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28 de Feb de 2020

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

Mi torta, ¿dónde está?

‘La destitución en el sector público no existe o es muy difícil'. Se requiere una falta grave para que se realice.

Alguien dijo en su momento: ‘La destitución en el sector público no existe o es muy difícil'. Se requiere una falta grave para que se realice. Por ejemplo. El robo o hurto de los bienes públicos, el peculado o todo tipo de delito tipificado como tal, según las leyes de Panamá.

Es un acto de deslealtad al país aprobar leyes, convenios, acuerdos o tratados orientados a una especificidad y no a las mayorías. Serían aún más grave las actuaciones de un ‘servidor público' que utiliza las estructuras de Gobierno para robar los dineros que se le dieron en confianza. Las ratas de nuestro tiempo no lo entienden así.

Las ratas son aquellos animalitos que les encanta vivir en la inmundicia, se reproducen como el cuy (conejos diminutos), son de ojos saltones y hay tanta voracidad en sus dientes que nunca dejan de crecer. Los genios creativos de la cinematografía los estudian para adaptarlos a sus producciones de acuerdo a sus cualidades positivas: son vivaces, astutos, correlones, se identifican entre ellos; su olfato es muy bueno para percibir los aromas de sus platos preferidos.

Si nos referimos al Estado, el plato sería el Presupuesto Público, el cual puede alborotar un deseo enfermizo por el dinero. Las ratas al momento del peligro son las primeras en abandonar el barco, se marchan en pedazos de madera; se mimetizan en medio de tanta podredumbre. Hay una especie de ratón grande de nombre hámster, el cual es irresistible para los niños, como animal de compañía. El conejo blanco o el conejo de la suerte, Bugs Bunny, de Walt Disney, es un ejemplo de cómo de útil puede ser una especie, si explotamos de ella sus principales características positivas.

Los investigadores en sus prácticas de laboratorios dicen que las ratas son los animales que más se asemejan al humano, razón por la cual se utilizan más que otros especímenes en este campo. Hay que dejar claro que el calificativo de ‘rata' utilizado en el sector público para señalar prácticas nefastas en el Estado, es una acuñación de los sociólogos, que por cierto son un tanto crudos. Los economistas, como el que les escribe, podemos ser más específicos al señalar una situación. Por ejemplo. Es de mi cuño el señalar a todo aquel que se roba o se lleva nuestros impuestos como un ‘vulgar pulgón de escritorio'. Otros para referirse a lo mismo, los llaman ‘chupasangre'. A ciertos abogados no les agradan estos calificativos, que nacen de la impotencia de ver cómo los llamados a ordenar, administrar, guiar, delinear o conducir la nave del Estado están opuestos a los propósitos de gobernar en su mejor acepción.

Muchos de estos servidores públicos vinieron a robar, con el permiso de sus electores. Veo con temor y muchas reservas cómo ciertos legisladores se reúnen con representantes de los medios de comunicación para enderezar algún entuerto en relación a leyes creadas en la misma Asamblea. Saltaron a la vista el exlegislador del PRD Ernesto V. Carrasquilla y el legislador Noriel Salerno rodeados de periodistas. Queda en espacios vacíos la credibilidad de que goza uno de los principales órganos del Estado.

No puedo creer que los legisladores sean tan ingenuos como para pensar que simples comisiones de investigación (ejecutadas por ellos mismos) puedan cubrir algo tan fragante, como el ilícito encubierto, a través de procedimientos administrativos y artificiosos para asaltar la nave del Estado, vía donaciones o contratos.

Las grandes mayorías de Panamá los conocen. Lo que no puede ser es que un medio de comunicación sirva como un lavador de imágenes. He observado cómo, inmediatamente, un individuo llamado ‘mono gordo' en Panamá es endilgado como posible responsable de un ilícito, al día siguiente aparece en los medios, justificando su actuación (lavando su imagen).

Se han perseguido el narcotráfico y el blanqueo de capitales, pero ningún medio puede servir como jabón de lavadores. Dejar que la justicia haga su trabajo. ¡Que se defiendan ellos mismos!, y sin ayuda. Gracias a ciertos legisladores, el país está en crisis. Como en la Corte Suprema de Justicia, en la Asamblea Legislativa también se puede salvar el voto. Ha quedado claro que cada dólar que no llega a las mayorías hunde al país en una espiral de violencia, crimen, ignorancia, mediocridad o cuanta cosa negativa pueda Ud. pensar.

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.