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18 de Oct de 2019

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Ramón Fonseca Mora

Columnistas

No todos se marean con las mieles del Poder

En un país como Panamá, en donde pululan las garrapatas deseosas de morder las pieles del Poder apenas pasan cerca de ellas

En un país como Panamá, en donde pululan las garrapatas deseosas de morder las pieles del Poder apenas pasan cerca de ellas y así extraer lo que puedan de la sangre del Estado para engordar, es lógico que nos hayamos vuelto cínicos en relación a las personas que vemos tratar de que sean elegidos en cargos públicos, ya sea por votación o por dedo. Y que aquellos que sí tengan vocación de servicio público se aparten espantados de la tragicomedia nacional que llamamos Política. Pero, gracias a Dios, no todo el tiempo sucede así. Y, para demostrarlo, voy a utilizar un ejemplo histórico; ya que más vale una imagen que mil palabras teóricas.

El ejemplo que deseo utilizar es el del general José de San Martín, Prócer de la Independencia de América del Sur. Liberó Argentina y con su ejército atravesó la Cordillera de los Andes y liberó Chile. Luego atacó al centro de poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, y declaró la independencia del Perú en 1821.

Muchas veces aparecen frases suyas en Twitter, y no creo que nunca he dejado re tuitearlas. Son profundas y sabias. La que más recuerdo es:

‘La Soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres

Infelices mortales que se encuentran de golpe con una

Miserable cuota de poder'.

¡Miren a su alrededor! Sucede en todas partes, no solo en el Gobierno. También en la empresa privada, cooperativas, familias y hasta ONG. El Poder es como el chirrisco. Si no sabes tomarlo como se debe —en pequeños sorbos— te va a mandar a la hamaca por varios días. No quiero seguir comentando sobre esta frase. Creo que casi todos comprendemos lo que quiso decir San Martín al escribirla, y yo al repetirla.

Otras de sus frases famosas:

‘La calumnia, como todos los crímenes, no es sino la obra de

La ignorancia y del discernimiento pervertido'.

‘La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien'.

‘Mi objeto desde la Revolución no ha sido otro que el bien

Y felicidad de nuestra Patria y al mismo tiempo el

Decoro de su Administración'.

Pero lo que quiero resaltar en este artículo es que San Martín, que venía con sus fuerzas del sur, se reunió con Bolívar en Guayaquil, quien peleaba desde el norte. Semanas antes, San Martín había rechazado el ofrecimiento del primer Congreso peruano de darle ‘poderes dictatoriales'. Y, al reunirse con Bolívar, le cedió a este el mando de su ejército y partió de regreso al sur. Ya había comenzado la serruchadera entre notables criollos por el Poder, la mayoría de los que nunca participaron en ninguna batalla, y pienso que San Martín, una vez conseguido su objetivo, decidió no participar en la repartición. ¡Imagínense ustedes! Un general victorioso al mando de un fuerte ejército, le cede su espada a otro general igualmente victorioso. ¿Qué pasó por su mente? No lo sé. Quizás comprendió que la Revolución no podía tener dos cabezas, o que su bienestar y prestigio personal estaban por encima de todo. Quizás quiso ahorrarse esas luchas por el Poder que sufrió Bolívar después, cuando las élites de cada ciudad de su Gran Colombia se pelearon entre ellas y con sus vecinos, mandando al Libertador a un exilio angustioso y cruel, en cuya ruta falleció.

Tres frases de San Martín quizás puedan darnos la pista del porqué de su actuar:

‘No esperemos recompensas de nuestras fatigas y desvelos'.

‘Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles. Mi edad

Mediana al de la Patria. Creo que me he ganado mi vejez'.

‘Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas'.

Esta actitud de este gran Libertador no es lo usual en líderes. ¿Qué hubieran hecho ustedes si, después de tantas batallas escuchando el silbido de las balas pasando cerca de sus cabezas; atravesando la enorme Cordillera de los Andes, de enorme altura y fríos terribles, y estando al mando de un enorme ejercito estuvieran en primera fila en la mesa de reparto del pastel? La actitud de cualquiera que se esfuerza por ‘llegar a la papa' sería la de tratar de atragantarse. Pero, gracias a Dios, hay gran parte de la Humanidad que hubiera imitado a San Martín. Si miramos con detalle a nuestro alrededor podemos encontrar miles de funcionarios que ejercen sus cargos con eficiencia y sentido del servicio. Y muchos hombres y mujeres de bien que cumplen con sus trabajos. Lamentablemente, ellos no hacen noticias. Estas son publicadas principalmente por aquellos que cada cinco años adquieren puesto de mando y jurisdicción con el propósito de lucrar de ‘las mieles del Poder'. Nuestro sistema político está diseñado para que sean ese tipo de individuos los que entren al ruedo electoral, triunfen y después nombren a sus amigotes, aliados y seguidores en puestos claves.

¡Pero esto tiene que cambiar! Ya creo que todos estamos claros de la necesidad de una Constituyente que rectifique esta situación, por lo que no me adentraré en el tema. Solo voy a mencionar, dos casos a título de ejemplo, que deben ser cambiados urgentemente. El primero es la manera como escogemos a nuestros magistrados y procuradores. Hay que establecer un sistema en el que estos honorables sean elegidos de hombres y mujeres con larga experiencia y carrera en la rama Judicial y que tengan el buen nombre de ser personas ilustradas, sanas, honestas y sin agendas personales. Deberían ser nombradas cuando tengan ya sus cabellos canos —no menos de 60 años— y hayan desaparecido ya de sus vidas las obligaciones familiares y las ambiciones típicas de edades más jóvenes. En segundo lugar, por supuesto, debemos tener diputados dedicados a aprobar leyes de la República, no representantes de corregimiento ‘glorificados' que algunos acceden al poder ya todos sabemos cómo. No deben ser muy numerosos —no más de 30—, y se les debe prohibir toda actividad social, deportiva o benéfica. Además, se debe abandonar el antiguo sistema de elección por circuitos, que favorece el clientelismo y el juegavivo, y sustituirlo por diputados provinciales o, mejor aún, nacionales.

Soy de los que veo el vaso ‘medio lleno' y no ‘medio vacío'. Hemos avanzado mucho desde que todos los nombramientos eran hechos desde los cuarteles de la avenida A. Pero debemos seguir avanzando y perfeccionando nuestra Democracia, atrayendo al Poder a hombres y mujeres con vocación pública, como el general San Martín, que no deseen solo saborear sus mieles.

ESCRITOR