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14 de Oct de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Un periodismo a conciencia

De lo que va del año 2018, alrededor del mundo, 22 periodistas y personal de medios de comunicación, han perdido la vida

Un periodismo a conciencia

Para el oficio que estudio y siento pasiones, el periodismo, el próximo jueves 3 de mayo marca como fecha de suma importancia. Es el Día Mundial de la Libertad de Expresión y sobre el cual, Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, hace ‘un llamamiento a los Gobiernos para que impulsen la libertad de prensa y proteja a los periodistas. Promover una prensa libre es defender nuestro derecho a la verdad'. De lo que va del año 2018, alrededor del mundo, 22 periodistas y personal de medios de comunicación, han perdido la vida, según la Federación Internacional de Periodistas. En 2017, fueron 82. Algunas ideas de esta columna fueron publicadas hace más de siete años. Aún cobran vigencia.

Perder la vida no debería ser un riesgo a la hora de buscar la verdad y presentarla a los interesados. Pero lo es. El más reciente caso fue el de los colegas ecuatorianos secuestrados y asesinados a finales de marzo: Javier Ortega, de 32 años, periodista; el fotógrafo Paúl Rivas que hubiese cumplido 46 años el pasado 25 de abril; y Efraín Segarra, también periodista de 60 años, que hacía oficios de conductor en esa asignación, y que por cosas de la vida, tiene un hijo reportero en un medio local de Quito.

Creo que es menester de cada profesional estudiar, periódicamente y a profundidad, los avances, innovaciones, ventajas y desventajas que su oficio experimenta alrededor del mundo. Al menos que sea en áreas de conflicto militar por ejemplo, son muy pocos los oficios cuyos riesgos comprometen la vida. Aquí en Panamá, el oficio de periodismo se ejerce sin ese recelo; pero, en términos generales, con el cuidado de no antagonizar con los poderes constituidos (en gran medida los económicos).

Pero los retos de ejercer un periodismo libre, en nuestro medio, tiene que ver con quien realmente controla los medios de comunicación y, desafortunadamente, la poca preparación de los que ejercen la función a fin de que puedan con sus aportes subsanar ese obstáculo. Ese marco es la que define los espacios en que el periodista opera y consiente o inconscientemente, se limita ante los intereses de los anunciantes y dueños de los medios de trasmisión.

El ejercicio periodístico actual se inclina mayormente a concentrar su esfuerzo en tratar de difundir temas relacionados a la actividad política, de gobierno y de oposición, bajo un halo de farándula y glamour. Se presenta muchas veces como investigador y expositor de actos de corrupción, ante todo ligados a la política y a la gestión gubernamental, más no, en términos generales, de las que evidentemente ocurren en el sector privado.

Cuando toqué este tema hace algunos años una colega comentó que: ‘Al tener el poder para ejercer control sobre la opinión de la población, el comunicador es un actor de dos caras posibles, una independiente y la otra modelada por la censura de los grandes monopolios económicos. Por lo tanto, tan vilipendiada profesión, debería ser ejercida por hombres y mujeres con un sentido de responsabilidad muy alto'.

Las preguntas fundamentales para una profesión como esta son: ¿qué hacemos realmente de valor, en un tiempo como éste, en donde son visibles los cambios significativos en la estructura social?: modificaciones que amenazan el futuro de convivencia pacífica. ¿Qué hacemos cuando la dinámica de convivencia familiar es cambiante, muy distinta a lo que era hace tan solo 25 años? ¿Qué hacemos cuando las interacciones entre individuos se ven amenazadas por conductas de ‘lo más para mí y lo menos para ti' y la subsiguiente reacción violenta por no ‘dejarse joder' que dificultan la construcción de relaciones de confianza entre las diversas estructuras de la sociedad y entre los individuos? ¿Qué periodismo hacemos entonces?

Las verdaderas amenazas se centran en la conducta generalizada de desprecio a la verdad frente a los retos que como sociedad enfrentamos para adelantar el desarrollo cultural y social de la población. Cada periodista debe procurar la libertad debida para ejercer la profesión desde su conciencia, con independencia y bajo su propia responsabilidad; sin temor a ser perseguido y sin la atadura de leyes restrictivas. Por cada persona que ha dado su vida, alrededor del mundo por esta profesión, debemos comprometernos a ejercerla con un sentido más ligado a la necesidad de pavimentar el camino hacia un futuro más alentador para todos.

COMUNICADOR SOCIAL.