Temas Especiales

10 de Jul de 2020

Eduardo Flores Castro

Columnistas

Al José Daniel Crespo en sus 75 años

Es por esto que nuestros recuerdos de adulto son básicamente de nuestra infancia y adolescencia.

Existen diversas posibilidades de entender y percibir el tiempo. El Tiempo Físico: es el tiempo medido utilizando como referencia el movimiento periódico de objetos; el Tiempo Sicológico: es aquel en donde el aburrimiento hace que los eventos parezcan más lentos; el Tiempo Fisiológico: es la generalización del tiempo en función del orden de magnitud de latidos de los mamíferos durante sus vidas; y por último tenemos el Tiempo Metabólico: es el que depende de nuestra actividad vital. A medida que envejecemos nuestro reloj biológico se hace más lento, por lo que los eventos exteriores nos parecen más rápidos. Debido a que la infancia y adolescencia son periodos de crecimiento, nuestro reloj interno va más de prisa; causando que nuestra sensación de los eventos los percibamos lentamente. Es por esto que nuestros recuerdos de adulto son básicamente de nuestra infancia y adolescencia.

Esta es la razón por la cual los seis años que pasé en el Colegio José Daniel Crespo, llenan mi memoria en forma mayoritaria. Pero no se trata solo de un problema de espacio, es que además, estos recuerdos son de los más hermosos que atesoro. El José Daniel Crespo ha sido grande, no solo en mi vida, sino también en la de miles de jóvenes, que hoy día son figuras públicas, académicos, deportistas y profesionales que han contribuido a forjar el país que tenemos.

El JDC cuenta con un prestigio no solo nacional sino internacional. Su nombre es sinónimo de calidad educativa. El Colegio, como le llamábamos, al igual que el pueblo en que está inmerso, se asocia con el trabajo, el progreso, el desarrollo y con gente virtuosa. Su nacimiento en 1942, se dio para ser punta de lanza de la región de Azuero, para crear nuevos paradigmas y generar agentes de cambio hacia un mejor futuro. Los ideales que le dieron vida, en mitad de la Segunda Guerra Mundial, fueron la de ser manantial de sabiduría y que irradiara conocimiento en toda la región, y así lo ha hecho durante 75 años.

Un centro educativo es grande, no por la estructura física, sino por los docentes que lo integran. Por eso me permito darles las gracias por su entrega en la formación de generaciones a todos nuestros profesores, entre los cuales puedo recordar a: Chalo González, nuestro querido director, Héctor Rodríguez, Nisla Cedeño, Moisés Chong, Rogelio Gaez, Débora de Urrutia, Humberto Huerta, Pacífico Vega, Rina de Lombardo, Paula de Huerta, Herberto López, Fabio Rodríguez, Edda de Contreras, Rubén Villarreal, Elsi Herrera y José I. González. Ustedes plantaron las semillas del conocimiento, ellas geminaron y han dado frutos; ahora nos toca a nosotros seguir su ejemplo.

RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.