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23 de Oct de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Fútbol e instituciones

‘La civilización, como el deporte profesional, son imposibles sin instituciones sólidas y estables que propicien la creación de riqueza y no su destrucción'

Thomas Hobbes decía que el estado natural del Hombre es la guerra perpetua. No quería con esto decir que siempre estuviese en pelea con otros, sino que se refería a la disposición a la pelea, mientras no hubiese ninguna garantía de paz. En ese estado natural del Hombre tampoco hay lugar para la industria, dado que el fruto de esta es incierto; por tanto, no puede haber cultivo de la tierra ni navegación ni invenciones ni comercio.

¿Y qué tiene que ver esto con fútbol? Este bello deporte tiene antecedentes en distintas partes del mundo. Los aztecas tenían un juego de pelota ritual con algún parecido al fútbol. En distintas partes de Europa desde la Edad Media se practicaba también un juego con alguna característica en común con el fútbol moderno, pero de manera desordenada, sin límite de jugadores, sin un terreno con medidas definidas, y básicamente sin reglas. Eso no era fútbol, era un melé.

Sin embargo, en Inglaterra, en el Siglo XIX en ciertas universidades de élite como Cambridge y Oxford, hubo un intento por ordenar la actividad con un sistema de reglas. Pero las reglas que cada universidad practicaba diferían de modo importante con las de otras universidades. Obviamente así era muy difícil organizar torneos en que pudieran participar equipos de muchas universidades, en lugar de torneos aislados, cada uno con reglas distintas. La necesidad de estandarizar las reglas del juego para crear un deporte serio, llevó a los entusiastas del incipiente juego a fundar la Asociación de Fútbol (Football Association o FA) en 1863, con la adopción ese mismo año de un reglamento único. Esta histórica reunión se dio en la Taverna de los Francmasones (Freemason's Tavern) en Londres.

La creación de la FA y la adopción de un cuerpo de reglas sistemáticas y uniformes, que incluyeron la estandarización de las medidas del campo de juego, dimensiones de la portería y otros elementos del terreno, así como del balón, permitió la organización de torneos con múltiples equipos. Pero además permitió otro fenómeno que jamás habría podido ocurrir sin dicha estandarización de normas, y fue la acumulación de capital deportivo. Con esto me refiero no solo a la inversión en infraestructura, canchas de fútbol y demás, sino también a la inversión de las personas para entrenarse en fútbol. Una vez sentadas las reglas del juego, se hace posible para los practicantes del deporte entrenar para desarrollar las competencias específicas propias que sirven en el juego.

Lo mismo ocurre en sociedad. La principal barrera a que las personas comercien entre ellas, es la desconfianza natural que se tienen unas a otras. La desconfianza frente al otro es el punto de partida natural en el Hombre, salvo entre personas que se conocen muy bien dentro de un entorno familiar o de amistades muy cercanas, especialmente a medida que las transacciones y las obligaciones que adquieren las partes contratantes se hacen más complejas. Las instituciones del mercado cumplen la función de animar a personas que no se conocen a transar entre sí, pero esto requiere que las personas confíen en las instituciones. Las instituciones dan certeza a las personas en sociedad.

La primera y más importante institución para una sociedad funcional es la propiedad privada. El tiempo y esfuerzo dedicado a crear un bien de capital, como una red de pesca, requiere un sacrificio inmediato. El tiempo que el tejedor de la red dedica a dicho trabajo de creación de capital es tiempo que podría dedicar a pescar y comer, o simplemente al ocio. La creación de capital siempre implica una elección de abstenerse de consumir, y la persona solo lo hará si tiene razonable expectativa de que podrá apropiarse para sí el producto de su esfuerzo y sacrificio.

Pero luego para el comercio que da lugar a la continua división del trabajo, que a su vez permite incrementos de productividad social y por tanto mejoramiento de la calidad de vida, se requiere el establecimiento de otras instituciones más complejas. El derecho de contratos es fundamental para el desarrollo de un mercado, y es una de las instituciones más cruciales para que una sociedad pueda superar la etapa primitiva del cazador-recolector.

La civilización, como el deporte profesional, son imposibles sin instituciones sólidas y estables que propicien la creación de riqueza y no su destrucción.

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