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28 de Feb de 2020

Berna Calvit

Columnistas

La gran estafa

Las recientes revelaciones sobre grotescos e indignos actos de algunos diputados de la Asamblea Nacional trascienden las fronteras...

Corrupción, palabra inevitable en nuestro diario vivir. Inseparable de la política, en este contexto la define así la Real Academia de la Lengua: ‘En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores'. La palabra ‘crimen' significa delito grave aunque algunos equivocadamente la asocian solo con muerte por homicidio, asesinato. Corrupción y crimen han sido viejas prácticas en la política e incluso se citan casos que datan de los años en que la república hacía pininos. A raíz del gran escándalo de donaciones ficticias, subsidios y contratos por servicios profesionales ‘brujos' (estafas), y otros chanchullos de diputados (antes legisladores), saqué algunos casos de mi archivo mental. Uno de ellos, el de un exdiputado acusado de tener una bien aderezada planilla; en un vehículo estacionado frente el Banco Nacional de El Dorado sus ‘emplanillados' entregaban el grueso del dinero para poder recibir ‘la comisión'; aunque fue filmado e investigado, solo perdió temporalmente esa sustanciosa fuente de ingresos. Otro diputado gestionaba fondos para una orden religiosa pero dicen las monjitas que ‘las cruzaron'; el diputado fue investigado pero tratándose de políticos las vueltas por oficinas judiciales se encargan de mandar los casos al limbo y quedan por allí esperando el olvido.

‘Perro que come huevo ni aunque le quemen el hocico' está ‘como pintado' para los diputados, los de antes y los de ahora. El panameño tiene memoria corta, por eso al cabo de unos días, afloja presión.

En estos días, a raíz de las acuciosas investigaciones de una periodista del diario La Prensa , se confirma lo que ‘a lo bajo bajo' sabíamos: el destino de cientos de miles de dólares en la gran estafa: ‘generosas donaciones', subsidios y contratos por servicios profesionales que sin piedras en el camino autorizaban la Asamblea y la Contraloría. El diario La Estrella de Panamá ya le había seguido la pista al diputado que en 2011 tenía en planilla a una joven sin que ella supiera que durante tres meses había recibido $2,340; los detalles de este caso (La Estrella 30/3/2015) con un insólito final en 2014, despierta malos pensamientos sobre la relación amistosa entre la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia.

Las recientes revelaciones sobre grotescos e indignos actos de algunos diputados de la Asamblea Nacional trascienden fronteras porque en esta gran aldea global ya ‘la ropa sucia no se lava en casa'. Y el nombre de Panamá está, desgraciadamente, envuelto en macroescándalos del gobierno Martinelli; los de la firma Mossack y Fonseca; el caso Waked que sigue en silencioso misterio, y el maremoto Odebrecht, hasta ahora el mayor de todos los de la historia del continente americano.

Lo que se ha descubierto recientemente sobre los $14 millones en 31 meses indica que el andamiaje de la corrupción se ha perfeccionado, fortalecido y enquistado como parte integral del servicio público. Ya no se trata de los $400 y tantos millones que el gobierno Martinelli puso a disposición de los candidatos para la campaña electoral en la que perdió su candidato, investigación en conveniente estado de parálisis. Lo novedoso es que sin partidas circuitales, ahora se han oficializado artimañas, incluso fuera del período electoral, por lo que no sorprende que el presidente de la Asamblea Legislativa declare que desde su perspectiva no hay lesión patrimonial y todo está en orden según presupuesto autorizado. Con tan conveniente miopía ética, y con un campo de visión moral sorprendentemente reducido, no se le ocurrió nada mejor que nombrar una comisión de diputados para investigar a los diputados. ¡Ja! La catarata de tuits y críticas en las redes sociales que le está cayendo a Rubén De León es de antología. ¿De verdad cree que con tan absurda solución, y con proponer diputados provinciales, como para apaciguar su descabellada propuesta, vamos a darle las gracias? Se equivoca. Comparto las diputaciones provinciales pero no la confianza en la investigación entre pares; existen suficientes antecedentes de casos de corrupción en el Órgano Legislativo que quedaron en el limbo. Ya no más. Es repudiable que señores bien pagados, con prebendas inmerecidas, ausentismo escandaloso, con negocios y propiedades de origen dudoso, abusando de la ignorancia, la ingenuidad o la necesidad de ciudadanos humildes, usen para su provecho personal dineros del Estado, mi dinero y el suyo, apreciado lector. No más dinero extra para ustedes, señor Rubén De León, señores diputados. La comisión para investigarlos, si es verdad que desean que sepamos quiénes y cómo hicieron las tracalerías, debe estar conformada por un grupo mixto (por ejemplo, representantes de la Universidad de Panamá, del Tribunal de Cuentas, Colegio de Contadores de Panamá, Antai). Estoy segura de que todos los ciudadanos (excepto ‘ellos') deseamos que no quede cheque sin investigar.

El refrán que dice ‘Perro que come huevo, ni aunque le quemen el hocico', está ‘como pintado' para los diputados, los de antes y los de ahora. El panameño tiene memoria corta por eso al cabo de unos días, unas semanas, afloja presión. Pero ojalá esta vez la indignación ciudadana sea tan contundente que el fallo de la Corte Suprema de Justicia le limpie un poco la cara y declare inconstitucional esas partidas que engordan las cuentas de los diputados engañando a los más pobres. El diputado no es monjita de la caridad. Legislar es su obligación. La única.

COMUNICADORA SOCIAL.