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07 de Mar de 2021

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Enrique Jaramillo Levi

Columnistas

Venezuela, país fallido

Venezuela se ha convertido en un puente del narcotráfico', aseguró hace poco en Guatemala.

Quien no entienda que desde cualquier ángulo que se le mire, la Venezuela actual, empobrecida hasta el tuétano, es un país fallido, vive en otro planeta. Y por supuesto, se ha convertido en una descarada dictadura. Tanto en lo económico, lo social y lo político, como en materia de libertades ciudadanas ligadas a los derechos humanos, el gobierno de Chávez primero, y en años recientes el de Maduro, han ido llevando a su país a un desafortunado despeñadero en cuanto a la calidad de vida de su pueblo.

Harto de represión y engaños, cansado de trillar senderos democráticos que su Constitución permite y propicia, pero que le son negados desde la autocracia del poder, al pueblo venezolano, hoy mayoritariamente opositor al régimen, le quedan cuatro caminos paralelos que deben transitarse de forma simultánea como única manera de desarticular esa larga maldición del chavismo perverso que a diario atosiga al país y que internacionalmente llama cada vez más la atención sobre todo lo malo que ocurre en la patria de Bolívar: 1) consolidar sin fisuras ni egoísmos las diversas fuerzas de la oposición; 2) manifestarse una y otra vez pacífica y masivamente en las calles; 3) legislar justa y sabiamente desde el Parlamento –Asamblea Nacional- cuya legitimidad y funciones el gobierno se ha visto obligado a restaurar debido a la presión internacional; 4) continuar denunciando con pruebas en todos los foros internos y exteriores las crecientes arbitrariedades y desafueros del régimen. Aunque hay múltiples reclamos que hacerle al régimen, la liberación de los presos políticos y la convocatoria a prontas elecciones deben ser puntos ajenos a cualquier negociación.

‘Venezuela es el gobierno más corrupto del continente americano, e incluso ya llegó a superar a Haití', ha dicho recientemente José Ugaz, presidente de Transparencia Internacional, al fungir como uno de los principales oradores en la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), reunida en la ciudad de Antigua, Guatemala. Ugaz también aludió al caso de Panamá, al llamar al expresidente Martinelli un prófugo, y comentar que se fue del país con 5 mil millones de dólares, astronómica cifra a la que es la primera vez que alguien alude en un foro público. También mencionó que ‘el periodismo es la máxima expresión para cortar los círculos de impunidad y presionar a las autoridades'.

Por otra parte, el director para América Latina de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, ha señalado que Venezuela ‘es un Estado sin derechos'. Y en un artículo de opinión reciente señala que el Foro Penal Venezolano, una organización que brinda asistencia legal a detenidos, el más famoso de los cuales es Leopoldo López, que lleva tres años encarcelado injustamente, ha contabilizado más de 100 presos políticos. Para estos presos, asevera, no hay debido proceso, y muchos han sido arrestados sobre la base de información proporcionada por anónimos ‘patriotas cooperantes'. Añade que ‘el gobierno usa con frecuencia sus servicios de inteligencia para maltratar, detener y procesar penalmente a opositores políticos y críticos'. Explica también que son muy pocos los medios de comunicación independientes que subsisten en Venezuela. ‘Las fuerzas de seguridad han detenido e interrogado a periodistas y confiscado sus equipos. Se ha impedido que periodistas internacionales ingresen al país para dar cobertura a la crisis e incluso algunos fueron detenidos por hacerlo' asegura, entre muchas otras aseveraciones alusivas al catastrófico estado de las libertades en ese país.

Y desde semanas atrás, en la Organización de Estados Americanos (OEA), su Secretario General, Luis Almagro, ha venido alertando en torno a la necesidad de aplicarle a Venezuela la Carta Democrática Interamericana debido a sus constantes rupturas del orden democrático, sobre todo cuando el llamado Tribunal Supremo de Justicia quiso asumir las funciones del órgano legislativo en una suerte de autogolpe que produjo críticas internacional y fuertes protestas locales reprimidas burdamente por el gobierno, todo lo cual obligó al régimen a dar marcha atrás en sus decisiones totalitarias.

El hecho es que Venezuela está entrando en un camino sin retorno al continuar reprimiendo las libertades cívicas, al no ser capaz de solucionar la crónica y alarmante falta de alimentos y medicinas, a lo cual se suman crecientes acusaciones de narcotráfico atribuido a funcionarios cívicos y militares de alto rango, tal como recientemente denunció Miguel Henrique Otero, presidente del prestigioso diario El Nacional, último bastión del periodismo libre en ese país. ‘Venezuela se ha convertido en un puente del narcotráfico', aseguró hace poco en Guatemala.

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