La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

En camisa de once varas

El sentido común es la ‘capacidad de una persona para decidir y actuar acertada y razonablemente'

En el centro de la discusión el argumento principal era la falta de sentido común. Una imprudencia como las muchas que seguramente sucedieron en los días del carnaval era la razón. ‘¿Pero qué tienes en la cabeza, no tienes sentido común?'. Era el reproche al joven con el brazo enyesado envuelto en plástico que no pudo resistirse a la mojadera colectiva; y no hace falta imaginación para saber el resultado del agua lanzada con manguera desde enormes camiones cisterna, adulteración de las simpáticas mojaderas de antaño que se hacían con totuma o platones. Alguien dijo que ‘El sentido común es el menos común de los sentidos' y observe que nunca se dice ‘buen sentido común' ni ‘mal sentido común'. Como es ‘común' todos deberíamos tenerlo, pero como que anda mal repartido. Este sentido, único, sirve para evitarnos una buena cantidad de problemas, pero parece que algunos no lo tienen; en otros escasea, y a los que lo tienen de vez en cuando les falla, algo frecuente en asuntos de amores y de dinero. El sentido común es la ‘capacidad de una persona para decidir y actuar acertada y razonablemente'; por lo tanto, implica la necesidad de echar a andar la máquina de pensar; esta explicación que me parece acertada ha merecido enjundiosos análisis en varios campos (filosofía, psicología, sociología, teología, etc.); o sea, que en su aparente sencillez hay procesos y aspectos que si son obviados, nos pueden meter en ‘camisas de once varas' o en penosas ‘metidas de pata'. Tomar decisiones con sentido común es lo aconsejable, pero para muchos es más cómodo que otros piensen y decidan por ellos, lo que tiene malas consecuencias (especialmente en política). Si ese candidato con pésimos antecedentes políticos, pillo de siete suelas le pide el voto o apoyo, ¿qué le indica el sentido común? Que es un truhan, incorregible, que no es fiable. Pero entonces entran en el cuadro nuestras debilidades: ignorancia, prejuicios, el ‘¿qué hay para mí?', carencia de valores, etc. ¡Y a la porra el sentido común!

Si el sentido común se usa como el sombrero, que se quita y se pone, nos corremos el riesgo de ignorar las banderas rojas de advertencia (no se meta al mar, hay peligro) y nos exponemos a situaciones incómodas, de riesgo. El libre albedrío (tema controversial) lleva a algunos a escoger vivir ‘en el filo de la navaja'; el sentido común para ellos es tontera, le quita emoción a la vida y esto ya es otra historia. No he podido averiguar si la ausencia de sentido común es un mal congénito o si es algo así como una enfermedad infectocontagiosa. Hablar sin haber hecho el enlace cerebral que debió ser paso previo a la expresión verbal lleva derechito al barranco de la torpeza. La falta de sentido común en lo doméstico puede tener consecuencias trágicas como, por ejemplo, dejar niños pequeños solos con fósforos al alcance de sus manitas. Proporciones guardadas es lo que sucede cuando falta ese sentido en los responsables del bienestar ciudadano, la paz social, la salud del pueblo, error de alto costo haberles dado ese poder. No citaré nuevamente cifras de lo alarmante de embarazos precoces que van en aumento y, muy grave, cada año más a edades tan tempranas como 10, 11, 12 años. ¿Qué se observó en las tomas que pasaron las televisoras durante el carnaval? A cientos de jóvenes sin inhibiciones sexuales en público, meneos, besuqueos, tocadera, etc. Solo imagine lo que sucede fuera de cámara. La justificación de las televisoras es siempre que ‘solo muestran la realidad' y no dejan de tener razón, aunque hacerlo no contribuye positivamente, no educa. Y a este punto me lleva lo que empezó con un brazo enyesado. ¿Qué tienen en la cabeza los diputados que se niegan a aprobar la ley sobre salud sexual y reproductiva para ‘... establecer las bases normativas generales para el reconocimiento, la garantía, la protección y atención de la salud sexual y la salud reproductiva con énfasis en la formación integral de la persona, respetando su dignidad, etc.'? ¡Es su obligación! El sentido común debería indicarles que la juventud necesita ya, sin perder más tiempo, educación en sexualidad responsable, sana, madura. Pero prejuicios desfasados y la presión de religiosos (algunos fanáticos) han logrado aplastar el sentido común de la mayoría de los diputados por el mezquino interés de negociar votos para la próxima campaña electoral. ‘Los intereses particulares hacen olvidar fácilmente los públicos', dijo Montesquieu, escritor y político francés.

COMUNICADORA SOCIAL.