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18 de Oct de 2019

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Roberto Ruíz Díaz

Columnistas

La caja de Pandora en el Seguro Social

No es lo mismo que te lo cuenten a que tú lo vivas. Así resumo una institución que nació para servir a la población

No es lo mismo que te lo cuenten a que tú lo vivas. Así resumo una institución que nació para servir a la población, pero, contrario a lo que muchas afirman, no sirve gratuitamente, sino eres asegurado y pagas tus cuotas es un ente privado para ti. Cuenta con los mejores equipos médicos, pero pagados a un costo de los dos ojos de la cara. Tiene buenos médicos, pero otros abusan de los turnos y del sistema, y qué decir de la estructura administrativa, gente comprometida en su mayoría, pero con muchas manzanas podridas que quieren contagiar al resto.

Denunciar un acto de corrupción es casi como revelar un secreto de ultratumba, si no está fulano metido, está zutano y si ambos están, perencejo se queda callado. Es una cofradía de delincuentes por omisión, prefieren callar para evitarse problemas. Sin darse cuenta de que ellos mismos salen perjudicados por el constante saqueo, pues a futuro no tendrán jubilación. Cuando uno mira los números fríos, la CSS no está en crisis, en crisis están los valores de empleados y empresarios que se aprovechan del sistema para burlar, borrar y eludir el pago de cuotas de los empleados que cotizan.

Empresas que omiten declarar los empleados que realmente tienen, pero les cobran a sus empleados al día su cuota obrero-patronal. Empleados que callan para no perder su fuente de trabajo, incluso otros prefieren que le paguen el salario bruto y no se les pague Seguro Social. Y qué decir cuando vamos a ver las licitaciones, donde hay prácticas monopolísticas evidentes, donde empresas se ponen de acuerdo hasta en el último centavo de precios, otras evitan participar para que les compren medicamentos más caros por compras usuales, incluso llegan con empresas de un mismo proveedor, pero con nombres diferentes. Adicional hay casos donde los mismos funcionarios esconden las órdenes de compra y proceden, en el tema de medicamento, a provocar falsos desabastecimientos para comprar a precios más caro. Quizás por unos 50 o 100 dólares de coima.

A la CSS le tienen la medida los delincuentes de cuello blanco, se arman de artimañas para que sus contratos no venzan, siempre en complicidad con alguien de adentro que, faltando una semana o un día, avisa que un contrato se venció y por tal motivo no hay tiempo para una nueva licitación. La han llenado de software millonarios, pero innecesarios, y otros sin utilidad o función real, más allá que hacer un negocio y para el cual alguien se presta. Por otro lado, empresas apalancadas por ser proveedores únicos, imponen precios exagerados y que la entidad no tiene más que comprarles, pues se limita su compra a nivel del exterior.

Se le teme al tema de la privatización, pero no se dieron cuenta de que compraron un sistema como el SIPE, en donde la información que se capta es privada, sí, privada, porque la base de datos no la tiene la entidad, la tiene el proveedor y a él hay que pedírsela como si fuera que él la generara, siendo la Caja la dueña de esa información. Funcionarios honrados y capaces se atreven a denunciar lo que sucede, pero un sistema absurdo de recursos humanos hace que casos se caigan, prescriban y en muchas ocasiones desaparecen o esconden expediente. Sinceramente da pena ver cómo un auditor trabaja muchas horas extras para demostrar una irregularidad, y un tecnicismo de otro funcionario hace que todo quede en vano.

La Administración de Alfredo Martiz llegó en un episodio en donde tiene que ‘pitchear' contra unas bases llenas y sin ‘out'. El mínimo error se le atribuye a él, las carreras, aún cuando son de otro. Muchos dedos señalan y quieren solución, pero a la vez esos mismos sectores saquean a la Caja. ‘Se lucha internamente contra la burocracia de tener un Reglamento Interno que fue hecho para proteger al funcionario, no para proteger a la entidad de malos funcionarios'. Fue más fácil, a pesar de tener una ley orgánica que le daba sus facultades, copiar textualmente una ley marco, como la Ley 38 y decir que para amonestar verbalmente a un funcionario este tiene derecho a cinco (5) recursos y además incluye la prescripción con términos mínimos.

Así es la Caja, si nadie le robara ni le hiciera fraude, estaría robusta y saludable. Pero somos nosotros mismos los ciudadanos, funcionarios, proveedores y empleadores los que la queremos destruir, no hay una conciencia de país ni de patria. Les apuesto que muchos que gritan cárcel por lo de Odebrecht, quizás evaden cuotas o afectan a la CSS con actos de juegavivo, incluidas en esto, aquellas que dicen tener responsabilidad social empresarial. Suena duro y triste, pero es la verdad.

Así vi las cosas y así las cuento.

ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO.