Temas Especiales

06 de Apr de 2020

Oscar Vargas Velarde

Columnistas

Las concausas de la independencia de Panamá

Aunque queda pendiente la tarea histórica de lograr para siempre la auténtica justicia social, gracias a los Tratados Torrijos - Carter

Al cumplirse los ciento quince años del 3 de Noviembre de 1903, aún persisten en nuestro medio los debates sobre su esencia, dados los criterios que idealizan este hecho histórico y los contrarios que lo tratan con tal rudeza, especialmente a sus personajes, con la consecuente impresión de un repudio de naturaleza inexplicable.

Ni leyenda dorada ni leyenda negra, lo que la juventud panameña necesita es la explicación racional de los motivos y las circunstancias que empujaron a los istmeños de la época para adoptar tan grave y delicada decisión, que nos legó la República de Panamá, en un Istmo donde los hombres públicos del siglo XIX lo denominaban ‘nuestro país', porque, como bien dicen Michael J. La Rosa y Germán Mejía, en su Historia concisa de Colombia, ‘Los panameños jamás sintieron que estuvieran totalmente integrados al ethos nacional colombiano'.

Esta elucidación tiene que acompañarse con el relato de las ingentes luchas del pueblo panameño por erradicar la colonia que los Estados Unidos de América instaló en el centro de la nueva República y la megabase militar en que se convirtió la Zona del Canal. Hoy en día, gracias a esas luchas, cuyo resultado concretó el general Omar Torrijos con el Tratado del Canal de Panamá, negociado con el presidente Jimmy Carter, se desmanteló el enclave colonial, se forzó la salida de los soldados extranjeros del país y se recuperó el Canal. El 9 de Enero de 1964, el 7 de setiembre de 1977 y el 31 de diciembre de 1999 son fechas que están escritas con letras de oro en el calendario de la nacionalidad.

Aunque queda pendiente la tarea histórica de lograr para siempre la auténtica justicia social, gracias a los Tratados Torrijos - Carter, Panamá goza de soberanía efectiva sobre todo el territorio nacional y únicamente la bandera con los colores rojo, azul y blanco, con sus dos estrellas, flamea en el mástil de la patria, pese a los serios desafíos derivados de los ‘acuerdos de ejecución simplificada' celebrados por el Gobierno con los Estados Unidos, después de la intervención militar en 1989, a todas luces inconstitucionales, sobre el patrullaje ‘conjunto' de nuestro mar territorial o del acuerdo celebrado por la Autoridad del Canal, con agencias del Gobierno estadounidense, en materia de seguridad, como si fuese una entidad soberana y también sin aprobación legislativa.

La Secesión de Panamá de la República Colombia, ocurrida setenta años después de las separaciones de Venezuela y Ecuador, obedece —ha mencionado el historiador Armando Muñoz Pinzón— a las causas panameña, estadounidense, francesa y colombiana. En efecto, esto es así, porque fueron cuatro factores concomitantes los que dieron origen al acontecimiento y ellos deben exponerse para comprender cabalmente el panorama completo de la situación. En efecto, el 3 de Noviembre de 1903 fue el resultado de la audacia panameña, la ambición estadounidense, la codicia francesa y la miopía colombiana.

La audacia panameña porque los intereses comerciales de los conservadores istmeños, que luego de la situación catastrófica del Istmo, tras la Guerra de los Mil Días, vieron en peligro su propia supervivencia económica con el rechazo del Tratado Herrán - Hay, se conjugaron con los intereses políticos de los liberales cansados de los atropellos reiterados, de la imposibilidad del libre juego de las ideas, de la privación de elecciones democráticas y de la lejanía del poder, anomalías que se extendían por dieciocho largos años.

