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30 de Mar de 2020

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Ramón Fonseca Mora

Columnistas

Pinos, pinos y más pinos

‘Omar Torrijos y algunos de sus colaboradores vieron (los) cerros pelados y tierra ácida [...], y decidieron plantar Pino del Caribe [...]'

Los ecologistas extremos se oponen a la importación de especies vegetales y animales foráneas. Yo estoy en parte de acuerdo. En lo que no concuerdo es en que esta sea una regla rígida y sin excepciones. Al volar sobre Panamá y ver tanto territorio vacío, ni siquiera con ganado vacuno, me vienen ideas a la mente sobre cómo aprovechar tanta tierra. Algunos países, escasos de terrenos, con voluntad y creatividad, y bien dirigidos por Gobiernos que investigan y apoyan, se han convertido en inmensas fábricas de alimentos. Por ejemplo, Holanda, pequeño país de Europa, es una de las potencias mundiales en la exportación agropecuaria. Ya el embajador de Holanda en Panamá, Dirk Janssen (@dirkjanjanssen), nos ha ilustrado con sus numerosos tuits sobre cómo lo hicieron. Aconsejo su lectura detallada. Otro país con terrenos inferiores a los nuestros, Israel, también se ha convertido en motor poderoso de la tecnología y exportaciones agrícolas. ¿Por qué en Panamá no podemos lograr esto, teniendo ya los puertos que lanzarían nuestros productos al mundo entero en forma rápida y eficiente?

En primer lugar, necesitamos estudios, guía y apoyo. Y esto solo lo puede dar un Gobierno visionario, el cual, lamentablemente, poco ha existido. El PIB de la agricultura ha bajado año a año, y está en proporción absurda relacionada al potencial que tenemos. Este estudio debe incluir qué productos podríamos producir con ventajas económicas comparativas, para que puedan competir en un mercado mundial complicado. Segundo, deben existir personas y empresas con conocimiento del tema y ganas de invertir a mediano y largo plazo. Pero los nacionales con estas características se han enfocado y engolosinado en las ganancias relativamente rápidas dadas por el comercio, el sector servicios, incluyendo bancos, y la construcción, entre otros. Un Gobierno inteligente supliría esta carencia, tratando de atraer a Panamá empresas dedicadas a la fabricación de alimentos, para que llenen este hueco hondo que tenemos.

¿Y por qué los pinos? Quiero terminar este artículo dando un ejemplo —hay muchos otros— de un producto que podríamos producir en cantidad y de manera muy rentable, impactando a casi todo el territorio nacional. Ya panameños visionarios comprendieron esto durante la época de la dictadura. Omar Torrijos y algunos de sus colaboradores vieron la enorme cantidad de cerros pelados y tierra ácida y poco amigable que tenemos, y decidieron plantar Pino del Caribe (Pinus caribaea). Esta especie no es extraña a nuestras tierras. Crece de forma natural en los bosques de Centroamérica, teniendo una densidad alta en Honduras, por ejemplo. Plantaron parcelas experimentales en todo el territorio nacional. Hoy, podemos ver en casi todas las provincias enjambres de esta especie, que encontraron en suelos que sirven para pocas cosas más un ambiente ideal para lanzar sus ramas y troncos hacia el cielo.

Atraído desde siempre por este experimento exitoso, al que nadie le dio continuidad, en la Administración de Mireya Moscoso dediqué unos días de uno de mis viajes de negocio promoviendo a Panamá para visitar Nueva Zelandia, en donde un experimento similar había tenido resultados sorprendentes. El Gobierno de este país, en los años treinta del siglo pasado, decidió importar Pino Radiata de California para proteger sus bosques naturales. Incentivaron la siembra entre sus agricultores, y hoy alrededor del 13 % del PIB del país proviene de esta especie. Lo venden en chips a molinos de papel; aserrado en tablas, y hasta convertido en muebles. Todo esto de un árbol que no existía en esa isla y gracias a la visión de Gobiernos que le dieron continuidad. En otro viaje llevé muestras de chips de Pino del Caribe a un molino de papel en Oregón, EUA, y enseguida me pusieron un pedido de diez barcazas para experimentar. Resulta que es de mejor calidad que el Radiata y otros, y crece de tres a cuatro veces más rápido. Por supuesto, ni la primera de las diez barcazas llegó cuando uno de sus técnicos al que invité me dijo que tendríamos que cortar casi todos los bosques de pinos existentes para llenar las diez bodegas. Entusiasmado por este mercado potencial para un producto que podría crecer rápido en nuestras tierras casi inutilizadas, traté de entusiasmar al Gobierno, sin resultados.

Hoy, las plantaciones de Torrijos languidecen bajo Gobiernos poco proactivos en este tema. No son abonadas o raleadas. Las aprovechan pequeños aserraderos que las explotan muy poco bajo la supervisión de MiAmbiente. Cada vez que transito entre ellas, me da dolor el saber que nadie nunca continuó este experimento promisorio, y que si hubiéramos llenado las áreas peladas de nuestro país de este árbol, habría más empleos y riqueza en Panamá, y principalmente en áreas remotas y olvidadas. También habría más venados, pájaros, insectos, jabalís, conejos, y muchos otros animales que viven entre los densos arbustos que llenan el espacio entre los troncos, y quebradas y riachuelos protegidos por una cubierta vegetal que crece exuberante en donde antes no había nada. Quizás no sea tarde y un Gobierno futuro, que tenga las luces largas, retome este proyecto y nos convierta en un país con una industria forestal que nos dé ganancias a todos.

ABOGADO Y ESCRITOR.

‘Quizás no sea tarde y un Gobierno futuro, que tenga las luces largas, retome este proyecto y nos convierta en un país con una industria forestal que nos dé ganancias a todos'