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07 de Mar de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La desinformación generalizada

El 9 de Enero de 1964, más de cinco mil panameños protestaban violentamente en el límite de la Ciudad de Panamá con la Zona del Canal

La desinformación generalizada
La desinformación generalizada

Quienes estudiamos los asuntos relacionados con la comunicación en sus diferentes contextos, nos vemos enfrentados a su evolución y su consecuencia en el desarrollo actual y futuro de la sociedad. Es decir, estamos en un periodo crucial que pareciera retar las conclusiones tradicionales con respecto a la relación comunicación/desarrollo, mucho más que antes y nos obliga a buscar nuevas perspectivas para el futuro.

Lo que estamos experimentando en relación a la divulgación de noticias falsas (‘fake news') ha alcanzado niveles sin precedentes en los procesos de comunicación masiva. Es cierto que en décadas pasadas se daba el fenómeno; pero ante todo, era eso: un fenómeno (tomando en cuenta que sin la presencia de los nuevos medios digitales, la divulgación de noticias falsas tenía sus limitaciones). No existía la inmediatez de ahora; por ejemplo, ni la facilidad de difundir o de reenviar en cuestión de segundos una información recibida.

El 9 de Enero de 1964, pasada las 8:00 de la noche, se estima que más de cinco mil panameños protestaban violentamente en el límite de la Ciudad de Panamá con la Zona del Canal a raíz de un evento cuya detonante se había dado un poco más de dos horas antes. Los zoneítas (estadounidenses) agredieron violentamente a un grupo de estudiantes panameños que trataron de izar la bandera panameña en el colegio secundario de Balboa en la Zona del Canal. La información de boca en boca sobre la agresión y luego por las radioemisoras, tuvieron poca variación. Meses después, las versiones oficiales (incluida las del Gobierno de los Estados Unidos) mantenían casi el mismo desarrollo puntual de los acontecimientos. Hay un desacuerdo en torno a cómo se laceró la bandera panameña; pero por lo demás, la información general, para todos los involucrados y observadores, era la misma. Fue una situación de comunicación masiva que poca desviación tuvo a la hora de ser emitida y recibida por sus receptores.

Lo anterior es inimaginable en estos tiempos. Un evento de tal magnitud, en menos de cinco minutos habría sido del conocimiento de por lo menos un 50 por ciento de la población y un número indeterminado de personas alrededor del mundo. Y en esos mismos cinco minutos, varias versiones del evento: a favor, en contra, para enredar las cosas, vilificar a los agredidos o ensalzar a los agresores, estarían circulando. Y para estos tiempos, las sofisticación con que se prepara una noticia falsa, o el descaro con que lo presenta hasta las más altas figuras públicas, autoridades y sus organizaciones de comunicación política o gubernamental, amenazan la conciencia pública sobre lo que debemos creer o no.

El tema de la comunicación en estos tiempos es un asunto de seguridad nacional e internacional, más puntualmente en Estados Unidos, Rusia, Venezuela y las otras regiones en conflicto. Amenaza la vida tal como la conocemos. No se puede, ni se debe creer lo que se publica o circula en esos escenarios. Si examinamos el proceso comunicativo que sale de la Casa Blanca y de los grupos que lo apoyan mediante la creación de ‘hechos alternos' (‘alternative facts'), como lo definen ellos, debemos entender los peligros que representa para nuestro hemisferio lo que puede exponer una información falsa y las posibilidades de incitar o detonar un evento bélico internacional. Aquí, en el patio, el juego de los ‘memes' y la ‘vaciladera' con información que se debe tratar cuidadosamente, también amenaza la estabilidad social.

Publicaciones deficiente o errada atenta directamente contra los esfuerzos por erradicar la pobreza; por ejemplo, transgrede los procesos educativos de las capas más desventajadas por la baja calidad de la información que circula en el entorno mediático. Al confundir los avances tecnológicos con desarrollo social, la tan cacareada ‘sociedad de la información' se está convirtiendo en la ‘sociedad de la desinformación'.

¿Qué hacer? Pareciera que no hay fórmulas para detener la conducta presente de fabricar y circular información falsa. En eso hay que trabajar. Muchas veces la realidad es innegable, incluso por el razonamiento lógico, pero se ignora. A falta de información validada, sugiero cordura. Mi mejor consejo es que recurramos a la comunidad académica local e internacional. A los centros de pensamiento científico para esclarecer nuestras dudas. Allí encontraremos a quienes piensan en el futuro y que en verdad se preocupan por la salud de la humanidad.

COMUNICADOR SOCIAL.