Entre la sobriedad y la tensión política, Asfura inicia su mandato en Honduras

  • 27/01/2026 14:03
La ceremonia apenas duró una hora, en la sede parlamentaria de Honduras, - a diferencia de sus antecesores que asumían el poder en un gran estadio de fútbol en actos excesivamente adornados.

En el pequeño Parlamento, sin apenas protocolo ni jefes de Estado pero arropado por sus simpatizantes. Así ha tomado posesión este martes el conservador Nasry ‘Tito’ Asfura como presidente de Honduras hasta 2030.

Asfura accedió al hemiciclo sin pasar por el pasillo de honor -donde estaba la prensa y desfilaban los invitados - vestido con un sencillo traje azul oscuro y de la mano de su esposa, Lissette Del Cid, de blanco. Con una visible timidez saludó a los pocos presentes en el evento y al nuevo presidente del Parlamento.

La ceremonia apenas duró una hora, en la sede parlamentaria de Honduras, - a diferencia de sus antecesores que asumían el poder en un gran estadio de fútbol en actos excesivamente adornados y largos - con la comunidad internacional representada por los cuerpos diplomáticos.

El nuevo mandatario hondureño se acomodó en un protocolo básico con el canto del himno nacional, la bendición de la Iglesia, el resguardo de cadetes militares, la juramentación de la Constitución y, por supuesto, la imposición de la banda presidencial azul y blanco.

Su discurso fue también escueto y directo, acorde con el evento. Sin excesivos saludos protocolares, Asfura abordó en 12 minutos la reducción estatal, la seguridad, la salud y la economía, algunos de los principales retos de su Administración, aunque también hizo guiños a la “paz”.

Política nacional “Honduras no te voy a fallar, vamos a estar bien. Dios los bendiga a ustedes a sus familias, dios bendiga a Honduras”, dijo Asfura ante un sencillo atril transparente.

No hizo menciones a la comunidad internacional, ni siquiera a Estados Unidos - con el apoyo apresurado que le dio antes de las elecciones- tampoco al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (2014-2022), de la misma formación política que Asfura e indultado por el presidente estadounidense, Donald Trump, de su condena de narcotráfico en 2024, un día después de los comicios que ganó el ahora mandatario hondureño.

Y su primer acto como presidente fue firmar un decreto para poner en venta el avión presidencial, adquirido durante la Administración de Juan Orlando Hernández y que no utilizó la presidenta saliente, la izquierdista Xiomara Castro (2022-2026).

Durante toda la investidura, Asfura se persignó en constantes ocasiones, sin apenas separarse se su esposa, la ahora primera dama. Inclusive, los últimos minutos de los 12 que duraron sus palabras decidió narrar una oración católica.

Un baño de masasMientras que el Parlamento estaba levemente decorado y sin mucha presencia, las calles que rodean el poder Legislativo estaban, por su contrario, abarrotadas de simpatizantes con banderas de Honduras al grito de “Sí se pudo”, frente a un fuerte despliegue militar custodiando la zona desde hace días.

Tras ser investido como presidente, Asfura recorrió el pasillo donde le esperaban los medios de comunicación y, subido a una pequeña tarima, repitió con fuerza: “Honduras vamos a estar bien”. Y bendijo, otra vez.

Sin pararse a hablar con la prensa, el nuevo mandatario hondureño, un empresario de la construcción de origen palestino, se dirigió con prontitud a otro escenario, exterior, contiguo al Parlamento, donde fue recibido entre vítores por la masa de ciudadanos.

Asfura asumió como nuevo presidente de Honduras tras un complejo proceso electoral marcado por la tensión política, el atraso de un mes en dar los resultados oficiales de los comicios del 30 de noviembre y la ajustada ventaja frente a su contrincante Salvador Nasralla, del también conservador Partido Liberal.

El mandatario llegó al poder sin el respaldo del Gobierno saliente, liderado por Xiomara Castro (la primera mujer en ser presidenta de Honduras), pues el izquierdista Partido Libre denunció fraude electoral, lo que elevó el ambiente hostil durante semanas entre frustrados intentos de movilización y sin el respaldo de los observadores internacionales.

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