La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Yannett H. de Vencel

Columnistas

El Acuerdo de París, sin EE.UU.

Lo mismo ocurrirá con los empleos que sufrirán toda una reconversión hacia las industrias renovables.

El Acuerdo Climático de París, adoptado el 12 de diciembre de 2015 y abierto para firma el 22 de abril de 2016, tiene como objetivo la reducción colectiva de emisiones de carbono (moléculas de dióxido de carbono, CO2). Es considerado el primer pacto global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que contribuyen a aumentar la temperatura global. El acuerdo tiene una estructura que aumenta y coordina los esfuerzos de mitigar el cambio climático en el futuro. Cada país debe ser transparente al informar sobre los avances a los niveles acordados, según los científicos y sus modelos de cambio climático. Es decir, evitar que las temperaturas globales aumenten más de 3 °Celsius, porque exceder este nivel tendría consecuencias nefastas para el orden mundial, debido a que los impactos previstos (inestabilidad alimentaría, migración, hambruna, etc.) amenazan los Estados nacionales.

El Acuerdo de París, por primera vez, reunió una coalición única que incluyó a todos los principales contaminadores históricos y actuales, incluyendo EE.UU., Europa, Brasil, China e India, para mencionar los más importantes de estos emisores de carbono. El acuerdo no es vinculante, sino voluntario y basado en el honor, la idea detrás del mismo es utilizar la presión de la opinión pública para obligar a cada participante a ajustar su comportamiento para alcanzar dicho objetivo.

Los EE.UU., la mayor economía del mundo, e históricamente el mayor emisor de gases de efecto invernadero, ha declarado que no participará en el proceso.

¿Cuáles son las consecuencias de la retirada de EE.UU.? Un resultado posible es que, al retirarse el segundo mayor emisor del mundo, después de China, otros países sentirán menos presión para intensificar sus propios planes para frenar los gases de efecto invernadero. Una de las disposiciones esenciales es que los países más ricos financiaran la transición de los países más pobres a utilizar las energías renovables para pasar por alto los programas basados en el carbono, adaptarse al aumento del nivel del mar y los efectos de la sequía en los alimentos. Por otra parte, con la retirada de los $3000 millones prometidos por los EE.UU., la carga financiera se desplazará a los participantes restantes, creando así un vacío moral dejado por la retirada de EE.UU.

Otro panorama sería que China tratará con entusiasmo de llenar este vacío de liderazgo para ganar más influencia económica y reducir la potencia de las democracias capitalistas, su principal enemigo.

Cualquiera que sea la administración de EE.UU., con toma de decisiones como estas, impactará negativamente las políticas económicas que favorecen el uso creciente de las energías renovables y la disminución del uso de carbono. Los modelos de negocio en países, incluso como el nuestro, ya están a favor de esta transición y las transnacionales seguirán ansiosamente este camino por los beneficios que ello conlleva. Lo mismo ocurrirá con los empleos que sufrirán toda una reconversión hacia las industrias renovables.

ANALISTA INTERNACIONAL.