Temas Especiales

12 de Aug de 2020

Mayté González S.

Columnistas

Nuevo liderazgo socioambiental en marcha

Sin duda, a partir del presente es posible construir un futuro mejor para todos.

La aspiración de un desarrollo sostenible, inclusivo y con equidad, es posible. La Nueva Agenda 2030 con sus 17 objetivos de desarrollo, el compromiso de la mayoría de los países con los Acuerdos Climáticos de París —salvo contadas excepciones—, y la permanencia de metas para conservar y usar sosteniblemente la biodiversidad son razones de esperanza.

En Panamá, 25 años de educación ambiental han dado sus frutos. La evolución de la institucionalidad ambiental pasando del Instituto de Recursos Naturales Renovables (Inrenare) de los años 80, a la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) en 1998, al actual Ministerio de Ambiente en 2015, evidencia la importancia que la dimensión ambiental va tomando en el quehacer político y económico nacional. La consolidación del MiAmbiente como entidad rectora y de una visión de Estado compatible con el desarrollo sostenible, no con un modelo de crecimiento económico no distributivo, es aún una tarea pendiente, pero con perspectivas positivas de futuro.

Una nueva generación de profesionales panameños sólidamente formados en las ciencias biológicas, sociales, económicas y la tecnología, va delineando una nueva visión de país, de la mano de las exigencias de transformación socioeconómica y planteamiento de nuevos proyectos nacionales.

Para estos nuevos líderes, la antigua dicotomía de conservación versus desarrollo está superada. Si bien los viejos problemas socioambientales no solucionados (pobreza, deforestación, pérdida de hábitats, mal manejo de residuos), se superponen con nuevos retos (ciclos sequía-inundación, rebrotes de vectores y enfermedades asociados a la variación y el cambio climático, ineficiencia hídrica, crecimiento urbano no planificado), los nuevos líderes saben que la educación, la planificación y la tecnología proveen herramientas para compatibilizar las aspiraciones de crecimiento económico con un desarrollo humano, verde e inclusivo.

Estos nuevos líderes no dan por sentado que el Estado no funciona, al contrario, exigen que las instituciones cumplan con su rol. Generan opinión y cuestionan las políticas y a sus políticos tradicionales; creen en la institucionalidad y en la necesidad de revisarla periódicamente. Están convencidos del poder de las redes y las usan. Aparecen en Internet y televisión, no en patéticos programas de bochinches, sino recibiendo premios internacionales, como el caso de Ricardo Moreno galardonado por National Geographic por su trabajo para la conservación del jaguar. Estos líderes socioambientales trabajan a lo largo de todo el país, como la doctora Arlene Calvo, estableciendo un diálogo sobre ciencia y salud pública con los ngäbe-buglé, o los biólogos José Berdiales y Andrés Fraiz restaurando bosques de manglar; o Jacinto Rodríguez haciendo ciencia comunitaria a partir de la protección de tortugas. Gente como Paul Donato o Erika Ender inspirando a los jóvenes panameños desde el ‘coaching' y la música para que perseveren y trabajen duro para convertir sus sueños en realidades.

El nuevo liderazgo socioambiental de Panamá no busca ‘puestos', sino generar ‘procesos' transformacionales y este es un cambio radical. Así como las instituciones evolucionan, también evolucionan las exigencias y expectativas de la sociedad. La era de los ‘Panama Papers' gradual pero irreversiblemente cederá, para dar paso a una nueva generación de líderes y proyectos que superan con mucho los trasnochados contubernios de la politiquería burda y sus cantos de sirena. Sin duda, a partir del presente es posible construir un futuro mejor para todos.

ESPECIALISTA EN AMBIENTE Y DESARROLLO.