solano. Sí, señores!'.

La verdad que empiezo a creer esto, cuando en los últimos días acudí en reiteradas ocasiones al cuarto de urgencia con mi hijo y el día sábado 25 de febrero llegó con dolores a la 1:00 a.m., se hizo el filtro y clasificaron como color verde en el famoso Triage. Como no lo atendían, a las 4:00 a.m. me acerco a la doctora que me negó su nombre, señalándome que ella solo hace filtro, que hablara con el jefe y, al solicitarle el nombre del jefe, salió del cubículo sin darme respuesta. Cuál no sería mi sorpresa que sale el encargado con una enfermera mientras hablaban y con carcajadas, como celebrando un chiste. Al señalarle que mi hijo estaba con muchos dolores, ‘antes había estado aquí y Usted mismo lo atendió y desde la una había llegado', su respuesta fue: ‘qué tiene que ver, él debe esperar seis horas' y al decirle que la sala de espera estaba vacía, contestaría con su sonrisa al estilo Barnabás Collins ‘qué tiene que ver eso, tiene que esperar las seis horas reglamentarias' dándome inmediatamente la espalda, a lo que atiné a preguntar ‘¿Cuál es su nombre?', respondiendo ‘Sergio Salazar' con su aire de satisfacción y orgullo en su respuesta, mientras yo con un ‘¡muchas gracias!'

Y como uno más seis son siete, mi hijo volvería, cuando me llama y me informa ‘tengo que volver a registrarme y empieza a correr las seis horas', entonces volví a recordar el cortometraje de Gabo ‘Tiempo de Morir', dirigiéndome a urgencias, y al explicarle al médico tratante que él había llegado a la una de la madrugada, contestaría que ‘la hoja no aparece y se empieza nuevamente.'

Fue atendido con el menú de siempre: exámenes de laboratorios que salen bien. Era la tercera o cuarta vez que acudía y se le pone medicamentos que calmen temporalmente el dolor.

Gracias al amigo Fulele -Escolástico Calvo- quien me insistía que lo llevara al Hospital Irma de Lourdes Tzanetatos, mejor conocido como La 24 de Diciembre, donde después mi hijo y yo explicamos los cuadros clínicos que le aquejaban más el menú del Nicolás Solano, la doctora Yuri Martínez encontró el mal.

Esto me ha vuelto a recordar a un amigo gringo que al ver que me retiré porque el encargado de urgencia, el doctor Gabriel Sánchez, se negó a atenderme, me dijo:

‘These is a Banana Republic Hospital'.

No es posible que siendo La Chorrera la capital de la provincia de Panamá Oeste, sigue siendo el Hospital Nicolás Solano un hospital del quinto mundo, donde es un paso hacia la muerte.

EXINVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD.