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18 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

¿A qué apuesta el señor contralor?

Si su intención es que la Ley castigue a los diputados que han delinquido

El debido proceso da a la Contraloría General de la República toda la posibilidad de realizar auditorías concomitantes. Ninguna entidad se puede oponer a ello. Y en el caso de la Asamblea Nacional, se sabe que no hubo oposición.

Pero cuando se trata de auditorías forenses y las evidencias apuntan hacia un hecho punible, la Contraloría debe llevarlas al Ministerio Público, este debe enviarlas a la Corte y continúa el proceso.

Y he aquí lo que llena de sospechas las acciones de Humbert. Sus investigaciones, extrañamente extemporáneas, han omitido el procedimiento de que habla la Ley, y abren espacio a varias preguntas lógicas, que han hecho muchos: ¿Por qué ahora? ¿Desde cuándo sabía eso? ¿Por qué han debido pasar cuatro años para que hiciera público lo que antes pareció no ver?

Si su intención es que la Ley castigue a los diputados que han delinquido, ¿por qué no ha llevado los casos particulares al Ministerio Público con las evidencias pertinentes?

Desde el momento en que el señor contralor ha tratado a través de los medios un tema que, caso por caso, debió llevarse a las instancias correspondientes, ha convertido un hecho estrictamente administrativo en un acto político. ¿Por qué?

O las acciones de Humbert hacen parte de una estrategia de mayor alcance con fines discretamente tratados o, sencillamente, desconoce la Ley. Nadie entiende esta manera que ha elegido el contralor para meterse un tiro en el pie. Desconocer el procedimiento legal es dejar la puerta abierta para que el caso se caiga, lo que supone una amenaza con fines dosificados.

Es claro que lo de Humbert no va dirigido a destruir la Asamblea, sino a cambiar la correlación de fuerzas que impera allí, marcada por una mayoría opositora que ya no obedece a ciegas las directrices de Palacio, y para lo cual junio se pinta como un mes muy accidentado. Pero en el horizonte político es claro que lo que se le pueda quitar a los diputados opositores, podría beneficiar a los de Gobierno. ¿Es en esa estrategia donde está inscrito el contralor?

Hay otro elemento. Con todos sus defectos, muchos de ellos creados y estimulados desde el propio Gobierno, la Asamblea reúne en su seno a figuras que llegaron hasta el hemiciclo de la manera en que el sistema se los ha permitido. Con clientelismo o no, cada diputado conoce cada vereda de su circuito y cuenta con una cuota importante de ciudadanos que, ahora, miran con recelo las extrañas actuaciones del contralor.

Lo que llama la atención es la suma de errores que ha ido acumulando Humbert en sus actuaciones. Pareciera que en su infructuoso afán por colocarse como el abanderado de la anticorrupción ha ido provocando desconfianza en sectores que en otro momento pudieron mirarlo con simpatía.

¿Ha sido esa conducta resultado solo de quienes lo asesoran o de su propia cosecha? Siempre hay forma de medirlo. Porque cuando la pelea es buena y vas ganando, sube la lista de amigos, pero cuando es al revés cada quien se inventa un crucero de temporada.

PERIODISTA