La Estrella de Panamá
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13 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Un discurso desafortunado

‘Del discurso del mandatario se desprende una extraña manera de concebir las formas de razonamiento de (la) comunidad nacional [...]'

El canto ha sido el mismo, pero, en lugar de lagos y remansos, ha hecho pensar en deslizamientos de tierras y derrumbes. Sobre todo, porque el país amaneció con una Asamblea cercada por hombres armados. ¿Cuál sería el mensaje del presidente?

Ante diputados, cuerpo diplomático, ministros y magistrados, entre otros, Juan Carlos Varela habló de una inversión social de 21 mil millones de dólares de la que, sin dudas, quedaron por fuera las pensiones de los jubilados, los 58 dólares de la canasta básica, los medicamentos de la Caja del Seguro Social, las inversiones básicas del sector agropecuario y un inexplicable incremento el desempleo.

El mandatario volvió a hablar de ‘Techos de Esperanzas', como quien aborda una melodía pasada de moda. El primer semestre de 2018 el ex ministro de Vivienda Mario Etchelecu habló de 92 mil unidades en todo el país, pero un examen de ‘Panamá Check' de Canal 13 reveló que las cifras de su propia institución indicaban que hasta ese momento esa entidad solo había entregado 20 mil 417 unidades.

Hubiese sido bueno que en su intervención ante el Parlamento el presidente Varela hubiera absuelto las dudas y la confusión indicando cuántas casas fueron entregadas, de las 100 mil comprometidas.

También habló de la inversión extranjera. De 20 mil millones de dólares, aunque las cifras de la Contraloría General indican que tal inversión cayó un cuatro por ciento en 2015, y aun cuando repuntó en 2016 y 2017, volvió a caer un 16. 6 por ciento en agosto 2018. ( La Estrella de Panamá , 2 de agosto de 2018).

En septiembre del año que acaba de concluir, Capital Financiero reportó que, al cierre del primer semestre de 2018, la inversión extranjera en Panamá había caído en un 13.2 por ciento.

En otra parte de su intervención hizo referencia al tema de la justicia y la seguridad, dejando una sensación de hilaridad, una especie de tomadura de pelo. ¿Se puede hablar de respeto a la justicia, cuando es abiertamente conocida la selectividad con que la misma ha sido aplicada en el último quinquenio?

¡Qué difícil resulta compartir con el presidente la satisfacción y la tranquilidad que intentó transmitir al país! No solo por el cordón de uniformados, sino por el contraste entre su descripción de logros y la realidad nacional con productores protestando, otros siendo desalojados de Barú y jubilados agredidos por unidades del orden público. El último discurso de Varela se ha parecido mucho a una voz montada sobre un revolver defendiendo la impunidad.

Todavía la sociedad se sigue preguntando ¿por qué una empresa abiertamente señalada como corrupta, censurada en otras naciones, donde altos funcionarios han sido sancionados, sigue actuando en Panamá con total libertad, mientras que a una local se le abandonó a su suerte sin que una acusación foránea mostrara una sola evidencia en su contra? ¿Cuál es el mensaje señor presidente?

Lo sobresaliente de la intervención del presidente fue sin embargo ese ardid burlesco de la propuesta-consulta para que, a través de una quinta papeleta, el pueblo determine, supuestamente, si quiere o no la constituyente.

En tres meses (febrero, marzo y abril) el presidente Varela parece pretender resolver lo que no abordó en 54 meses de Gobierno. ¿Puede percibirse en ese acto algún matiz de responsabilidad? ¿Es la reforma a la Constitución algo tan elemental que pueda ser abordado de esa manera?

Lo mas lamentable es el trasfondo antidemocrático de la nota que ha dirigido a los magistrados del Tribunal Electoral para proceder con la consulta: ‘mediante decreto ejecutivo, Resolución del Consejo de Gabinete o resolución del Consejo de Gabinete en base a una Ley aprobada con anterioridad'.

¿Quién le habrá dicho al presidente Varela que el Órgano Ejecutivo por sí solo puede impulsar una constituyente? ¿No es eso una transgresión a la Carta Magna?

Del discurso del mandatario se desprende una extraña manera de concebir las formas de razonamiento de una comunidad nacional que, sin equívocos, puso pocas esperanzas en el último informe del presidente.

Varela parece pensar muy mal del pueblo panameño, de su capacidad y de su intelecto. Parece confundir la paciencia y la educación, con una falta de discernimiento. De otra manera, no se explica este afán por presentar el rostro de un país que nadie conoce.

Desafortunado, por decir lo menos, ha sido el discurso del presidente Varela, que no parece percatarse de que para su Gobierno ha concluido la hora de la maniobra, del ardid sutil o abierto, habiendo malgastado un capital político que pudo dejarle grandes ganancias para la posteridad. ¡Qué lástima!

PERIODISTA