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22 de Oct de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

El Cid y el Panamá amoral

R odrigo Díaz de Vivar, El Cid, es un protagonista de carne y hueso de la historia medieval española.

R odrigo Díaz de Vivar, El Cid, es un protagonista de carne y hueso de la historia medieval española.

El Cid es el héroe moral de una nación y bandera emblemática de la Reconquista del suelo Ibérico del dominio del Al Andaluz.

El Hércules hispánico se hace leyenda con el Poema del Mio Cid. El Señor de las batallas encarna un mito mesiánico como el hombre de la gigantesca barba que atemorizó a los musulmanes, aún muerto le temían. El cantar de gesta crea un personaje literario y ellos son eternos.

El primer poema épico de España es un registro histórico, político, social, jurídico, militar y religioso de una comunidad nacional con identidad propia. El Cantar del Mio Cid Campeador es una oración patriótica y apología de un hombre extraordinario.

El que en buena hora nació es el líder popular de una nación que lucha por la unidad de su territorio, como lo hicimos los panameños con la épica de la Soberanía.

El que en buena hora ciñó la espada es víctima de las ambiciones de mando de la España del siglo XI. La nobleza conspira contra él y logra que el rey Fernando lo destierre. Lo acusan de robo, es despojado de sus bienes, honra y familia. La maldad de los poderosos carece de límites. El falso linaje de la elite se desmorona ante la prudencia y el coraje de un hombre excepcional.

El alma estoica y el temple de un carácter indómito lo hacen un héroe dramático. El Cid es valiente, generoso, astuto, tierno y firme, sabe reír y llorar, siempre es afectivo sin dobleces.

El jinete de Babieca es hijo de sus obras, sin la aristocracia de la sangre, la hidalguía la adquiere con su invencible brazo guerrero y una conducta intachable. Los méritos valen más que los privilegios, las acciones más que los apellidos de oropel. Los rabiblancos de Panamá, la elite privilegiada, viven de historias maquilladas.

Ruy Díaz es un hombre de honor, su palabra es un compromiso. La habilidad diplomática le permite sobrevivir a los infortunios y a las tormentosas pasiones de su época. Hace de la lealtad un equivalente de la legitimidad y la justicia. Su empeño es restaurar el honor mancillado por la codicia de unos y el don de poder de otros.

Los políticos y empresarios delictivos panameños sepultan en la ignominia, los valores cidianos de la equidad, lealtad, justicia y dignidad, son los mercaderes de la democracia, son el antípoda de El Campeador.

Los valores éticos y código de honor del Cid son ignorados por los ciudadanos corruptos.

Los políticos panameños son analfabetas y cínicos, representan el lumpen y la escoria social, su alma es una caja registradora de sus robos e infamias.

La rectitud, el decoro y responsabilidad ciudadana, son artificios de una retórica circense, vivimos la civilización del espectáculo, todo es una comedia. La política y la farándula van de la mano, los farsantes ocultan sus apetitos insaciables.

La personalidad fuerte y decidida del Cid nunca podrá encarnarse en los políticos y empresarios caracterizados como delincuentes, ellos son un fraude como los infantes Diego y Fernando de Carrión, los bribones que ultrajan a las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar, doña Elvira y doña Sol.

El episodio es una metáfora de la avaricia. Los de Carrión son como los empresarios que hacen desfalcos de 300 millones al Seguro Social o los 400 millones de la venta del Banco del Istmo exonerados de pagar impuestos. Los ejemplos sobran en un país el cual es una gran manzana azul.

El Cid de llegar a Panamá usará las famosas espadas La Colada y La Tizona para imponer la justicia en manos de los corruptos magistrados, jueces y fiscales.

La lealtad institucional del Campeador está por encima de las ofensas recibidas por el monarca como su injusto destierro. El Cid con su poderoso ejército pudo derrocar al rey Alfonso VI, pero él prefirió respetar la autoridad establecida.

El Ejecutivo como los diputados ponen en peligro la gobernabilidad del país con sus ambiciones de poder y riqueza. El contralor como la procuradora son la espada de Damocles.

Recomiendo para ampliar información sobre Rodrigo Díaz de Vivar consultar mi libro Poema del Mio Cid. La épica del honor y de Sir Richard Brooks, La Bitácora de la fantasía y Éxtasis.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.