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18 de Oct de 2019

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

Venezuela: cómo se asesina al Derecho Internacional

‘Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar a la América de miserias en nombre de la libertad', Libertador Simón Bolívar

‘Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar a la América de miserias en nombre de la libertad', Libertador Simón Bolívar.

(Fragmento del ensayo ‘Venezuela, una intervención imposible'. Red Voltaire, ALAI-Amlatina, Resumen Latinoamericano).

La intervención que EE.UU. está promoviendo contra Venezuela con la complicidad del Grupo de Lima, integrado por doce países (menos de la mitad de la OEA), entre los cuales aparece vergonzosamente Panamá, es una empresa ilegítima e imposible, porque viola escandalosamente la Carta de la OEA, la Carta de la ONU y el Derecho Internacional (DI).

La violación colectiva del DI cubre décadas de acciones ilícitas desde que Hugo Chávez llegó al poder y EE.UU. empezó a perder sus ventajas y canonjías petroleras.

Pese a su insuperable desprestigio, la Carta de la OEA consagra principios de DI que imposibilitan la intervención individual o colectiva de sus miembros en los asuntos internos y externos de otros Estados y que son, mutatis mutandi , los mismos principios de la Carta de la ONU, entre otros:

1.— Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga (Artículo 3, literal e).

2.— Las controversias de carácter internacional que surjan entre dos o más Estados americanos deben ser resueltas por medio de procedimientos pacíficos (Art. 3, literal i).

3.— Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen (Art. 19).

4.— Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener de éste ventajas de cualquier naturaleza (Art. 20).

5.— El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, cualquiera que fuere el motivo, aun de manera temporal. (Art. 21).

6.— Los Estados americanos se obligan… a no recurrir al uso de la fuerza, salvo el caso de legítima defensa, de conformidad con los tratados vigentes o en cumplimiento de dichos tratados (Art. 22).

7.— Ninguna de las estipulaciones de esta Carta se interpretará en el sentido de menoscabar los derechos y obligaciones de los Estados miembros de acuerdo con la Carta de la ONU (Artículo 131).

La llamada Carta Democrática de la OEA no es aplicable contra Venezuela, porque la ‘democracia representativa' que quiere sacralizar está en conflicto con el Artículo 103 de la ONU, que prevalece sobre la OEA: ‘En caso de conflicto entre las obligaciones contraídas por los Miembros de la ONU en virtud de la presente Carta y sus obligaciones contraídas en virtud de cualquier otro convenio internacional, prevalecerán las obligaciones impuestas por la presente Carta'.

La Carta de la ONU no menciona la ‘democracia representativa' (que la Carta Democrática quiere consagrar) como un modelo político obligatorio para sus miembros, porque el organismo reconoce que existen diversas formas de organización política de Estados y Gobiernos, entre ellos las repúblicas y las monarquías (democráticas o no, presidencialistas o parlamentarias), los principados, etc. Por consiguiente, la Carta Democrática es inaplicable y no puede invocarse en la región.

Pero la República Bolivariana de Venezuela supera con creces a las llamadas democracias representativas (es democracia participativa y protagónica) y es uno de los países más democráticos, como lo demuestra su experiencia actual (veinte elecciones en pocos meses), constatadas por la ONU, organismos internacionales de DDHH y personalidades de prestigio (Fundación Carter), entre otros.

Sin embargo, EE.UU. y sus secuaces y cipayos del Grupo de Lima perseveran para violar el DI, pese a que en la OEA ni siquiera lograron su respaldo para esta aventura descabellada (los países independientes del Caribe lo impidieron) y casi la totalidad del Grupo de Lima viola normas que garantizarían mínimos requerimientos siquiera para una elemental gobernanza democrática.

A raíz de las Torres Gemelas (11 Septiembre 2001), el presidente Bush declaró por televisión que EE.UU. se apartaría del DI y señaló que no respetaría la soberanía de ningún país. No mintió. Pregúntenle a Irak, Afganistán, Libia y Siria. Pero, ¿por qué nosotros?

EL AUTOR ES ANALISTA INTERNACIONAL, EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR, EXAGENTE DE PANAMÁ ANTE LA CORTE INTERNACIONAL DE LA HAYA Y DIPLOMÁTICO DE CARRERA.