Temas Especiales

22 de Oct de 2020

Berna D. Calvit

Columnistas

La pregunta del millón

‘[...] ¿Tenemos en la oferta política algún candidato con el temple y las convicciones de José Mujica, expresidente de Uruguay?'

Estreno con alegría esta columna dominguera. La Estrella de Panamá vuelve a publicarse la semana completa; la voluntad de sus directivos y la solidaridad de muchos se impusieron sobre la injusticia. No hay mejor día para expresar mis preocupaciones ante perturbadores señales referentes al proceso electoral 2019. Desde hace varias décadas el menú político se ha ido degradando; esto no es casual sino ‘fríamente calculado' (como diría Chespirito) para provecho de los que se sirven egoístamente del poder en perjuicio de su pueblo. La política debería ser, según una de las más sencillas definiciones, ‘…el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. También es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Es un quehacer ordenado al bien común'. Esta responsabilidad ‘no es cosita de comer' pero poco a poco ha ido calando el concepto, apadrinado por los partidos políticos, de que cualquiera puede ser dirigente político; que basta con ser popular, cara conocida de la tevé, farándula, deporte o medios de comunicación; ser adinerado o tener linaje político familiar. Son muchos los ejemplos del coqueteo entre farándula y política en Panamá y en otros países. No es objetable que un ciudadano en alguna de las actividades que despiertan nuestro entusiasmo aspire a un rol político. Lo rechazable es que los partidos endosen candidatos ‘impresentables' solo por ser populares, aunque carezcan de las competencias para los cargos. Se ha banalizado tanto la política que no son la preparación intelectual, profesional o el conocimiento de las ciencias políticas, de los problemas del país ni una limpia trayectoria ética y moral las que definen las candidaturas. La selección de candidatos bajo parámetros mediocres, superficiales y hasta turbios, explica la pobre calidad y la corrupción en la administración del país.

‘Es repudiable que los candidatos se sirvan de lo emocional para manipular a los votantes; para evitar que sea el análisis racional el que los guíe'

Hace pocos días la archifamosa Oprah Winfrey fue galardonada con el premio Cecil B. DeMille por su exitosa carrera; el emotivo discurso que pronunció en la ceremonia despertó más entusiasmo por su posible candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos; en entrevista hace varias semanas dijo Winfrey que ‘nunca había considerado esa posibilidad pero si Trump pudo…'. Discrepo con este argumento que, a mi parecer, cojea severamente si considera la conducta del grotesco personaje estímulo válido para aspirar a la Presidencia de su país. Trump encandiló a parte de la población con su constante exposición en los medios, su inmensa fortuna y su bocaza con promesas a resentidos y prejuiciados sectores de la población. El resultado de su elección es conocido; no ha podido cumplir lo prometido a sus electores; su egolatría, ignorancia en relaciones diplomáticas, historia, ¡y hasta en geografía básica!, etc. mantienen a su país (y al mundo entero) en constante zozobra.

‘Lo rechazable es que los partidos endosen candidatos ‘impresentables' solo por ser populares, aunque carezcan de las competencias para los cargos'

En nuestro patio es fácil ubicar individuos que, carentes de preparación para los cargos, cultivaron votantes llorando en televisión; ‘poniéndose a la par'; repartiendo bolsas de arroz; por ser el paga-entierros, bautiza-niños y costea-jolgorios del pueblo; por patéticas payasadas en programas de televisión. Y para lo que viene, en fiestas de barrio con indecente meneo (‘perreo'). Es repudiable que los candidatos se sirvan de lo emocional para manipular a los votantes; para evitar que sea el análisis racional el que los guíe. Decidir nuestros votos con tan pobres criterios es irresponsabilidad política que tiene amargo costo que pagaremos los que tomamos en serio la importancia del voto que incide en nuestras condiciones de vida. En el artículo ‘Es un problema cultural' ( La Estrella de Panamá , 15/1/2018), el columnista vecino, Ernesto Holder, dice ‘…y ha quedado en evidencia el bajo nivel cultural de las clases que ejercen el poder político y económico en nuestro país, muy evidente en los últimos años'. Y qué decir del nivel moral y ético de una caterva de aspirantes que actualmente escudan con el fuero electoral historiales de rapiña e indecencia.

Está pendiente derogar leyes que facilitan la corrupción y la impunidad. No veo señales de que exista la voluntad de tomar este camino pero nosotros, los ciudadanos de a pie, los votantes, tenemos ‘la sartén por el mango': el rechazo a todos los corruptos y los ineptos. Empecemos por cerrar ya el paso a ‘los malos conocidos' y a exigir para el 2019 candidatos honestos, capacitados para el servicio público y para defender la dignidad de nuestro país. La pregunta del millón: ¿Tenemos en la oferta política algún candidato con el temple y las convicciones de José Mujica, expresidente de Uruguay? Si saben de alguno, me lo hacen saber. Panamá necesita uno así.

COMUNICADORA SOCIAL.