Temas Especiales

29 de Mar de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

Reforma de la escuela rural

En este terreno, la acción educativa debe dirigirse simultáneamente sobre dos frentes: el uno positivo, negativo el otro.

Enunciar el problema de la educación rural en Panamá, es plantear el problema máximo de nuestra cultura, de nuestra economía, de nuestra dignidad y, por tanto, de nuestra supervivencia como pueblo vigoroso, trabajador y civilizado. Sin embargo, todavía existen ‘escuelas rancho', pese a los miles de millones de dólares malgastados en educación, entre 2009 y 2017. Veamos:

La inmensa mayoría del pueblo panameño vive diseminada en los campos. Una gran parte de esa población campesina habita comarcas considerablemente alejadas y aisladas no solo de los grandes centros urbanos, sino de las ciudades secundarias y aún de las pequeñas aldeas. Esa amplia base de población campesina, constituye, al mismo tiempo, la zona de trabajo más necesaria para la economía nacional, por cuanto ella está constituida por miles de familias dedicadas al cultivo de la tierra, al pastoreo de los ganados, a la explotación de las riquezas minerales y de las industrias vernáculas.

La Constitución de Panamá concede la plenitud de los derechos políticos a todos hombres y mujeres con mayoría de edad (18 años), sin discriminación de razas, fortunas o grados de cultura. Este hecho tiene como consecuencia el que todos los panameños que reúnan los anteriores requisitos se hayan incorporados a la actividad democrática de la nación.

El gran problema de la cultura panameña radica en la gran distancia de orden evolutivo que media entre una capa superior de ‘élite' intelectual, económica y social y una gran mayoría popular en estado semibárbaro. La primera vive, piensa y actúa, en general, de acuerdo con las normas que dirigen la actividad de los pueblos modernos; la segunda ha quedado anclada en modalidades de la vida, de pensamiento y de trabajo, cercanas a las que imperaban en los núcleos humanos prehistóricos. Este distanciamiento cultural abre, a su vez, un abismo de incomprensión recíproca y constituye, al tiempo que una situación de inequidad, un peligro latente para la tranquilidad social.

Cualquier acción que se adelante en el campo de la educación rural en nuestra patria, debe fundarse en los hechos anteriormente expuestos y, además, en las siguientes orientaciones:

En nuestro sentir, toda acción educativa debe orientarse hacia tres objetivos fundamentales: el colocar al hombre en posesión de sus propias facultades mentales y físicas (desarrollo); el formar hábitos sanos de conducta y de trabajo (formación); el administrarle un mínimo de conocimientos indispensables para su vida social y su trabajo productivo (información).

El primer fin es primordial, porque sin que el niño haya entrado en posesión de sus propios instrumentos de conocimiento (criterio), de sus propias capacidades mentales (facultades), no podrá tampoco iniciarse por los campos de la disciplina formativa ni de la ilustración de la mente. El segundo objeto es fundamental. A él se refiere todo cuanto entra en el inmenso campo de formación del carácter, de la orientación de la conducta, en una palabra, de la estructuración de la personalidad moral del hombre.

En este terreno, la acción educativa debe dirigirse simultáneamente sobre dos frentes: el uno positivo, negativo el otro. El aspecto positivo se refiere al estímulo de todos aquellos conatos nobles o predisposiciones elevadas que se manifiesten en el carácter del niño. En el frente por el contrario, hacia la lucha contra aquellas inclinaciones malévolas, egoístas y antisociales.

La educación, en ambos frentes enunciados, no puede perder de vista que, en su misma naturaleza, el ser humano es un complejo potencial de los más contradictorios conatos e inclinaciones. La lucha entre el bien y el mal; entre lo justo y lo injusto; entre lo generoso y lo egoísta; entre lo noble y lo vil; entre lo espiritual y lo sensual, se plantea desde los primeros años de la infancia.

El tercero de los fines educativos enunciados mira más a lo que se ha llamado generalmente ‘instrucción'. Es la acción formativa de la inteligencia y tiene por supuesto psicológico el desarrollo de las facultades cognitivas. Todo hombre, cualquiera que sea su medio en que viva, la actividad a que se dedique y la clase social y económica a que pertenezca, necesita ser informado sobre cierto número de nociones fundamentales.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.