La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Los carnavales del carrizo

‘[...] los carnavales [...] se han ido al carrizo por culpa del narcotráfico [...], atentan contra el país: tanto las bebidas alcohólicas [...], como las drogas'

El precio de un pedacito de dos pulgadas de un carrizo con droga es igual al de una pinta de cerveza: un dólar. Pareciera insignificante, pero el precio que sufre la sociedad panameña por la diversidad de trastornos que se originan en casi todo el país es enorme y terrorista.

Estamos en carnavales y me imagino a los empacadores de estos inhalantes emergentes como el ‘Shabú' (metanfetamina), no duermen produciendo su fatal mercancía. Este inhalante está causando estragos en Asia y los Estados Unidos de América y ahora en Panamá. No fui al Ministerio de Salud a pedir cifras sobre toxicología porque me parece que podría entorpecer los tratados que allí realizan por el daño de la comida chatarra y de las dañinas bebidas azucaradas.

Al estilo del gringo Alan Greenspan, quien fue 20 años presidente de la reserva federal de los EE.UU., que se metía tanto en un salón de belleza o en cualquier bar, para ver cómo iba la vaina, así mismo he hablado con ‘disyoquis' de ahora y me han dicho que cada vez que ellos actúan la fumarola, o la nube de humo en las discotecas, los pelaos aprovechan para sacar sus respectivos carrizos e inhalarlos por la nariz.

Los que hacen fiestas, tanto en campos como en cabeceras provinciales, están por cobrarles coimas a los encargados del menudeo de la droga, porque se venden más carrizos que cervezas.

Este carrizo no tiene olor como la mariguana que huele a cucaracha machacada con cutarra, por eso es más atractivo el consumo. Los críticos dicen que con esta nueva y barata droga tienen que pagar más por el barrido de los locales porque dañan las aspiradoras y las escobas de paja se rehúsan a barrerlas con eficiencia.

Mucha gente vieja como yo, dice que los muchachos de ahora que se meten estas ‘porquerías' por la nariz amanecen despiertos después de las fiestas con ganas de más bulla, pero se les nota sangrado en sus fosas nasales y un constante ‘espavilamiento' en el cuello, mirando incesantemente para todos lados, cuan meracho en rama seca.

Resumiendo, los carnavales panameños se han ido al carrizo por culpa del narcotráfico legal e ilegal, ambos atentan contra el país: tanto las bebidas alcohólicas en exuberancia, como las drogas.

Me alegra mucho que la Iglesia no acepte donaciones de estos orígenes. El Estado debería prohibir la presencia de menores de edad en ciertos locales carnestoléndicos de: Panamá, Penonomé y Las Tablas. ¡Ah!, y de Capira.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.