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17 de Oct de 2019

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Enrique Jaramillo Levi

Columnistas

Ficcionalizar la vida, vitalizar la ficción

Predominan los temas urbanos y las introspecciones, aunque también se dan cuentos de amor y desamor

Una de las características de la cuentística panameña escrita por mujeres en años recientes es su gran diversidad temática y formal, así como, en general, un singular despliegue de la imaginación y de la sensibilidad, sin por ello apartarse de las múltiples vicisitudes de la vivencia cotidiana. También es preciso destacar un dominio particularmente femenino del cuento como género literario, habiendo sido por mucho tiempo un sólido bastión escritural de los hombres. Si bien cada una de estas creadoras tiene, como es natural, su propia visión de mundo y un estilo particular, todas coinciden en un manejo espléndido del lenguaje y de las técnicas narrativas apropiadas para lo que quieren relatar.

En términos generales, predominan los temas urbanos y las introspecciones, aunque también se dan cuentos de amor y desamor, de denuncia del machismo, de desazón existencial debido a problemas gestados en la niñez y la adolescencia, de violencia de diversa índole, de valores, ideales y fe en el aspecto espiritual del ser humano más allá de los obstáculos.

Por otro lado, teniendo racionalmente muy clara la diferencia entre vida (experiencia real) y ficción, esta pléyade de mujeres narradoras (alrededor de 50 en la última década) logra que en sus cuentos la imbricación de ambas nociones sea tal que, en la práctica —en el proceso creativo y también con respecto a la recepción del lector—, no se puedan separar. Es sabido que la mejor obra de ficción solo lo es, en muchos sentidos, cuando es percibida e interpretada como una realidad en sí misma, casi que palpable, además de cuando nos sorprende, nos sacude, nos marca como seres humanos. Ficcionalizar la vida; vitalizar la ficción: eso hacen con talento y determinación. No son pocos los cuentos de mujeres cuentistas panameñas recientes que tienen estas características, tanto generales como genéricas (uso esta palabra en sus dos acepciones: como el género literario al que pertenece todo buen cuento y, también, referida en este caso a lo específicamente femenino).

Por supuesto, la buena literatura —llámese cuento, novela, poesía, ensayo— ausculta la realidad y permite volar a la imaginación cuando sus creadores son artistas sensibles, informados, capaces de irse entrando en el meollo de las cosas a fin de dar cuenta de la vida, de los meandros de la experiencia humana, desde la experiencia y la observación y la fantasía, con cierto grado de densidad, con certera verosimilitud y logro pleno en la forma de expresión.

Por otra parte, es sabido que la sensibilidad literaria no discrimina entre hombres y mujeres al momento de crear, como tampoco cuando se lee descodificando lo escrito. Porque es innegable que la buena literatura creativa es justamente eso, ya se trate de que sus autores sean hombres o mujeres. Sin embargo, es importante rescatar y destacar a las nuevas generaciones de mujeres que escriben cuentos en Panamá.

En primer lugar, porque han sido segregadas de diversas maneras por la historiografía literaria durante demasiado tiempo. Para ello hay al menos dos razones: por un lado, se les consideraba menos duchas en el oficio de narrar ficciones, asumiendo a priori que su obra era de menor valor literario que la de sus colegas varones, lo cual a su vez las desmotivaba a escribir, o al menos a atreverse a publicar; o bien simplemente se les hacía a un lado a priori demeritándolas por razón de su sexo. Esto, a su vez, era tanto causa como efecto del hecho cierto de que tanto en Panamá como en otros países menos mujeres que hombres ejercían en la práctica el arte de escribir buena literatura.

Pero el auge singular que ha significado su presencia múltiple en el mapa literario en décadas recientes, su singular creatividad, hoy nos está diciendo que tienen mucho que expresar y aportar, aparte de que, a mi juicio, en general lo están haciendo muy bien. Por otra parte, resulta innegable que este fenómeno de su irrupción plural simultánea en las letras nacionales es numéricamente superior a la de los buenos cuentistas hombres surgidos a la par suya en la última década. Sin embargo, resulta que sus textos siguen sin estudiarse y promoverse como merecen.

De ahí que sea menester publicar a corto y mediano plazo antologías, compilaciones y libros colectivos en los que la creatividad femenina nacional en la escritura de cuentos se vuelve no solo visible, sino relevante. Sé de al menos una compilación de esta índole que ya viene en camino y de la cual, en su momento, habrá que dar noticia.

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