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17 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Un paréntesis bienvenido para aprovecharlo bien

Merecemos un período de descanso de la batahola de problemas con que a diario nos bombardean las noticias

Un paréntesis bienvenido para aprovecharlo bien

La fiebre mundialista concentrará en Rusia el interés de los panameños durante los próximos treinta días que aprovecharemos para dejar de lado los problemas que normalmente nos aquejan. Como en época de carnaval y con justa razón, a pesar de voces disconformes que censuran lo que entienden como descuido irresponsable de las tribulaciones personales que nos agobian o pesan sobre el país. La fascinación colectiva que nos embargará durante el mes está plenamente justificada, pero no por ello dejaremos de reconocer la importancia de muchos aspectos del acontecer nacional que nos contrarían. Únicamente dedicaremos un período de días para disfrutar a plenitud esta experiencia única. No se hablará de otra cosa.

Merecemos un período de descanso de la batahola de problemas con que a diario nos bombardean las noticias, la mayoría de las cuales ningún sabor positivo dejan. Pensemos en un período de vacaciones como puede disfrutar cualquier trabajador o empresario, que necesita descansar de la rutina diaria para tomar aire fresco y ‘recargar baterías' para reanudar con más ahínco su normal diario bregar. Los problemas y malos ratos no desaparecerán por arte de magia y seguramente nos estarán esperando a nuestro regreso, pero, si las vacaciones fueron debidamente aprovechadas, se encararán con mejor ánimo, con mejor disposición y con mayor creatividad. Es cuestión de actitud.

Mientras estemos absortos en la narración de cada partido, el alto costo de la vida no desaparecerá. Vivimos en una de las ciudades más caras del mundo y la más costosa del continente americano. Solo veinte ciudades de países desarrollados nos superan en costo de vida; ocupamos la ingrata posición 21 en el mundo, mientras que Panamá resulta más costosa que Buenos Aires, San Pablo, Santiago de Chile, Madrid, Londres.

¿Qué implica ese fenómeno para nosotros? Muchos aseguran que la capital se ha hecho menos accesible, que es difícil poder satisfacer necesidades básicas de alimentos, vivienda, vestidos, transporte. Una visita semanal al supermercado involucra un dolor de cabeza para hacer cuadrar las finanzas domésticas; cada día es mayor el precio de los alimentos que se ofrecen y cada semana se pueden adquirir menos.

Las razones: migración de tantos extranjeros que nos ven como especie de ‘Tierra Prometida', factores financieros como las crecientes tasas de interés sobre créditos hipotecarios y de consumo, el valor de construcción por metro cuadrado, el precio del petróleo y su impacto en la energía, en los insumos agropecuarios, en el transporte. Noticias del encarecimiento de bienes y servicios ayudan a ahuyentar la visita de turistas, sobre todo de países que sufren por la convertibilidad de sus débiles monedas que nos ubican fuera de alcance.

¿Qué podemos hacer? Si los factores fuera de nuestro control no pueden ser mejorados, individualmente podríamos intentar nuestros propios cambios. Un primer paso: suspender el consumismo y elaborar un presupuesto familiar realista, que incluya un ahorro, al cual ajustarnos acorde a nuestros ingresos. Igual debemos esperar del Gobierno: el manejo de las finanzas públicas y de la economía debe hacerse con el cuidado suficiente para evitar el encarecimiento de los bienes y servicios que demandamos.

Los problemas nacionales persistirán después de concluido el Mundial; sería de esperar que, reiniciada nuestra rutina, todos los acometiéramos con nuevo entusiasmo para concluir en paz un período de Gobierno, en preparación para los retos que nos depara un futuro prometedor con beneficios tangibles que sería un crimen no aprovechar.

Otros sondeos nos habían calificado como un país feliz. Parecería una contradicción que, siendo una sociedad con ese talante, no resolvamos nuestros problemas con la unión y alegría que la Sele nos propicia.

EXDIPUTADA