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08 de Mar de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

El trasfondo de la Pascua (I)

Si crees que Jesús resucitó de los muertos, sin embargo, todo cambia

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste estresado por la Pascua de Resurrección? Las interminables compras, la extensa lista de tarjetas y el montón de reuniones. Sin mencionar el atosigamiento de anuncios en televisión y en Internet, las casi inevitables películas sobre la Pasión y todas esas ropas extravagantes que te obligan a usar en Semana Santa. Y no olvides las tribulaciones de colocar el tradicional árbol de Pascua en la sala y encadenar luces de colores alrededor de la casa. Todos los años te lamentas de lo excesivamente comercializado que está la Pascua. ¿Verdad? Te sientes así cada año, ¿no?

¡Por supuesto que no! Esto se debe a que la Pascua se ha resistido obstinadamente a la comercialización y mercantilización que hace mucho tiempo envolvió la celebración de la Navidad. Aquí está una confesión: he llegado al punto en que la Navidad ya no parece gustarme. Me refiero al complejo comercial que ha crecido alrededor de las fiestas de fin de año. Claro, allí está la Natividad y esa es otra historia que sí me encanta recordar, celebrar y compartir.

Entonces, ¿cómo es que la Pascua, con algunas notables excepciones como las cestas de huevitos para los niños, ha mantenido su relativa pureza religiosa? Principalmente, y esta es nuestra opinión, debido a su mensaje religioso subversivo: Cristo ha resucitado. Esa es una declaración y es algo que los no cristianos pueden captar fácilmente, aunque no lo crean. Jesús de Nazaret, el hombre cuyos seguidores afirman haber curado a los enfermos, calmar las tormentas, haber levantado a la gente de entre los muertos y haber hecho de los pobres el centro de su ministerio, fue crucificado bajo las órdenes de Poncio Pilato y murió agonizante en Jerusalén. Y luego, tal como sus seguidores creen, incluyéndome a mí, después de tres días en la tumba, resucitó de entre los muertos.

Si no crees en la Pascua de Resurrección, puedes continuar viviendo tu vida mientras admiras tal vez a Jesús el hombre, apreciando su ejemplo e incluso poniendo en práctica algunas de sus enseñanzas. Al mismo tiempo, puedes dejar de lado las enseñanzas con las que no estás de acuerdo o las que te hacen sentir incómodo, por ejemplo, perdonar a tus enemigos, orar por tus perseguidores, vivir una vida simple o ayudar a los pobres.

Si crees que Jesús resucitó de los muertos, sin embargo, todo cambia. En ese caso, no puedes dejar de lado ningunas de sus enseñanzas. Porque una persona que se levanta de la tumba, que demuestra su poder sobre la muerte y que ha demostrado definitivamente su autoridad divina necesita ser escuchada. Lo que esa persona dice exige una respuesta. La Pascua de Resurrección hace una reclamación sobre cada una de las personas que creen en ella.

Esto es diferente a la Navidad. Para estar claros, los cristianos creen que, en la primera Navidad, Dios se hizo humano. Este es el significado de lo que los teólogos llaman la ‘Encarnación'. Dios tomó carne, un concepto tan extraño entonces como ahora. Pero la historia de la Navidad es en gran medida irrelevante para los no creyentes: Jesús en el pesebre, rodeado por María y José y los pastores adoradores, es fácil de asumir. Como relatan los Evangelios, no hubo peligro alguno para María y José. Y en su mayor parte, puede ser aceptada como una historia encantadora. Incluso los no creyentes podrían apreciar el nacimiento de un gran maestro.

Por el contrario, la historia de la Pascua es a la vez espantosa y aterradora: la malvada traición de Jesús por uno de sus seguidores más cercanos, la triple negación por su mejor amigo, la cruel crucifixión y el final brutal de su vida terrenal. Luego, por supuesto, llega el impresionante suceso tres días después.

La Pascua de Resurrección no es tan fácil de digerir como la Navidad. Es más difícil de domesticar. Cualquiera puede nacer, pero no todos pueden resucitar de entre los muertos. Sin embargo, la historia de la Pascua de Resurrección, esencial como es para la creencia cristiana, puede ser confusa, incluso para los creyentes. Como veremos en la siguiente entrega, los relatos evangélicos de las apariciones de Jesús después de la Resurrección parecen confusos, incluso contradictorios. Son misteriosos en extremo.

JAVERIANO