Si bien es cierto que el dirigente liberal Carlos A. Mendoza, durante la discusión del Tratado Herrán - Hay, calificaba a los conservadores de ‘negociantes', con su óptica limitada ‘a los intereses materiales y de los provechos inmediatos en sus propiedades, o en su comercio, o en sus relaciones sociales', que les serían procurados ‘si se ejecutan los trabajos del canal con mucho dinero', no menos cierto es que él, el doctor Eusebio A. Morales y otros liberales, se articularon a favor de la causa del Tratado desde que ocurrió el exabrupto del ejército colombiano, por órdenes del general José Vásquez Cobo, el cual arremetió contra el periódico liberal El Lápiz, le destrozó su imprenta, y agredió a su director, José Sacrovir Mendoza, y a sus trabajadores. Esta fue la represalia contra el periódico que había publicado los detalles del injusto fusilamiento del general Victoriano Lorenzo, provenientes de la prensa de Bogotá, así como los cargos formulados a los militares que formaron parte del Consejo de Guerra. En más, subyacía también en la mente de los entorchados la divulgación de las iniquidades cometidas en las distintas regiones del Istmo contra los liberales que habían depuesto las armas empuñadas en dicha guerra civil.

Pero los liberales fueron más allá, los panameños tenían ‘la aspiración muy natural de mandar en su casa', indicaba el doctor Mendoza; y por eso dichos liberales contribuyeron a la Separación sin duda ni reticencias. El Cabildo Abierto del 4 de Noviembre de 1903, celebrado en la ciudad de Panamá e inspirado en la mejor tradición de los cabildos americanos independentistas, ratificó tal pretensión legítima de los istmeños.

La ambición estadounidense, encarnada por el presidente Theodore Roosevelt, en construir el Canal ístmico que con el paso de buques de carga o pasajeros le permitiría a esa nación lograr la expansión significativa de sus actividades comerciales y le facilitaría la interconexión entre la costa este y la costa oeste de los Estados Unidos de América, así como incrementar su poderío militar con el tránsito expedito de los buques de guerra de un océano al otro. Y, con esos objetivos, ‘ellos —decía el escritor José María Vargas Vila— a ese Istmo noble y bueno traicionaron, despojaron de sus tierras, le quitaron una zona enorme y rica, y la hicieron tierra suya, y clavaron sobre ella su bandera desleal'.

La codicia francesa, personificada por Felipe Bunau Varilla y reunida en los dueños de las acciones de la Nueva Compañía del Canal de Panamá, la sucesora de la Compañía Universal del Canal de Panamá, desesperados por recuperar como fuera parte de su inversión ante el fracaso en el intento de construir la ruta interoceánica por el Istmo, llevando a la quiebra de miles de accionistas, provocando la caída del Gobierno en esa nación y lastimando el honor del pueblo francés.

La miopía colombiana porque con la supresión del régimen federal, que había prosperado por treinta años en el Istmo y la incuria de la Regeneración con respecto a los panameños, obnubiló a los gobernantes de la República de Colombia y les impidió advertir el rumbo de los intereses de los conspiradores conservadores a los que se sumaron los sentimientos de prestantes figuras liberales, afligidos por el crimen cometido en la persona del general Lorenzo, los notorios desafueros contra sus copartidarios y el asalto injustificable a la prensa opositora. Sin embargo, no cabe la menor duda de que el rechazo del Tratado Herrán - Hay por el Senado colombiano fue la mecha que prendió la idea de la separación definitiva de Panamá de la República de Colombia, Estado al que se había unido voluntariamente en 1821, deslumbrados sus próceres por la gloria del Libertador Simón Bolívar. ‘Panamá —expresa el historiador liberal colombiano Rodrigo Llano Isaza— era ‘la joya de la corona', lo más preciado del territorio colombiano, pero no aguantó los errores del Gobierno central establecido en Bogotá', que dominado por los ‘oligarcas bogotanos', ‘tradicionalistas' y ‘miembros de la élite conservadora' —apostillan La Rosa y Mejía— miraba con desdén ‘la cultura, las tradiciones y las afiliaciones políticas de los residentes de las costas'.

Con esta perspectiva deben enfocarse sin complejos las causas concurrentes de la Independencia de Panamá.

EL AUTOR ES EXEMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE PANAMÁ EN COLOMBIA. PROFESOR DE DERECHO EN LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.