La Estrella de Panamá
Panamá,25º

16 de Oct de 2019

Kyungsun Kim

Columnistas

Panamá: prevenir la violencia contra los menores de edad: asunto de todos

¿Cuál es su entorno protector? ¿Dónde aprende y quién le enseña a diferenciar qué es una acción violenta, si esto es lo que vive en su día a día?

Este artículo de opinión debe comenzar reconociendo lo difícil que es hablar sobre violencia en tan solo 600 palabras, y mucho más cuando se trata de violencia contra niñas, niños, y adolescentes. Durante las dos últimas décadas, América Latina ha dado pasos significativos en robustecer sus sistemas de protección de niñez y en crear mecanismos que proactivamente trabajen por estrategias y planes de prevención de violencia. Sin embargo, como ciudadanos, hemos adquirido una característica común: la violencia la hemos normalizado, banalizado y hecho parte —no gratamente— de nuestras vidas. Pareciera inclusive, que estuviéramos desarrollando un tipo de resistencia a ella, pues, hasta que no vemos sus peores consecuencias, no la reconocemos como lo que es.

Ante este contexto y teniendo en cuenta que para el año 2018, el Instituto Nacional de Estadísticas de Panamá proyecta que 31.4 % de la población tendrá menos de 18 años de edad, es nuestro deber preguntarnos ¿cómo afecta a las niñas, niños y adolescentes del país esta normalización de la violencia?

La vida de un niño, transcurre principalmente en tres entornos: el hogar, la escuela y la comunidad. Debido a la delgada línea divisoria entre ellos, las consecuencias de la violencia se pueden transpolar fácilmente entre un entorno y otro. Es decir, si un niño está siendo víctima de violencia en su hogar, es muy probable que en su escuela reproduzca estas conductas, o se vuelva más vulnerable a ser víctima de acoso escolar. Si a esta situación se le suma un contexto comunitario en el cual existen pandillas, es fácil el acceso a drogas y armas y no existen espacios recreativos seguros. ¿Cómo esperamos que sea el desarrollo de la vida de esta persona? ¿Cuál es su entorno protector? ¿Dónde aprende y quién le enseña a diferenciar qué es una acción violenta, si esto es lo que vive en su día a día?

En Panamá, el Centro de Estadísticas del Ministerio Público informa que entre enero y julio de 2017 ha ingresado a los cuatro Distritos Judiciales un total de 8107 casos de denuncia de violencia doméstica y 1334 casos de maltrato al niño, niña o adolescente. Respecto a los delitos contra la integridad sexual, esta misma institución registró que el 88 % (2987) de las víctimas de delitos sexuales eran personas menores de 18 años, siendo 1270 (42.5 %) de ellas, víctimas de pornografía infantil. Por diversos motivos, tales como el miedo, la vergüenza, las amenazas, la falta de confianza en las autoridades o la ausencia de ellas, el subregistro de este tipo de delitos es muy importante.

Este año, el Comité Nacional Intersectorial para la Prevención de la Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes (Coniprevinna), apoyado por Unicef, realizó un Análisis de Situación de Violencia contra la Niñez y Adolescencia en algunos distritos del país. Sus resultados y recomendaciones serán las bases para la elaboración de una Estrategia Nacional de Prevención de Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes. No obstante, debemos recordar que la prevención de la violencia debe ser un asunto de todos, y la mejor manera de asumir esta responsabilidad ciudadana es reflexionando y reconociendo la violencia contra la niñez y la adolescencia como lo que es. Negarla, subestimarla u omitirla no la desaparece, sino todo lo contrario, la perpetúa. ¿Si nosotros como adultos no queremos vivir en entornos violentos, por qué esperaríamos que una niña o niño sí?

REPRESENTANTE DE UNICEF PARA PANAMÁ.