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22 de Oct de 2019

Paulino Romero C.

Columnistas

Significación educativa de la personalidad

En nuestro escrito anterior, ‘Teorías sobre la personalidad', tratamos la naturaleza de la personalidad y su consideración secular

En nuestro escrito anterior, ‘Teorías sobre la personalidad', tratamos la naturaleza de la personalidad y su consideración secular por parte de famosos filósofos y psicólogos desde los tiempos clásicos. Señalamos lo evidente de que, de pocos términos, se ha hecho más uso y abuso que el de la personalidad. Hoy nos referimos al tema específico de significación educativa de la personalidad.

El hecho de que la personalidad humana sea en parte considerable producto de las fuerzas ambientales y de la experiencia del individuo, tiene gran significación educativa. Por una parte, significa que el ser humano está inevitablemente destinado a desarrollarse en cierta forma. Por otra, significa que la educación en el hogar, en la escuela y en la comunidad, si se orienta debidamente, puede resultar en el desarrollo de personalidades de mejor calidad. Lo último equivale a convertir el desarrollo de la personalidad en un objetivo de la educación.

¿Qué se entiende por una personalidad madura? ¿Cuáles son las características principales de una persona bien desarrollada? De acuerdo con el experimentado escritor, catedrático de filosofía y psicología Allport, esta satisface tres requisitos básicos. 1) La persona posee una variedad de intereses que le dan una amplia perspectiva para apreciar adecuadamente las diferentes situaciones de la vida y participa con entusiasmo en aquellas actividades que considera valiosas. Carece de tendencias egocéntricas acentuadas, lo que le permite cooperar y trabajar con otros en la persecución de objetivos comunes a todos. Dicha experiencia es el factor que surte el efecto más significativo en la educación del hombre.

2) El segundo requisito es llamado por Allport ‘objetivación propia' y consiste en el desarrollo característico de la persona madura cuando considera sus pretensiones en relación con sus capacidades, medios y oportunidades; cuando valora sus méritos y virtudes en comparación con los ajenos; cuando se juzga en relación con las opiniones que otros tienen de ella. Fundamentalmente, este requisito exige al individuo un conocimiento apropiado de sí mismo, a fin de que su ‘plan de vida' corresponda lo más fielmente posible a la realidad de lo que es y puede llegar a ser. Esta capacidad de la persona madura para enjuiciar desapasionadamente, sin favoritismos ni prejuicios, se relaciona en varias formas con el sentido del humor, que también es un indicio del buen desarrollo.

3) La tercera cualidad integrante de la personalidad madura es el logro de una adecuada filosofía de la vida, indispensable en el proceso de vivir, ya que sin ella el ser humano se siente perdido. Esta filosofía debe concentrarse alrededor de valores aceptables desde el punto de vista social a la vez que deseables para el individuo. Ella constituye un factor que influye mucho en el desarrollo y la conservación de la personalidad madura.

Sobre la comprensión y aceptación del yo como producto educativo, algunos psicólogos consideran que la conducta, los motivos de la vida interior del hombre se han ignorado de una manera extremada. Mucho de lo que hacemos en la educación es eludir los problemas que los niños y adolescentes afrontan en su vida. En un libro reciente el psicólogo Jersild, insiste en que la tarea más importante de la educación es elaborar un programa, desde la escuela maternal hasta la educación media, que ayude a la persona en desarrollo a descubrirse y aceptarse a sí misma.

Señala que el niño desde temprana edad, sin deliberación de su parte, adquiere ideas y actitudes sobre sí mismo y los demás. Estas se incorporan al patrón de su vida pudiendo ser verdaderas o falsas, saludables o mórbidas. Los seres humanos desde edad temprana tienen más capacidad para aprender y afrontar, comprender y tratar constructivamente con las realidades de su vida de las que hemos presumido en nuestras teorías psicológicas o en nuestras prácticas educativas.

Finalmente, existe la imperiosa necesidad de hacer algo en nuestro sistema educativo para ayudar a la niñez y a la juventud a lograr actitudes realistas de aceptación propia. Mucha gente joven llega a la edad adulta sobrecargada de ansiedades, hostilidad, actitudes defensivas hacia sí misma y hacia los demás, sentimientos de culpa, inferioridad y desconfianza.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.