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18 de Oct de 2019

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Secuestros y asesinatos en el Ecuador

R ecientemente se realizó la marcha por la paz en Quito, con motivo de los periodistas ecuatorianos secuestrados y horriblemente asesinados

R ecientemente se realizó la marcha por la paz en Quito, con motivo de los periodistas ecuatorianos secuestrados y horriblemente asesinados, en la Frontera Norte del Ecuador; luego de dieciocho días de cautiverio, en manos de un grupo de narcoterroristas liderizado por un tal Walter Arizala, alias ‘Guacho', líder de un frente disidente de las FARC denominado ‘Oliver Sinisterra', que comanda un grupo de guerrilleros. Los periodistas asesinados, se dirigían a la frontera con Colombia, cuando realizaban un reportaje para el diario El Comercio, relacionado a la creciente inseguridad en esta zona, debido a constantes ataques guerrilleros.

‘Guacho', a quien se responsabiliza por este crimen, es un sanguinario cabecilla guerrillero ecuatoriano, que lleva décadas en el monte, en un área donde controla buena parte de los cultivos de la coca en esta frontera; a quien se le calculan ingresos de 25 millones de dólares semanales y que pese los Acuerdos de Paz firmados en Colombia, no se desmovilizó y permaneció en la selva, alegando justificaciones románticas de sus acciones.

Los periodistas ajusticiados brillaban por su infatigable dedicación a la búsqueda de la verdad y, a pesar de los riesgos que tal investigación implicaba —finalmente fatales—, no cesaron su interés en poder informar. Las publicaciones con seguridad iban a conocerse, pues ellos no pretendían doblegarse ante las presiones que podían encontrarse, debido a sus reportajes. Los resultados son ya conocidos, la ejecución a sangre fría de estos tres ciudadanos, incómodos para grupos insurgentes y delincuenciales, que no desean se cuenten sus historias estremecedoras y la verdad sea develada o conocida, que permitan al mundo acercarse a la realidad que allí ocurren en esa tierra de nadie; todo con la mirada indiferente de las autoridades o incluso con su interesada colaboración.

Mientras, a ‘Guacho' los dos Gobiernos montan una búsqueda incesante por capturarlo, otros grupos delincuenciales quieren copar los espacios donde estaban las FARC, amenazando la estabilidad, con brotes similares en otras fronteras.

Lo inaceptable y grave para esta región, seria que los guerrilleros en plan de reinserción, se vuelquen nuevamente a la guerra; debido a la ineficiencia de un Gobierno en cumplir con los acuerdos pactados y la ausencia del Estado en estos territorios abandonados.

Cuando políticos, justicia y dinero se conjugan, la democracia languidece, el poder se concentra y los matones campan a sus anchas y cuando se juega, como ocurre ahora en estos territorios minados por el hampa, nadie está a salvo de esa deriva.

Estos periodistas valientes ahora están muertos y el Ecuador profundamente enfermo, de luto y solidario; ojalá estos muertos no sean en vano y que ayuden a preparar el camino para desenmascarar las oscuras fuerzas que anidan el corazón de la frontera norte del Ecuador.

Es esta una asignatura pendiente que queda en el Gobierno de Lenin Moreno y que representa uno de los mayores desafíos para su Gobierno: encontrar una luz en el magnicidio de estos periodistas e iniciar una meticulosa investigación sobre quiénes, además de ‘Guacho', pueden estar detrás de este crimen, que representa una amenaza potencial en esta parte de la geografía ecuatoriana. Además, debe garantizarse el derecho a la información y a la libertad de expresión y ofrecer las garantías mínimas de seguridad a los periodistas, reporteros y medios para ejercer su oficio. Mientras, este grave incidente ha provocado que las relaciones bilaterales entre Ecuador y Colombia se hayan visto afectadas, al punto que Ecuador ha renunciado a servir de garante y país sede de los diálogos entre Santos y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Quien pueda observar este panorama, junto con la reciente detención por narcotráfico de ‘Santrich', negociador de las FARC en los Acuerdos de Paz, vislumbra una etapa del posconflicto oscura y peligrosa.

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