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26 de Oct de 2020

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Ariel Banqué Estrada

Columnistas

Matrimonio civil, no religioso

‘[...] el Estado debe reconocer la dignidad, la integridad y el proyecto de vida de las personas [...]'

El matrimonio al que aspiran es civil y no al de efectos religiosos, lo digo, a propósito del revuelo y las manifestaciones de intolerancia de los detractores de la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, referente al mal llamado matrimonio igualitario. En razón de que no conciben el interés de casarse que tienen las personas LGTBI; y lo que es peor, son los argumentos obcecados que, abrazados a la religiosidad, desestiman todo razonamiento en derecho de quienes salen en su defensa.

Ahora bien, partiendo de la premisa de que todas las personas tienen derecho a ser felices, y que esto implica ser libres e iguales ante la ley, las normativas deben ser iguales para todos y su aplicación no debe depender de si alguien es heterosexual o no, lo que se resume en tener el mismo derecho con la misma denominación, es decir: MATRIMONIO CIVIL para los seres humanos.

‘Que el matrimonio entre personas del mismo sexo es retar a Dios'. Señores, las personas, en su derecho a la libertad, tienen la facultad de creer o no en la existencia de un todopoderoso-sobrenatural, de igual modo, pueden escoger a la persona (adulta y capaz) con la que quieran tener una relación sin importar cuál sea su sexo.

‘Que los gais buscan destruir las familias y la Iglesia'. Sepan, pues, que las familias panameñas desde siempre han atravesado problemas de desintegración real, por la falta de comunicación, la violencia intrafamiliar, las adicciones, las depresiones y los abusos sexuales. ¿Cuántas veces has pensado que tu familia se está autodestruyendo?

En cuanto a la Iglesia, desde sus inicios ha estado cargada de males y no son precisamente por la falta de oraciones, lo que sí es muy cierto es la proliferación de pastores tras el dinero de los creyentes y las innegables denuncias de pederastia que algunos guardan bajo las sotanas. Sepamos que ni la gloria ni los desastres en la familia y la Iglesia dependerán del matrimonio civil entre personas del mismo sexo.

‘Que les permitan una unión civil, mas no hablar de matrimonio'. La palabra ‘matrimonio' es solo eso, una palabra y su uso en las relaciones de las personas LGTBI no afecta en nada la convivencia de los heterosexuales ni su propiedad ni su fe que es individual; además, si el Estado instituye una figura especial para consagrar las relaciones entre personas no heterosexuales, estaría eternizando y recordando la marcada división entre relaciones conyugales a razón de las preferencias sexuales de quienes las conforman, lo que implica una segregación institucionalizada.

Tengamos presente que el matrimonio no solo garantiza la reproducción entre seres humanos, pues además, protege la contribución de los cónyuges en el hogar, como también los derechos a heredar, la facultad de decidir sobre la salud de su pareja y entre otras cosas, la facilidad para adquirir créditos hipotecarios en conjunto, asegurarse y hasta la posibilidad de asegurarse una pensión de sobrevivientes.

Que existirán divorcios entre parejas del mismo sexo, pues sí, como también se efectuaron 4360 divorcios en Panamá en el año 2016, todos solicitados por parejas heterosexuales; sobre el temor a la extinción de la población panameña, las estadísticas del 2016 reflejan que en Panamá ocurrieron 75 184 nacimientos y, desde el 2012 en adelante, las estadísticas de nacimientos en nuestro país se mantienen por encima de los setenta y cinco mil alumbramientos anuales.

Seamos más solidarios y menos excluyentes, más objetivos y menos pasionales; comprendamos que el Estado debe reconocer la dignidad, la integridad y el proyecto de vida de las personas y que el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, no ataca a las familias panameñas ni al matrimonio ni a la religión, es solo un tema de igualdad ante la Ley.

ABOGADO