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16 de Jan de 2021

Álvaro Tomas

Columnistas

El péndulo y el desmoronamiento de la OCDE

Como cualquier Gobierno que sube al poder, los ejecutivos de la OCDE pensaron que cambiarían al mundo

Como cualquier Gobierno que sube al poder, los ejecutivos de la OCDE pensaron que cambiarían al mundo y que ellos eran la voz de la sabiduría y de la única verdad. Sus burócratas, que se consideran los seres más inteligentes nacidos en la Tierra después de Albert Einstein, encontraron la fórmula para salvar las economías socialistas y conservar sus bien remunerados salarios sobre los cuales —le recuerdo al lector— no pagan impuestos. Cero. Nada. Pero hay señales de que se empieza a desmoronar el cuarto de espejos construido por este grupo de pelagatos.

Por un lado, tenemos que han explotado los llamados ‘Malta Files' sobre esa pequeña isla —miembro de la Unión Europea— que es utilizada como refugio fiscal por ciudadanos y empresas multinacionales europeas que buscan mitigar sus cargas fiscales. Es decir, Malta es considerado un paraíso fiscal localizado dentro de la Unión Europea (UE) y son, en estos momentos, la presidencia temporal de dicho organismo en Bruselas. ¡Qué ironía!

A diferencia de otros países que han dicho ‘no hay nada que hacer', los malteses están —por ahora— defendiendo a capa y espada su sistema fiscal, aduciendo que son soberanos y que otros Estados dentro de la Unión Europea también tienen esquemas de incentivos fiscales que se hacen necesarios, por su tamaño y economía, para atraer la inversión extranjera.

Según el diario EUObserver de Eric Maurice, del día 23 de mayo de 2017, en un artículo titulado ‘Malta chairs 'awkward' EU talks on tax dodging', Malta presidía una reunión donde se hablaba de establecer un impuesto base corporativo común (‘common corporate tax base') para armonizar las reglas y que todos los países en la UE compitan por igual para atraer la inversión de empresas y la consiguiente generación de empleo. Sin embargo, dice el autor, ‘la mayoría de los países, incluyendo Alemania, Luxemburgo e Irlanda, dijeron estar aprehensivos, ya que sus políticas y sistemas fiscales perderían su atractivo'. Por lo visto, la competencia fiscal está vivita y coleando en la UE.

Por otro lado, la firma norteamericana Baker Mackenzie, en una presentación reciente en Miami, Florida, declaró que la OCDE va a retar a los Estados Unidos a firmar el Common Reporting Standard (CRS). ¡Qué risa! Nos dicen amigos cabilderos en los Estados Unidos (EE.UU.) que hay muy buenas probabilidades de que el presupuesto para el 2018 incluya un recorte de hasta 30 % de los fondos que dicho país dona a la OCDE. Si bien es cierto un recorte de US$21 millones no es mortal, el significado diplomático y político de este recorte traería nuevas posibilidades de destronar a este organismo que se ha creído un ente supremo global.

Finalmente, he visto declaraciones de nuestra canciller, Isabel de Saint Malo y del ministro de Economía y Finanzas, Dulcidio de la Guardia, en lo que parecen ser dos foros llevados a cabo en la ONU en Washington D.C. y en Nueva York ante la presencia de más de 30 países. Ambos ministros subrayaron la necesidad de buscar un balance entre la transparencia fiscal y la necesidad que tienen los países en desarrollo de implementar incentivos fiscales para atraer la inversión extranjera.

El ministro de la Guardia mencionó: ‘Es irónico que mientras los organismos multilaterales abogan por eliminar los mecanismos para evitar la erosión de la base imponible, países poderosos plantean planes para hacer todo lo contrario, lo cual nos obliga a tomar medidas fiscales defensivas para mantener la competitividad de nuestras economías'. Chapó, señor ministro.

A lo que alude el señor ministro, tan atinadamente, es que con la nueva exigencia de la OCDE, denominada BEPS (Base Erosion and Profit Shifting), Panamá estaría obligada a eliminar los incentivos fiscales que han hecho de la Agencia Panamá Pacífico y las zonas francas, entre otras, un éxito para nuestro país. Imagínense el daño a la economía nacional y en especial a nuestro destino como hub logístico mundial.

También habló de la ‘libertad soberana' de que gozan los países para caminar hacia el desarrollo y llamó a que el debate fiscal global se realice en la ONU, foro indicado, pues se apega al Derecho Internacional Público que la OCDE parece no sentirse obligada a cumplir y respetar.

‘El que almuerza con la soberbia cena con la vergüenza', dice García Márquez en El general en su laberinto. Gran presagio de lo que le espera a la OCDE si EE.UU. le recorta fondos y si más países empiezan a poner en dudas las verdaderas intenciones de ese organismo. La soberbia de los señores de la OCDE es intolerable y su vergüenza inevitable.

ABOGADO