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18 de Oct de 2019

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Panamá, ¿país del primer mundo o del tercero?

Los servidores públicos, por ejemplo, en Panamá, son de los que más días libres disfrutan en relación con las otras naciones latinoamericanas

Muchos políticos con gran demagogia y, alejados de la realidad, han dicho repetidas veces que Panamá está muy cerca de convertirse en un país del primer mundo; otros, con más prudencia, manifiestan que nuestra nación, que es muy chica, con algo más de cuatro millones de habitantes, supera en crecimiento a todos los países del área y están, también, de acuerdo en que vamos por buen camino para convertir a Panamá en un país moderno. Ninguno dice, por supuesto, que nuestra nación tiene un altísimo nivel de desempleo (más del 6 %) y que el trabajo informal va en aumento.

Los servidores públicos, por ejemplo, en Panamá, son de los que más días libres disfrutan en relación con las otras naciones latinoamericanas. El mes de noviembre es el que menos se trabaja (17 días) y el que más se labora es el de octubre (23 días); enero (20), febrero (23), marzo (19), abril (21), mayo (21), junio (20), julio (23), agosto (22), septiembre (21), octubre (23), noviembre (17), diciembre (21). Estas cifras corresponden al presente año y pueden variar si el presente Gobierno y el que viene no conceden otros días libres. El Consejo de Seguridad tiene otros días de descanso, se sabe, a pesar del secretismo, que hay estamentos del mismo que solo laboran 16 días al mes; es decir, por cada día de trabajo tienen uno libre. Esto tampoco favorece que el país llegue a ser uno del ‘primer mundo'.

Los indicadores económicos no oficiales indican que el PIB no debe ser mayor del 4.6 % al final del año. Hay algunos organismos, como Cepal y el propio Ministerio de Economía, que estiman que Panamá tendrá un crecimiento mayor del 5.5 %; de cumplirse estas cifras, esto sería muy saludable para el país, aunque es muy difícil pensar que en una economía tan contraída como la nuestra, se pueda incrementar la empleomanía.

Existen algunos optimistas que consideran que la construcción podría incrementarse, al igual que el agro y el turismo que son todos ellos grandes fuentes de empleo. Sin embargo, para poder llevar a cabo todo esto, se necesita tener un plan muy bien elaborado que promueva las medidas necesarias para lograr estos objetivos. Lamentablemente no vemos la intención de laborar estos planes. El Gobierno, al parecer, tiene otros objetivos.

Las obras de cierta magnitud, como la Línea Tercera del Metro, las adiciones al aeropuerto de Tocumen y la nueva industria minera, así como otros proyectos que adelanta el Ejecutivo de ‘llave en mano', mejorarán indudablemente, en forma temporal, las fuentes de trabajo.

El nuevo Gobierno que triunfe en las elecciones del 5 de mayo, tendrá que hacer muchos recortes en la planilla estatal, especialmente en el número muy elevado de asesores; también tendrá que aumentar, aunque no lo quiera, los impuestos, y deberá renegociar rápidamente la altísima deuda que tiene el país. El nuevo mandatario contará con muy poco dinero para hacerle frente a todos estos compromisos que deja el Gobierno anterior, caracterizado por su populismo.

Tomando todo esto en cuenta es mucho más realista afirmar que estamos muy lejos de convertir a nuestro país en uno de ‘primer mundo'. Las naciones se engrandecen con trabajo, mucho trabajo, y además con grandes sacrificios. En la actualidad, ni el Gobierno ni la sociedad entera tienen o dan muestras de sacrificios que se requieren para que un país pueda llegar a ser uno del ‘primer mundo'.

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