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09 de Dec de 2019

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Leopoldo E. Santamaría

Columnistas

Huelga... una opinión

La huelga es un derecho consignado en la Constitución Nacional; los trabajadores de la construcción demandan salarios justos

La huelga es un derecho consignado en la Constitución Nacional; los trabajadores de la construcción demandan salarios justos, simplemente porque lo que ganan no les alcanza para cubrir las necesidades básicas de sus familias; los obreros de la construcción no gozan de estabilidad, sus contratos son temporales. Algunos los acusan de atentar contra la economía; sin embargo, no recuerdo un solo caso en que la patronal, de su iniciativa, le concediera beneficios laborales y/o salariales a los trabajadores; cuando la esclavitud era legal, las jornadas de trabajo dependían de la voluntad del amo, aunque no había problemas de salarios, porque el esclavo no tenía derecho a voz; los verdugos se encargaban de ejecutar las sanciones a los ‘infractores de la ley'. La jornada de ocho horas exigió grandes sacrificios. En Panamá, el reconocimiento del fuero maternal se le debe a Marta Matamoros, destacada sindicalista, que dirigió una huelga en reclamo de mejoras laborales, cuando las trabajadoras solo podían levantarse de sus puestos, dos veces durante la jornada, que eran de doce horas.

Toda huelga afecta, directa e indirectamente, a parte de la población. Todo aumento salarial, la patronal lo interpreta como reducción de sus ganancias. Sin embargo, parece incomprensible que haya quienes, desde la economía informal, condenen el movimiento, sin sospechar siquiera que con su actitud contribuyen a los planes siniestros de las grandes corporaciones, que junto a sus cómplices sirvientes, en función de ‘Gobiernos' están determinados a criminalizar las protestas. La explotación laboral no es ficticia ni un invento de los sindicatos; la intención no es destruir una industria, el propósito es exigir el establecimiento de relaciones justas, con salarios que correspondan al trabajo efectuado y al riesgo implícito en cada una de las labores. A la sociedad le consta que cuando la especulación no traduce los beneficios esperados, el Estado interviene a favor de los inversionistas, bien sea con incentivos fiscales e incluso con fondos de rescate; sin embargo, allí no hay protesta que valga, aunque los afectados seamos la mayoría, constituida por los contribuyentes, que es de donde salen los recursos.

La injusticia social es producto de la iniciativa conjunta de Gobiernos que privilegian los intereses del gran capital financiero, aunque ello implique la infame explotación de los recursos naturales, como ocurre actualmente con la minería y la deforestación; sin importarles que ello exija el sacrificio de la mayoría, particularmente de los menos favorecidos por el acceso a una educación cada vez más descuidada y sin duda dirigida a formar un recurso humano carente de información y de capacidad de análisis, solo apta para seguir instrucciones y cumplir labores manuales de baja remuneración y alto rendimiento para el inversionista. Por eso insultan al obrero y al país, con aumentos irrisorios, porque saben que cuentan con el apoyo de un Gobierno genuflexo y antinacional y además porque una sociedad distraída y manipulada por medios de comunicación a su servicio, no constituye ningún riesgo. Algunos profesionales argumentan que los trabajadores puedan ganar más sería injusto, ¡porque ellos no se quemaron las pestañas! Absurdo, puesto que si la remuneración de un determinado grupo profesional no es coherente con sus tareas y responsabilidades, lo que deben hacer es luchar para corregir tal injusticia. José Martí dijo: ‘Si no luchas, ten al menos la decencia de respetar a quienes sí lo hacen'. Además, en vez de descalificar a los trabajadores de la construcción, con argumentos falaces, lo racional es sumarse al movimiento y exigir un aumento general de salarios; decisión que de paso podría contribuir a una distribución más equitativa de la riqueza; recordemos que tenemos uno de los mayores crecimientos de la economía, pero con la peor distribución.

La gesta heroica del 9 de Enero, punto de inflexión histórica y moral de nuestro país, jamás habría sido posible de no haber sido porque en ese entonces la educación constituía una prioridad de Estado, hecho que condicionó una juventud consciente de la ignominiosa presencia de un ejército de ocupación y de autoridades que ejercían ‘derechos como si fueran soberanos'; felizmente la ciudadanía nacional respondió a la altura de las circunstancias; sumándose a la lucha, que aunque desigual, constituyó un aldabonazo a la conciencia por la reivindicación de valores superiores como la soberanía de los Estados nacionales y la libre determinación de los pueblos. Por fortuna, el presidente de la dignidad, Roberto F. Chiari, actuó como estadista. Lucha determinante para la posterior recuperación del Canal; patrimonio que debemos recuperar para disponerlo al servicio efectivo de la mayoría, no al de unos pocos, como ocurre actualmente, quienes solo están por acumular excesos, mientras la mayoría acumula privaciones.

La coyuntura exige reflexionar y actuar en consecuencia; es urgente e inaplazable recuperar la institucionalidad, comenzando con el adecentamiento de la administración de justicia. Alto a la manipulación mediática, actuemos como entes pensantes, no como marionetas, movidas por los instrumentos del poder económico... ¿Usted qué opina?

MÉDICO