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14 de Oct de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

El mito de la sobrepoblación

‘A pesar de que la realidad histórica palpable se ha encargado de refutar el malthusianismo [...], la idea central continúa permeando gran parte del discurso político actual'

Cuando estudié en la escuela, la amenaza de la superpoblación mundial era parte importante del currículo en las asignaturas correspondientes a las ciencias sociales. La llamada bomba poblacional, proyectada en la década de 1960 y en décadas subsiguientes para el mundo entero, estaba llamada a resultar en miseria creciente para la población de todo el mundo, consecuencia de cada vez mayor escasez de recursos. La expresión fue popularizada en la psique colectiva luego del aclamado libro de Paul Ehrlich de 1968, así titulado.

‘[...] según Malthus, [...]. La miseria generalizada, con hambrunas sistemáticas, progresivas e insolubles, estaba garantizada'

En dicho libro el Prof. Ehrlich, de la Universidad de Stanford, predecía que para la década siguiente (1970) sería inevitable que cientos de millones de personas en el mundo perecerían por hambrunas debidas a la falta de alimentos suficientes para la creciente población. El mismo año 1968 se fundaba el Club de Roma, que publicó cuatro años después Los límites de crecimiento, un reporte que, en la misma línea de Ehrlich, postulaba que debido al inevitable agotamiento de los recursos naturales, el mundo se abocaba a un estancamiento y posterior contracción económica. Las ideas del Club de Roma y de Ehrlich fueron profundamente influyentes en las políticas públicas de muchos países, incluyendo una de las más nefastas políticas públicas implementadas a gran escala en el Siglo XX, como lo fue la Política de Hijo Único de la República Popular China, establecida en el año 1979.

Cincuenta años después de la publicación del libro de Ehrlich y de la fundación del Club de Roma, es evidente que el apocalipsis que estos daban por inevitable no se dio. Al contrario, la pobreza en el mundo se ha reducido de manera drástica, al igual que la desnutrición y mortalidad infantil, y en el mismo período han mejorado y continúan haciéndolo todas las métricas de desarrollo humano. La mortalidad infantil, por ejemplo, era de 18.5 % en el mundo en el año 1960, en tanto que la data del Banco Mundial para 2015 indica que es de 4.3 %, y bajando. La pobreza extrema en 1960 era de 1.95 millardos de personas, que constituía en ese entonces el 65 % de la población mundial. En el año 2015, solo 705 millones de personas estaban en pobreza extrema, es decir, 9.6 % de la población mundial. Y eso que en el ínterin, la población del planeta aumentó de tres a más de siete millardos de personas, lo que, según los neomalthusianos, debió haber traído miseria generalizada.

‘Cincuenta años después de la publicación del libro de Ehrlich y de la fundación del Club de Roma, es evidente que el apocalipsis que estos daban por inevitable no se dio'

¿Qué ocurrió? ¿Por qué no se dio la catástrofe que Ehrlich y otros muchos expertos daban por inevitable? Las ideas de la bomba poblacional y del límite al crecimiento son casos de neomalthusiansmo. Thomas Robert Malthus expuso su teoría poblacional en el año 1798. Su tesis era simple: la población se reproduce y crece de manera exponencial, mientras que la capacidad de producir alimentos aumenta solo de manera aritmética. Esta presión por producir más alimentos llevaría a la explotación de tierras adicionales, pero asumiendo que las mejores tierras estaban ya siendo explotadas, las nuevas serían siempre menos productivas en el margen. El resultado, según Malthus, era que la sobrepoblación del planeta acarrearía un estrangulamiento de la capacidad para producir no solo alimentos sino otros productos necesarios para el sostenimiento de la vida humana. La miseria generalizada, con hambrunas sistemáticas, progresivas e insolubles, estaba garantizada.

Las predicciones de Malthus se basaban en dos premisas falsas. La primera de ellas, que la tecnología de producción de alimentos es invariable. Obviamente esta premisa ignora la realidad de los crecientes aumentos en productividad debidos a, entre otras cosas, continuos avances tecnológicos. La segunda premisa falsa de Malthus era la de las tendencias demográficas constantes. Esto no contaba con el hecho observado universalmente de que a medida que las sociedades se urbanizan, las familias optan por tener dos hijos en vez de siete o más, fenómeno al que se conoce como la transición demográfica.

A pesar de que la realidad histórica palpable se ha encargado de refutar el malthusianismo una y otra vez, la idea central continúa permeando gran parte del discurso político actual. Su rotundo fracaso y el desastre causado por políticas inspiradas en dicha doctrina, como la Política de Hijo Único de China, deben servir como advertencia frente a la idea de que en materia sociopolítica debemos obedecer siempre a los expertos, especialmente cuando nos dicen que si no les hacemos caso, vendrá el diluvio.

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