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08 de May de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

El registro histórico en tiempos de corrupción

‘[...] no todo es registro histórico: hay que proteger [...] la privacidad de los ciudadanos [...]'

En octubre de 2017 se reportó que funcionarios de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos advirtieron a los abogados de la Casa Blanca que: ‘legalmente deben preservar todos los registros presidenciales, para que se entreguen a los Archivos Nacionales después de que el presidente deja el cargo y estos se utilizan para los registros históricos'. Estaban preocupados de que eso no sucediera, particularmente al principio de la administración del presidente Donald Trump. Indicaron que los documentos que deben conservarse incluyen notas escritas, correos electrónicos y discursos, entre otros registros.

A pesar de las advertencias, el tema ha generado tensión entre ambas instituciones. El ejercicio de proteger documentos y registros es igual para los tres poderes que gobiernan esa nación: el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo. En esa tarea se hace lo posible y necesario por proteger la vida privada y la intimidad de las personas. Muy pocos países o individuos alrededor del mundo pueden empinarse sobre el interés momentáneo, privado o personal, para hacer lo correcto por la historia. Si hay algo que debemos aprender y copiar de ese país, es el recelo con que resguarda la documentación de su historia, aun cuando su máxima autoridad atenta contra la misma.

Durante los días de carnavales, en febrero de 2018, se produjo un incendio en las oficinas del Ministerio Público, ubicadas en el edificio Avesa, en la vía España, artería principal de la Ciudad de Panamá. Hice lo mismo que todos: sospechar. Una semana después, hubo una amenaza de bomba en el mismo edificio. En esas oficinas reposan físicamente, o de forma digital, todos los documentos relacionados a las investigaciones de los casos de corrupción más importantes de los últimos años y que han significado el robo de miles de millones de dólares al Estado panameño. A pesar de las tecnologías computacionales que guardan y resguardan, en la tierra y en las ‘nubes', si hubo intención maligna, las mismas eran para que estos registros, invariablemente, fueran afectados o desaparecieran. Eso, a pesar de que muchos estamos convencidos de que, aunque existan (como nos trataron de asegurar), los culpables no pagarán sus penas.

Posterior a mi inevitable pensamiento malévolo, pensé en el registro histórico. Estos documentos y pruebas testimoniales, grabados en audio y bajo juramento, documentando los eventos desde el punto de vista legal son, y serán, de un valor trascendental en el tiempo para darle sentido a lo que resulte de este país y de esta sociedad en los próximos años. Son la base del conocimiento de lo que este capítulo en el tiempo nos legará. Constituyen un valioso registro histórico que nos retrata en vida. Después de la Invasión de los Estados Unidos a Panamá, a finales de diciembre de 1989, el tema de los registros históricos y el rescate y protección de los mismos ha sido de poco o ningún interés, particularmente por las autoridades que deben velar por estos, garantizando los presupuestos necesarios para su preservación, la tecnología requerida y la continuidad necesaria. Hay esfuerzos parciales, pero muy limitados. Para los que nos interesa este tema, un claro y evidente desprecio por el valor del documento histórico ha sido notable y muy triste de parte de todos los Gobiernos de esta época.

Hay señales de que el Gobierno pasado gobernó de cierta forma entre las márgenes del delito, incluso en detrimento de la seguridad de la población y violentando la privacidad de algunos de sus miembros. Adelita Coriat informó el pasado viernes que el juez de garantías, Jerónimo Mejía, autorizó el jueves 2 de agosto y ‘bajo estrictas medidas de cumplimiento' que ‘un miembro de la defensa y a un representante de la Fiscalía para que conozcan el contenido de los siete controversiales cuadernillos que guardan información sensitiva, (…) en el que, supuestamente, se guardaba el material de los pinchazos telefónicos'.

En tiempos de corrupción, no todo es registro histórico: hay que proteger a como dé lugar la privacidad de los ciudadanos; la intimidad individual poco o ningún valor tiene en el relato histórico. No es historia… es bochinche; y no tiene cabida en el ejercicio que se lleva a cabo, para bien o para mal, de buscar justicia, de adecentar la cosa pública y que los responsables paguen sus culpas. Mucho cuidado con esto.

COMUNICADOR SOCIAL.