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18 de Oct de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Patadas y violencia

La violencia en los humanos, a diferencia del resto de los seres vivos, se manifiesta como una serie de conductas o actos agresivos

La violencia en los humanos, a diferencia del resto de los seres vivos, se manifiesta como una serie de conductas o actos agresivos que pueden dirigirse al propio individuo, contra otras personas, grupos y hasta entidades. Tiene además la cualidad de expresarse de distintas formas; no solo se concreta físicamente, sino también de manera psicológica y termina con efectos visibles sobre la víctima o el sujeto que recibe tal acometida.

Los registros estadísticos acerca de la violencia en Panamá exponen los perfiles que ella adquiere, así como el ritmo que presenta en cada periodo anual y que tienden a mantener su nivel. Hasta noviembre de 2018 se han cometido unos 409 homicidios en el país; casi la misma cantidad que en todo el año anterior. Quiere decir que probablemente se terminará esta vigencia con cifras algo más altas que en 2017, cuando hubo 412 casos.

En otro campo y que se relaciona con el orden jurídico, familiar y el estado civil, hay en los primeros 11 meses de este año 17 206 delitos; un poco menos que en 2017 cuando se presentaron ante las autoridades respectivas, 18 267. Solamente, los de violencia familiar alcanzan a 14 265. Unas 2519 manifestaciones, un 13.8 %, corresponden a maltratos al niño, niña o adolescente.

Habría que analizar al interno de la sociedad y la familia para definir las causas o los detonantes que generan tal clima de desasosiego. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) afirma sobre esto, que ‘la crisis financiera podría agravar los factores que exacerban la violencia juvenil en América Latina, en la medida que provoque un incremento del desempleo juvenil y mayor frustración de expectativas de movilidad social de jóvenes'.

Pero es algo que va más allá de estas consideraciones relacionadas con las finanzas y el estado de pobreza en que viven las familias. Es necesario preguntarse ¿cómo ha sido el entorno en que ha vivido la persona y las dimensiones morales de su existencia? Por lo general, el individuo se ve sumergido en los avatares de la vida y su propia personalidad es la que le brinda las herramientas para comprender qué es lo que tiene frente a sí.

Albert Camus exponía en algunos de sus libros, como El extranjero, El mito de Sísifo y el drama teatral Los justos que la persona adquiere un conocimiento sobre la vida y a veces no la descifra o explica y que esto le genera un grado de insatisfacción, incomprensión o lejanía y empieza a forjar una conducta de agresividad que responde al estado de enfrentarse a su propia circunstancia. Es violento entonces contra sí mismo o hacia los otros.

Hay una forma de actuación belicosa que tiene lugar en la vida cotidiana. Hace poco, redes sociales hicieron público el caso del hombre que enfrentaba a una dama, quien esgrimía un leño en una riña casual por asuntos de tránsito vial. El individuo le dio una patada y la hizo perder el conocimiento; mientras los acompañantes de él, casi destruyeron el auto.

Hay múltiples situaciones semejantes en las tiendas de abarrotes, las aceras, en filas de diversos servicios, para tomar el autobús. Alguien se pasa una línea u obstruye un espacio y otros se sienten agraviados y reaccionan con desmesura. El lenguaje procaz; el manoteo y el deseo mecánico de responder para no dejarse ‘joder', son dinámicas donde planteaba Camus ‘… cada uno justifica sus propias acciones señalando los crímenes de sus adversarios…'.

No es un manojo de expedientes que deben quedar escondidos en despachos de autoridades locales. Se trata de conductas que requieren ser seguidas, analizadas para construir modelos psicosociales de convivencia pacífica que reduzcan ese enfoque sesgado de ver la realidad y que nos pone a todos en peligro.

PERIODISTA