01 de Oct de 2022

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    Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

CSS: la vuelta a su origen o superación de la crisis (III)

Indudablemente, la capacidad de la CSS para afrontar los compromisos adquiridos en materia de pensiones y jubilaciones

Indudablemente, la capacidad de la CSS para afrontar los compromisos adquiridos en materia de pensiones y jubilaciones, así como de las prestaciones de los servicios de salud, depende de su capacidad de autofinanciarse. Lamentablemente, esta institución nació y evolucionó sin poder fortalecer su patrimonio y fondos previsionales, más allá de lo que las cotizaciones obrero - patronales y algunas otras tenues rentas permitidas le han otorgado hasta el presente.

La ley fundacional de esta entidad estableció una cuota obrero - patronal y aportes estatales insuficientes. En 1943, hubo un informe con base actuarial aludiendo al mejoramiento de estas aportaciones. Sin embargo, fueron olímpicamente ignoradas por el Gobierno de entonces (Falk, 1954).

Originalmente, se estableció un ‘impuesto de 5 % sobre entradas brutas provenientes de anuncios o avisos en diarios, revistas y otras publicaciones periódicas y uno de 2.5 % sobre entradas brutas provenientes de la inserción de anuncios en los programas de radiodifusoras' (Ley 23, artículo 18, lit. c). No demoró siquiera un año cuando el reemplazante presidencial del Dr. Arias anunció la derogación de este impuesto sin reemplazarlo ( La Estrella de Panamá , 28 de noviembre 1941).

Deplorablemente, nuestro seguro social tenía vedado (aún lo sigue teniendo) invertir en actividades que le otorgaran solidez financiera, fuera de la compra de bonos de la deuda externa y en la construcción o adquisición de edificios para oficinas de la CSS (Ley 23, artículo 19).

Para los 20 años posteriores a su fundación, se producen algunas reformas legales que tenían como objetivo la diversificación de las inversiones y movilizar los recursos de la institución, haciendo inversiones inmobiliarias en edificios de alquiler —las famosas ‘Rentas', derrumbadas hace pocos años por el deterioro de las mismas— que en su momento era un negocio aceptable. En esta época, la entidad se robustece en cobertura y prestaciones de salud a la población asegurada.

Para inicios de 1980, la institución comete un ‘gran desliz' imperdonable por parte de los banqueros dedicados a la inversión hipotecaria y demás promotores de inversiones inmobiliarias.

Este desliz, fue hacer inversiones en esta rama económica a través del Programa Colectivo de Viviendas, responsable de proyectos muy conocidos en la capital y varias ciudades del interior del país y en Colón. ¿Quién hasta hoy no reconoce las bondades de las viviendas de proyectos como el de La Pulida, Nuevo Reparto Panamá y San Cristóbal?

Efectivamente, este programa afectó el negocio privado de las viviendas, fundamentalmente porque desnudó por completo el nivel de especulación de los promotores privados, ya que una vivienda de similar calidad estaba a precios sensiblemente más bajos en la CSS que en las compañías privadas más reconocidas.

El resultado obvio fue que estas tuvieron extremada dificultad para vender sus proyectos residenciales. A partir de aquí, se armó la conspiración que dio al traste con ese tipo de programas entre 1982 y 1983, con la excusa de que se dieron malos manejos. Pregunto: ¿y los malos manejos de un administrador en una empresa justifican la eliminación de un negocio que es muy lucrativo?

Evidentemente que la respuesta es NO. Sin embargo, la conspiración promovida hizo que todo el mundo viera como ‘natural' acabar con un programa que permitía no solo el acceso a viviendas altamente demandadas por las clases trabajadoras a precios razonables, sino lo importante para el desarrollo sostenible de la CSS, contar con fuentes robustas para su autofinanciamiento.

Para 1990, iniciado el proceso privatizador de empresas altamente rentables como la de telefonía, cable y energía eléctrica, junto al excontralor y exdirector de la CSS, Damián Castillo (q. e. p. d.), el exdirigente sindical Eduardo Ríos, desarrollamos una cruzada para que esta entidad adquiriera acciones en ese proceso privatizador que se dio posteriormente.

Salvo contadas excepciones, esta propuesta no se acogió en el seno de las organizaciones de trabajadores y menos de los gremios docentes y de salud de la época. Con inversiones como esas, hoy la CSS no estaría debatiendo la falta de recursos para hacer frente a compromisos tanto del fondo de pensiones como de prestaciones de servicios médicos.

Pareciera que la castración originaria de esta institución, al impedírsele hacer las inversiones que le convengan, ha permanecido en las mentes y voluntad de la mayoría de los líderes sindicales y gremiales que dicen defender a la CSS.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

‘[...] esta institución nació y evolucionó sin poder fortalecer su patrimonio y fondos previsionales [...]'