La Estrella de Panamá
Panamá,25º

17 de Oct de 2019

Lucrecia Herrera

Columnistas

Gracias, maestros y profesores panameños

Creo que ya mis buenos y queridos maestros han muerto, pero a todos los recuerdo con mucho cariño y agradecimiento

Hace muchas horas tenía en mente este mensaje para mi ‘Estrella', gracias, maestros y profesores de mi país. Tengo que decirlo en voz alta, porque sin ellos no estaría escribiendo lo que siento.

Recuerdo a mi maestra Petra Alpírez de I°, oriunda de Chepo, que fue a trabajar a San Félix, mi Patria chica en el Oriente Chiricano, menuda, trigueña, dulce, igual que mi maestra Francisca Andrión de Mendieta, de Penonomé, fue mi maestra de III°, blanca, hermosa, casada, llegó al pueblo con su mamá y tres hijos pequeños, con sus pocos muebles alquiló una casita humilde cerca de la escuela. ¿Salario? En aquel entonces de B/.60.00 a B/.90.00, tenía una niña de unos tres años discapacitada. La maestra Gilma Guevara de Lasso de V°, esposa del director, Ricardo Lasso, que, junto con Benjamín Quintero de la Arena de Chitré, hacían un mundo diferente en la escuela y la comunidad, palo y puerco encebado que nunca habíamos visto. Gozábamos.

El profesor Ricardo Lasso, después fue director nacional de Educación y ministro Encargado. Creo que ya mis buenos y queridos maestros han muerto, pero a todos los recuerdo con mucho cariño y agradecimiento.

En la secundaria, Dídimo Ríos, exrector del Instituto Nacional, Marina Hernández de Santiago, Matilde Gómez del Darién, Jaime Riera, Domínguez, Eulogio Quintero que después fue director del Instituto José Dolores Moscote, Inés María Montero de Español, Sara Elisa de Rivera que me dedicó una hermosa poesía que aún conservo, Luis Oscar Miranda, Ana María Nelson ambos de Español, la señorita Ofelia Hooper de Cooperativismo y muchos otros buenos profesores que también recuerdo con mucho cariño y agradecimiento, como Luis Salvador Salvat de Ciencias.

En la Universidad para qué contarles, Rafael Moscote, Ovidio De León de Chepo, Gil Blas Tejeira, penonomeño, que después le otorgamos un Doctorado Honoris Causa a nombre de la Universidad de La Paz que tiene mucha historia linda que contar, la Dra. Otilia Arosemena de Tejeira, Ricaurte Soler, chiricano, una profesora alemana de música Sdenka que, como era única por falta de profesores de Música, tenía como 200 estudiantes, a quien los estudiantes le hacían mucha travesura firmando su nombre y ponían además ‘Jorge Negrete, María Félix' y la pobre profesora se cansaba llamando a esas personan ausentes.

¡Qué tiempos aquellos! Usted también los recuerda cuando pagábamos 0.05 en la chiva, pero nunca hubo quemados como el 23 de octubre, en el bus 06 frente a la antigua lechería, qué tristeza!

Bueno, reitero las gracias y recuerdos reprimidos a todos mis enseñantes tan pasivos y conformes con lo que el Ministerio les proporcionaba, galones de tinta, plumas de palo, plumillas, chenopodium para las lombrices que nos daba el Minsa, Aralen para la malaria, en fin, siempre íbamos contentos a la escuela.

¡Gracias queridos educadores, mil gracias!

DOCENTE Y PERIODISTA.