La Estrella de Panamá
Panamá,25º

18 de Oct de 2019

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

Las elecciones del 2019

‘[...] la creencia [...] en las colectividades políticas sufre deterioro, lo que es perjudicial para el buen funcionamiento de la administración pública'

A buena hora nos acercamos a un nuevo periodo electoral. En la población, se respiran deseos de cambio. Hay desánimo generalizado por aquello de la justicia panameña y por todo lo que representa el aparato institucional, con el Gobierno central a la cabeza. Peor aún y para desmedro de la vida democrática, la creencia de la gente en las colectividades políticas sufre deterioro, lo que es perjudicial para el buen funcionamiento de la administración pública.

Aunque no se cree mucho en los políticos, por lo menos así se dice, es seguro que la población asistirá masivamente a la urnas para elegir a sus representantes en el 2019. Es la oportunidad para ejercer la actitud sancionadora contra quienes, en la actualidad ostentan el poder, pero también contra los que, en los cinco años anteriores, llenaron sus bolsillos y mochilas de los dineros del erario.

Vivimos un tétrico panorama que se agrava, pero hay oídos sordos en los que gobiernan. Los desfalcos fueron enormes y las novedades lacerantes al respecto no cesan. Ahora aparecen las auditorías de las juntas comunales y municipios con una posible lesión que supera los 25 millones. Hablamos del periodo 2009-2014. Pero, para el común del panameño, nada va a ocurrir, menos cuando el escenario electoral que se acerca servirá de manto para encubrir y, por tanto, para olvidar.

Hay quienes piensan que la política sigue desprotegida de la ética y de la moral, aunque habría que aclarar que no es la política, sino los políticos. Aunque es más justo decir: algunos políticos. El manejo de la cosa pública, ejercicio este tan esencial para la equidad de los servicios que debe recibir la población, ha sido usado para el enriquecimiento desmedido y rapaz. Y cuando no es la corrupción, es el manejo desacertado y el método poco adecuado para desarrollar los proyectos sociales, como es el caso de la Renovación en Colón, aunque no solo este.

Lo que viene ocurriendo tendrá hacia futuro nefastos resultados para la vida democrática, si es que de democracia se puede hablar. La pregunta es: ¿hasta dónde va a llegar todo esto? La resistencia para los cambios de fondo y la incapacidad gubernamental, coadyuva con el acelerado deterioro del modelo de gobernar. Y la esperanza de que, a través de la administración panameñista, se alcanzaría una eficiente administración de la cosa pública, se ha disipado.

Así se entiende el porqué, en el actual escenario, el descontento aumenta como tsunami enfurecido. Los esfuerzos del oficialismo para demostrar que sí se avanza en la agenda de país, se desploman como castillo de arena. Esto debe ser considerado por la oposición, como el PRD, en su misión de darle otro rumbo al país. Es esta la visión compartida y manifiesta, con entusiasmo, en el recién Congreso de dicho partido. Ahí, la dirigencia quedó comprometida con un nuevo rumbo que mueva al país del borde del precipicio, y que evite que el régimen institucional siga caminando al despeñadero.

En todo aquello hay un sabor amargo, un óxido que corroe, por lo que las elecciones del 2019 serán el caldo del cultivo en el germine el desquite popular.

DIPUTADO DEL PARLACEN.